“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




martes, 22 de noviembre de 2011

Pequeñas grandes maravillas






CRÍTICA TEATRO

Con “Ito, teatro para bebés”, el grupo Vamos Que Nos Vamos, que dirige Carla Rodríguez, concreta una propuesta en la que, desde el campo de lo lúdico, se manifiesta a favor de la simpleza y la emoción


ITO, TEATRO PARA BEBÉS
Dramaturgia y dirección:
Carla Rodríguez
Actúan: Laura Carassai, María Soledad Galván
Objetos:
La Querida Crochet
Música Original:
Esteban Sesso
Sala:
La Manzana

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 22 de noviembre de 2011)

Un bebé, muchos bebés, muchos objetos en un espacio lúdico, dos magníficas actrices-titiriteras y manipuladoras de objetos (Laura Carassai y María Soledad Galván) y la perfecta invitación al juego, a esa instancia primitiva en la que el cuerpo pone en primer plano los sentidos por encima de todo lo demás.
Ito, teatro para bebés, uno de los pocos espectáculos de producción independiente local que puede jactarse de haber concretado una temporada exitosa (se presentó desde junio hasta hace pocos días, todos los sábados en La Manzana, incluso en algunos casos con dos funciones, y prepara su regreso), ofrece la posibilidad de acercarse a un universo narrativo que más allá de su simpleza se vuelve sencillamente maravilloso.
Partiendo de la idea de concretar una propuesta para bebés de 0 a 3 años, y luego de trabajar de modo “empírico” con su pequeño hijo Teo en el proceso creativo (desde sus 6 meses a los 2 años, y ahora con el título de “codirector”), la actriz y directora Carla Rodríguez, quien lleva adelante desde hace una década el grupo de teatro infantil Vamos Que Nos Vamos, concretó una propuesta en la que lo instintivo e intuitivo es superador de todo prejuicio, en su devenir por contar la historia de cómo un pequeño gusano de nombre Ito se transforma en una colorida mariposa, dejando a su paso una estela de mensajes positivos tales como el compañerismo, la curiosidad creativa y, sobre todo, el respeto y el amor por la naturaleza.
Con sonidos de pájaros, la naturaleza se vuelve profusa aunque no se ve, en un territorio habitado por personajes reconocibles más allá de su recreación específica: la lana que arma la trama colorida de sus cuerpos (irresistiblemente bellos los muñecos de La Querida Crochet) urde un juego en el que los colores y las formas toman partido por la fábula.
Poco después que la propia directora pide a los papás que “confíen sus bebés” (de hecho, el espectáculo está pensado para ellos), la máquina teatral se pone en marcha. Así, el gusanito en cuestión, curioso por conocer el mundo, verá cómo días y noches se sucederán frente a la mirada impávida de los singularísimos espectadores, en un territorio en el que no faltarán un árbol desafiante al que habrá que ascender, nocturnas luciérnagas, el gallo que canta en la mañana, las inefables vaquitas de San Antonio, la Hormiguita Viajera, el simpático Grillo Cantor y hasta un ralentado caracol.
De cualquier modo, el misterio de todos los bichos del jardín, tendrá su climax con la consagración de lo mágico: el gusano convertido en mariposa, en medio de una lluvia de nubes y de la irrupción del momento más lúdico, cuando los convidados pasarán a ser protagonistas “invadiendo” con fruición el “anhelado y contemplado” espacio escénico, en medio de montañas de almohadones convertidos en nubes y de la complicidad de la lluvia y el arco iris, en uno de los momentos más mágicos de toda la propuesta, dada su simpleza y profundidad.
Sucede que más allá del trabajo con los niños, Ito, teatro para bebés es, también, un redescubrir del mundo de los juegos para los padres, que atentos a lo placentero que resulta el costado más performático del espectáculo, se involucran poniéndole el cuerpo y participando, en medio de canciones (la música original fue compuesta por Esteban Sesso) que invitan al juego y a la simple diversión.
Pero por encima de todo, el espectáculo revela como gran aporte la búsqueda y creación de un público, acercando a los más pequeños al teatro, una tarea que desde el campo de lo lúdico se vuelve toda una revelación.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Acerca de la ingratitud de los hijos con el padre



RICARDO ARIAS ESTRENA ESTA NOCHE, A LAS 22 EN LA NAVE, “LAS HIJAS DEL REY LEAR”

Publicado en El Ciudadano & la gente, en su eidición en papel del viernes 18 de noviembre de 2011
Tras montar La tragedia de Ricardo III, basada en el texto clásico de Shakespeare (Ricardo III), que se presentó a lo largo de dos temporadas en la ciudad, el actor, director y docente Ricardo Arias estrenará esta noche, a las 22, en la sala La Nave (San Lorenzo 1383), al frente de un elenco concertado, una versión de otra de las tragedias del Bardo, Rey Lear, que bajo el título Las hijas del Rey Lear hará foco en el vínculo de las míticas hijas del legendario personaje y sus temas principales: el desapego de los hijos para con los padres, la vejez y hasta la locura.
Con las actuaciones de las talentosas actrices Vilma Echeverría, Silvia Ferrari, Elena Guillén y Claudia Schujman, y el regreso a los escenarios del reconocido actor rosarino David Edery, quien en 2010 volvió a la dirección con una versión de Sacco y Vanzetti, la puesta ofrecerá una nueva función (las únicas del año, al menos por el momento) el próximo viernes 25, en el mismo horario.
Arias, quien desde sus comienzos en el teatro independiente local ya mostró un interés especial por la obra del autor inglés (se recuerda su versión de Macbeth estrenada en los 90 al frente del grupo La Cicuta), reflexiona sobre Rey Lear: “Shakespeare nos interpela, nos pone a prueba, nos confronta con nuestras capacidades, nuestra soberbia y nuestras creencias. Muchos especialistas
sostienen que Rey Lear es una obra irrealizable, imposible de escenificar, y allí está el gran reto: versionamos porque no podemos hacer otra cosa, tiene algo de sacrílego intentarlo y también de sagrado, y no sabemos si podremos aun mientras lo intentamos”.
Y agrega respecto de su trabajo: “Por todo esto, la versión de Rey Lear que montamos en primera instancia implica la vulgarización del otro Rey Lear, el shakesperiano. Nuestro Lear deja de ser Rey y puede ser nuestro padre-rey, nuestro abuelo-rey o nosotros mismos en el fin de nuestros días intentando saldar cuentas con la vida. Desear una buena muerte conduce a Lear al peor de los destinos al «destino trágico». Querer prevenir futuras discordias, las precipita y lo más temido sucede. Así, desterrado en su propio reino, se convierte en lo que siempre fue: sólo un hombre”.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Delirio erotomaníaco de una costurera



TEATRO. La actriz rosarina María Caila protagoniza el unipersonal de humor “Queridísimo Bernardo”, en el que ironiza acerca de la particular figura de Bernardo Neustadt, que se presenta los sábados, a las 22, en la sala Caras y Caretas, de Corrientes al 1500


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del miércoles 16 de noviembre de 2011)
Desde que el mundo es mundo, la información representó poder, y su manipulación, un peligro latente. Figura detestable y representativa de los peores “logros” del menemato, el periodista y operador político Bernardo Neustadt, ése mismo que tantas veces convenció a Doña Rosa de que lo mejor que podía pasarle a los argentinos era que un peso y un dólar sean la “misma” cosa, sirvió de inspiración para la escritura de Querido Bernardo libro que a su vez fue el disparador para el montaje de Queridísimo Bernardo, título de una propuesta teatral que se presenta los sábados, a partir de las 22, en la sala Caras y Caretas (Corrientes 1518).
Queridísimo Bernardo es un trabajo que devuelve a los escenarios a la talentosa actriz rosarina María Caila, quien a lo largo de su trayectoria integró el recordado grupo De La Acción, que liderara Norberto Campos (fallecido en 2003), a quien la actriz considera su gran maestro.
La pieza relata la historia de Rebeca Rosa, una costurera que, sin importarle lo que digan los demás, “y aunque lo tuviera que pagar con el precio de su vida”, se enamora hasta la locura del inefable Bernardo Neustadt, mentor del ciclo Tiempo nuevo, que por varias temporadas se vio en la pantalla chica argentina.
Según adelanta el parte de prensa, “se trata de un relato de erotomanía y de los desvelos de una mujer que quiso comprender la mente perversa del periodista Bernardo Neustadt”. Sucede que Queridísimo Bernardo cuestiona un período de la historia reciente, “y desde la intrincada personalidad de Rebeca, invita a una interpelación de circunstancias de la vida política argentina”, en particular la de los años 90. La obra es una adaptación del libro Querido Bernardo, de Claudia Selser, con textos de Lorena Rey Clerembault, bajo la dirección general de Gigí Barúa, con escenografía e iluminación de Osvaldo González Rubio, vestuario de Leo Colonna y gráfica de Maite Dujovne, con la participación como voz en off del actor y humorista Carlos Ragona.
“Esta es una historia de nuestro tiempo, de lo que somos nosotros, del ser argentino. La obra surge a partir de la adaptación de un libro Claudia Selser, Querido Bernardo, quien entre otras cosas escribió en la recordada revista Humor. De hecho, ella fue quien nos autorizó la adaptación, que obviamente toma elementos del libro y otros los ficciona. Claudia hizo un gran trabajo en ese libro, porque es una investigación exhaustiva acerca de las contradicciones de este personaje tan singular, vinculado a los avatares sociopolíticos de nuestra historia reciente”, relató Caila en diálogo con El Ciudadano.
La actriz, que en la obra recrea a una costurera que habita una pensión y que está obsesionada con Bernardo Neustadt, quien murió en 2008 y que, entre otros títulos, lució por varias décadas el de “pionero” del periodismo político en la televisión argentina, detalló acerca del personaje: “En cierta forma, la obra está también ligada a la psiquiatría, porque el del personaje es un caso de delirio erotomaníaco (patología por la cual el afectado está convencido de que otro individuo está enamorado de él), porque esta mujer, Rebeca Rosa, está muy enamorada de Neustadt, y es una mujer feliz, porque en realidad ella justifica a este hombre y su cuestionable accionar, hasta que en un momento sufre una especie de traición que la hace ver las cosas de otro modo. En realidad, el que entabla un diálogo con la posición política de Rebeca es el personaje de Tucho, un amigo de esta mujer que vive en la pieza de arriba de la misma pensión, y que nunca aparece, pero es él quien habla y discute con ella acerca de este personaje. Más allá de todo, por su patología, Rebeca está convencida de que Bernardo sabe de su existencia y de que, finalmente, se tendrá que casar con ella”.
Respecto de la singular patología que padece el personaje, la actriz también detalló: “La erotomanía es una enfermedad en la que las personas se enamoran y obsesionan, generalmente, con personajes famosos, y estas personas están convencidas de que estos personajes vendrán por ellos, le declararán su amor”.
Con relación a los mecanismos de manipulación que supo poner en práctica el tristemente célebre Bernardo Neustadt, Caila analizó: “Yo creo que era un tipo de una gran inteligencia, con un gran manejo del discurso frente a cámara, aunque eso era usado como una mecanismo terriblemente perverso. Como dice el texto de la obra, «hay gente que envenena el alma de los pueblos desde los medios de comunicación», por eso también creo que es un momento del país que es muy interesante para decir estos textos, porque más allá de que se está hablando de un personaje que ya no vive, lo que se dice, lo que se analiza sobre los medios de comunicación, es aplicable a lo que pasa ahora, donde por suerte hay muchas cosas que están saliendo a la luz”.
La actriz habló también acerca de lo que pasa con el público frente al tratamiento de un personaje popularmente conocido: “Se da algo singular, mucha cara de sorpresa y de cierta incomodidad cuando, por ejemplo, se escuchan los dichos de Bernardo, que aparecen a través de un audio grabado por (el imitador y humorista) Carlos Ragona, basado en textos reales dichos por él alguna vez. Pasa lo mismo cuando aparecen proyectadas unas imágenes, y la gente rememora momentos de la historia reciente: da la sensación de que Bernardo Neustadt pasa volando por encima de las cabezas de todos y se esconde debajo de las sillas para quedarse. Porque si bien es un espectáculo de humor, al mismo tiempo, es fuerte lo que pasa con lo que se dice: más allá de la risa, estamos hablando de cosas terribles que nos pasaron hace muy poco tiempo, y es algo que tenemos clavado y enquistado, y que quizás con el humor, lo podamos exorcizar un poco y tenerlo más presente para que no se repita nunca más”.


domingo, 13 de noviembre de 2011

Ojalá que vuelva siempre


CRÓNICA RECITAL

Por Miguel Passarini (publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del lunes 14 de noviembre de 2011)

La utopía, el dolor, la revolución, el desconcierto, la certeza, el amor perdido, el amor encontrado. Todo convive entre simpleza y complejidad en las letras de las canciones de Silvio Rodríguez, trovador cubano nacido el 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de Los Baños, acaso el cantautor iberoamericano dueño de la poética más feroz y encendida, y al mismo tiempo, profunda y evocadora de las últimas tres décadas.

Con los ojos brillosos, seguramente un poco húmedos, y con la convicción de estar delante de un público que valoró verdaderamente su presencia después de una ausencia demasiado larga (hacía 17 años que no se presentaba en Rosario), uno de los mentores de la Nueva Trova Cubana, a poco de cumplir 65 años, pasó el sábado como un rayo de luz por el Hipódromo del Parque Independencia antes unas 8 mil personas, en una noche soñada, en la que regaló a lo largo de tres horas de concierto, todas las canciones, las de antes y las de ahora, en total, alrededor de treinta.

Con su pluma filosa y encendida, Silvio Rodríguez, que el próximo 10 de diciembre actuará en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, donde realizó su primera presentación en público hace 44 años, en lo que se revela como uno de los acontecimientos culturales e históricos del año en la isla, armó para el sábado una bella trama de canciones en el contexto de una puesta simple (austera), al tiempo que trazó en la memoria de la mayoría de los presentes (un público que en promedio iba de los 35 a los 45 años) un puente que unió aquellos primeros años 80, con su desembarco en el país y el recordado disco en vivo de 1984 (grabado junto a Pablo Milanés y varios argentinos invitados), y el presente, en el que la militancia y la efervescencia política que vive la Argentina parece querer reconstruir el sueño de la llamada por entonces “primavera alfonsinista”, en el regreso de la democracia, aunque por suerte, lejos de aquella comprensible e inevitable inocencia.

La velada, que trajo a la memoria fogones y peñas, comenzó puntualmente a las 22, tras el paso de la banda argentina La Surca (soporte en toda la gira), con la presentación del quinteto de músicos (cuerdas, vientos, percusión) que lo acompañó a lo largo de la noche, integrado por el Trío Trovarroco (con el destaque del guitarrista Maikel Elizarde Ruano), la exquisita flautista y clarinetista Niurka González y Oliver Valdés en batería y percusión, que al ritmo del son regaló una primera pieza instrumental para poner en clima la noche.

Un primer puñado de temas, algunos de Segunda cita, su último disco editado en 2010, abrió con el recordado “En el claro de la luna”, casi como un guiño a la iluminada velada que vio cómo desde el horizonte, a la derecha del escenario y a punto de comenzar el concierto, la luna aparecía insinuante para apostarse, inquietante, y quedarse iluminando todo el recorrido de una noche que finalizó pasada la una de la madrugada.

En el primer tramo de un concierto prolijo y sin estridencias, fueron de la partida “Sea señora”, “Carta a Violeta Parra”, ambas de Segunda cita, del mismo modo que “Cuentan”, la bella “Virgen de Occidente”, “De la ausencia y de ti”, “Días y flores” (del disco homónimo de finales de los 80) y “Mariposas” (del disco homónimo de finales de los 90).

Claramente compenetrado con la realidad cambiante y compleja que vive la Cuba actual, Silvio fue hilvanando unas pocas pero precisas palabras que, de un modo u otro, se hicieron canciones. En ese tránsito, el cantautor pidió por la liberación de los cinco cubanos que cumplen condena en los Estados Unidos acusados de supuesto espionaje, del mismo modo que habló de los cambios, algunos “necesarios” que acontecen en la isla, pero bregó por que se sucedan “sin perder la esencia”.

Fue así que el segundo tramo, acaso el de las canciones más políticas, abrió con “Sonrisas de papel”, grabado a fines de los años 70, al que se fueron sumando piezas clave de su cancionero como la “Canción del elegido” y “El mayor”, dedicada a la primera revolución de Cuba, la de fines del siglo XIX, para dar paso a una serie de clásicos integrada por “La gaviota”, “El reparador de sueños”, “Óleo de una mujer con sombrero”, “Escaramujo”, “Quién fuera” y una singular versión de “La maza”.

Conocida su generosidad, Silvio no estuvo solo en su vuelta a Rosario después de tantos años. Poco después del primer set de canciones, presentó a su compatriota, el cantautor Amaury Pérez (emocionado, interpretó tres temas de su autoría y agradeció la oportunidad a su amigo “más talentoso”), y tras el segundo, que terminó con “La maza” sobre la medianoche, los invitados fueron los también cubanos Santiago Feliú y la ascendente cantautora Yusa (ya conocida en la ciudad), para cerrar como un último eslabón de una estirpe de trovadores cubanos de diferentes generaciones, creada por el propio Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, entre otros artistas, a finales de la década del 60.

Poco después de ser distinguido por el Concejo Municipal local como Visitante Ilustre de la ciudad, y ajeno a cualquier discurso formal, el agradecimiento llegó con más canciones. Así, el tercer set, el más compacto y a poco del cierre, abrió con el himno “La era está pariendo un corazón”, para seguir con “El necio” y “Demasiado”, a lo largo de un recorrido que abundó en canciones de todas las épocas.

“Ojalá” fue el tema elegido para el cierre poco antes de los bises (no podía faltar). Un coro bastante afinado repasó su letra marcada a fuego: fueron “la palabra precisa, la sonrisa perfecta”. Silvio miró a la multitud que lo ovacionaba, levantó los brazos y los abrazó a todos, estaba en la ciudad del Che. La emoción fue inevitable: ese hombre de cuerpo pequeño y de presencia irradiante dejó un mensaje de coherencia, todos lo escucharon, nadie quería que se vaya, será porque la coherencia no abunda.

Y entonces, llegó por fin el momento en el que el concierto mutó en ceremonia: el público se quedó de pie, lo más cerca posible del escenario, para que vuelva. Silvio reapareció, cámara en mano, para inmortalizar el momento fotografiando él mismo a los presentes, y acto seguido entonar las inconmensurables “Te doy una canción”, “Pequeña serenata diurna”, “Ángel para un final”, “La gota de rocío”, la enorme (y muy pedida toda la noche) “Playa Girón” y, poco después, con el público decidido a ir por más, llegó el turno de “Paula” mientras algunos abandonaban el predio pletóricos de felicidad.

A esa altura, la despedida ya era inevitable. Todo fue pura belleza y emoción; el tiempo pasó, los 80 pasaron, pero él estuvo allí nuevamente, y ojalá que vuelva siempre.

martes, 8 de noviembre de 2011

De paseo por la diversidad


BALANCE DE LA 8a EDICIÓN DEL FESTIVAL ARGENTINO DE TEATRO

Durante seis jornadas que finalizaron el domingo, se presentaron en la ciudad de Santa Fe once espectáculos de diversos puntos del país. El público, que llenó todas las funciones, fue el gran protagonista

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 8 de noviembre de 2011)
Luego de seis jornadas, finalizó el domingo la 8ª edición del Festival Argentino de Teatro, que anualmente organiza la Universidad Nacional del Litoral (UNL), cuya última noche tiene, año tras año, y como gran protagonista, el esperado estreno de la Comedia de UNL.
De este modo, con el público en primer plano, y tras la presentación de diez propuestas de diferentes puntos del país que fueron vistas por alrededor de 7 mil espectadores en 14 funciones, el cierre estuvo a cargo de La penúltima oportunidad, con dramaturgia y dirección del santafesino Rafael Bruza, y las actuaciones de las reconocidas actrices Cristina Pagnanelli y Silvana Montemurri.
De una programación variada, alejada de producciones recientes y más ligada a la calidad de las propuestas, que en este caso llegaron desde Rosario, Santa Fe, Córdoba, Río Colorado, Mendoza, Buenos Aires y San Juan, se destacaron algunos espectáculos que ya hicieron su recorrido. Tal es el caso de Tercer cuerpo, del director porteño Claudio Tolcachir, en el que el creador, luego del éxito y el reconocimiento que implicó en su carrera la elogiada La omisión de la familia Coleman, volvió a trabajar sobre la idea de superposición de planos tanto espaciales como dramáticos, tomando aquí las historias de cinco personajes que se cruzan en una oficina a punto de ser disuelta.
De este modo, Tercer cuerpo, que lleva como subtítulo “la historia de un intento absurdo”, apela precisamente a elementos del realismo absurdo para hablar del amor y la soledad con una profundidad inusual, y de cómo estas variantes accionan en personajes cuyo verosímil depende en todo momento del talento de un sólido equipo de actores que desde 2008 a la fecha ha recorrido festivales tanto del país como del exterior (se presentó en Chile, Bolivia, Brasil, Cuba, México, Nueva York, España, Francia, Suiza) y ganado varios premios.
También son destacables otros trabajos como Edipo y yo, con dramaturgia y dirección de Edgardo Dib, producción 2010 de la Comedia de la UNL que tuvo a su cargo la apertura del encuentro, del mismo modo que Todo, con dramaturgia y dirección de Rafael Spregelburd (Buenos Aires); Feroz, de Andrea Hernández y Ariel Sampaolesi, también director y protagonista (San Juan); La familia argentina, de Alberto Ure, con dirección de Cristina Banegas (Buenos Aires); Lágrimas y risas, con dramaturgia y dirección de Ernesto Suárez (Mendoza); Mujeres de ojos negros, de Romina Tamburello, con dirección de Paola Chávez (Rosario); Simulacro y fin, con dramaturgia y dirección de Maximiliano Gallo (Córdoba), y una atractiva, festiva y valiosa versión de un clásico: El Lazarillo de Tormes (de sus fortunas y adversidades), con adaptación del rosarino Luis María Fittipaldi y dirección del rosarino radicado en Mendoza Guillermo Troncoso, quien llegó de Río Colorado, donde resplandece el talento y la frescura de los
jóvenes Ramiro Álvarez y Vladimir Klink.
A diferencia de los últimos años, en los que se vieron trabajos realmente valiosos (el estreno 2010 de Edipo y yo, versión del clásico Edipo Rey, de Sófocles, estableció un piso difícil de alcanzar), el siempre esperado estreno de la Comedia de la UNL no estuvo esta vez a la altura de las circunstancias.
Se trató de La penúltima oportunidad, en la que el dramaturgo y director santafesino Rafael Bruza (actualmente radicado en Buenos Aires, y junto con Jorge Ricci uno de los creadores del Equipo Teatro Llanura), apela al humor negro (por momentos algo naif) para contar una historia de dos ánimas que se encuentran en un cementerio. Marta y Juana compartieron vidas y hombres, y en esa última morada verán con desconcierto cómo aquello que creyeron certezas se vuelven, irremediablemente, dudas. Partiendo de un texto que si bien abreva en una idea atractiva, se desvanece, y de una puesta en escena (escenografía, objetos escénicos, vestuario) que compite con la propuesta dramatúrgica al punto de complejizar la tarea de las actrices en varios de los pasajes, se rescata la presencia de Cristina Pagnanelli y Silvana Montemurri, dos grandes de la escena santafesina, que intentan desde el humor y el oficio sostener un texto que no se sostiene por sí mismo como tampoco desde la dirección.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Del drama a lo posdramático





8ª EDICIÓN DEL FESTIVAL ARGENTINO DE TEATRO – SANTA FE 2011

Durante las últimas dos jornadas se presentaron “Feroz”, de San Juan, “Lágrimas y risas”, de Mendoza, y las puestas porteñas “La familia argentina”, y la polémica “Apátrida. Doscientos años y unos meses



Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del sábado 5 de noviembre de 2011)
Con la presentación de cuatro espectáculos, entre ellos el polémico Apátrida. Doscientos años y unos meses, producción porteña con dramaturgia, dirección e interpretación de Rafael Spregelburd, las últimas dos jornadas de la edición 2011 del Festival Argentino de Teatro, que finaliza mañana en la ciudad de Santa Fe, volvieron a tener como gran protagonista al público que colmó desde el comienzo todas las funciones.
Si bien no cabe la posibilidad de hacer un recorte en relación con la propuesta estética de los once espectáculos presentados de martes a domingo, quizás este encuentro sirva para confirmar que en el teatro argentino contemporáneo pueden convivir, más allá de modas, tendencias o copias imperantes, todas las estéticas, y que la identidad de cada provincia se construye a la luz de su historia, que no es otra que la historia de sus creadores, su formación y sus maestros.
Con Feroz, presentada el miércoles, el actor, director y autor sanjuanino Ariel Sampaolesi confirma que no hay un teatro nuevo o viejo, sino que hay teatro bueno o malo. Estrenado en 2003, el espectáculo, de neto corte experimental y con el que el creador recorrió festivales y ciudades tanto del país como del exterior, atraviesa las instancias del universo arltiano, en el que confluyen una serie de personajes femeninos interpretados por el propio Sampaolesi, a partir de los cuales describe una historia siniestra: la de la muerte de Alfonso Mondelli, un comerciante de ramos generales del pueblo Las Perdices, quien literalmente revienta en el depósito de su almacén. Lo encuentra su hermana, la vieja Pepa, quien culpa de la muerte a su cuñada, la “fenomenal, envidiada y peligrosa” María Palombi, personajes que aparecen en el cuento “El gato cocido”, de Roberto Arlt, aunque aquí se jueguen algunas licencias dramáticas en función del abordaje de la puesta en escena, extremadamente perturbadora y resuelta apenas con una caja de telón negro, una puerta de uso múltiple y algunos pocos objetos.
Por otra parte, una vez más, La familia argentina, de Alberto Ure, única obra del extraordinario director estrenada en Rosario y Buenos Aires en 2010, aquí en versión de Cristina Banegas y con las actuaciones de Claudia Cantero, Luis Machín y Carla Crespo, se transformó en el centro de atención de un público que, más allá de los ribetes trágicos que prevalecen en el texto acerca del vínculo íntimo que un padre entabla con la hija de su mujer, y donde se ponen en juego las coordenadas de un país que vendría tras la catástrofe económica de 1989, prefirió quedarse del lado de la comedia, poniendo en valor ciertos pasajes en los cuales lo trágico deriva en lo patético y por lo mismo la risa se vuelve casi un mecanismo de defensa. La familia argentina es la única obra de teatro que escribió Alberto Ure, cuya vigencia acerca de temas como la impunidad, el individualismo y la corrupción se vuelven un cruel espejo de la Argentina que se vivió en la década del 90, y tal como lo define Banegas, visto en el tiempo, “Alberto Ure tiene la intensidad de un Strindberg criollo, o la de un González Castillo del siglo XXI”.
La jornada del jueves se completó con las presentaciones de Lágrima y risas, de Mendoza, y el “singular” trabajo del dramaturgo, director y actor porteño Rafael Spregelburd, Apátrida. Doscientos años y unos meses. Partiendo de una idea dramática, Spregelburd elabora una puesta que responde en cierto modo al llamado teatro posdramático, en el que el distanciamiento
es la clave de una construcción escénica en la que el actor y director se vale del relato (micrófono de por medio) para componer dos personajes, acompañado por un significativo, profuso y por lo menos alternativo universo sonoro creado en vivo por el músico Zypce.
La obra se instala (por decirlo de algún modo) en 1891, y se vale del conflicto desatado entre el pintor argentino Eduardo Schiaffino, quien al frente de un equipo de artistas pretende fundar un movimiento de “arte nacional”, y el crítico español Eugenio Auzón, que lo ataca impiadosamente frente a lo que supone una especie de exabrupto de “buena voluntad”, lo que deriva en un duelo entre ambos, en la Navidad de ese mismo año. Más allá de la enorme parafernalia que Spregelburd monta en escena, de la presencia de un texto interesante, y de la exagerada pretensión de querer sostener los dos personajes al mismo tiempo, el espectáculo, extremadamente distanciado y alejado de toda posibilidad dramática, se vuelve aburrido, repetitivo e inconsistente.

Del exilio y el retorno

Profundamente conmovedor y apelando a los recursos de la narración oral, el actor mendocino Ernesto Suárez regaló en dos funciones de su ya clásico unipersonal Lágrimas y risas un relato agridulce acerca de su propia historia, la de un actor nacido en la marginalidad y la extrema pobreza, que quiso “ser alguien” (como alguna vez le dijo a su madre siendo niño), estudió derecho, fue monaguillo y hasta mozo y vendedor ambulante, pero que un día, casi de casualidad, en una peña en la que, entre otros, estaba la recordada Mercedes Sosa, se subió a un escenario para contar un cuento y no se bajó nunca más.
Si bien en su recorrido, por momentos estremecedor y en otros pasajes divertido y ameno, conviven fragmentos de textos del mendocino Juan Draghi Lucero, del italiano Darío Fo, del mexicano Juan Rulfo y del colombiano Gabriel García Márquez, el valor trascendental del trabajo de Suárezpasa más por el relato en primera persona acerca del exilio, del descubrimiento, en una especie de viaje iniciático gracias a lo que él llama “la beca Videla”, de una Latinoamérica encendida, la de los años 70, la de la más pura militancia que hoy se ve resignificada.
Aferrado a sus convicciones, y de la mano de compañeros entrañables y queridos como su coterráneo Arístides Vargas o la cordobesa María Escudero, creadora de Libre Teatro Libre (LTL), Suárez se va metiendo poco a poco por los intersticios de un viaje que duraría siete años y que implicaría el arribo a su segunda patria, Ecuador, donde creó un grupo de trabajo y un lugar de pertenencia al que siempre vuelve.
Idas y vueltas, doloroso calvario e iluminado recorrido, Suárez cuenta sus fábulas con una verdad infrecuente en escena, con la historia viva que lleva, desde hace más de tres décadas, escrita en el cuerpo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

De regreso a la narración




8a EDICIÓN DEL FESTIVAL ARGENTINO DE TEATRO - SANTA FE 2011

“Edipo y yo”, producción 2010 de la Universidad Nacional del Litoral, que organiza el evento, abrió el martes la programación para dar paso a “Todo”, en la que Rafael Spregelburd trabaja sobre tres “fábulas morales”

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del jueves 3 de noviembre de 2011)

Apelando nuevamente a una programación en la que prevalece la calidad por encima de la cantidad, con la presentación de once espectáculos de diferentes puntos del país a lo largo de seis jornadas, el martes por la noche comenzó la 8ª edición del Festival Argentino de Teatro con dos funciones a sala llena en un día atípico para ir al teatro (al menos en Santa Fe), lo que confirma la consolidación del evento que año a año lleva adelante la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

Luego de su exitoso recorrido por eventos de proyección nacional como la Fiesta Nacional del Teatro realizada en San Juan, o la reciente edición del Festival Internacional de Teatro del Mercosur que tuvo lugar en Córdoba, y previo a su desembarco en la cartelera porteña, Edipo y yo, producción 2010 de la Comedia de la UNL con dirección de Edgardo Dib, fue la encargada de abrir la programación. Basada en Edipo Rey, de Sófocles, con dramaturgia y dirección de Dib (reconocido creador santafesino radicado en Buenos Aires), la puesta muestra a la familia real integrada por Edipo, Yocasta y sus cuatro hijos. Sin embargo, los protagonistas son seis hombres (los talentosos actores Sergio Abbate, Guillermo Frick, Raúl Kreig, Claudio Paz, Marcelo Souza, Rubén Von Der Thusen) que, por momentos distanciados del conflicto, juegan a armar y desarmar la tragedia para correrla todo el tiempo a un registro de comedia.

De este modo, un coro de hombres se presenta ante el público apelando a un play back de una ópera. Son hombres de traje y corbata, son actores que van a representar Edipo Rey de una manera inusual, ingeniosa e irreverente. Son, ante todo, grandes actores que revelan el artificio: una estrategia urdida por el director para contar una tragedia conocida de un modo desconocido, quizás apelando al axioma que asegura que si la tragedia se repite una y otra vez, esa misma repetición deriva en una parodia.

Tal como pasó en 2010 con Edipo y yo, el domingo por la noche, se conocerá la nueva producción de la Comedia de la UNL. Se trata de La penúltima oportunidad, con dramaturgia y dirección del santafesino Rafael Bruza, uno de los creadores del histórico Grupo Teatro Llanura junto con Jorge Ricci, que cuenta con las actuaciones de las talentosas actrices santafesinas Cristina Pagnanelli y Silvana Montemurri.

“Todo” acerca del sujeto

Todo, trabajo con dramaturgia y dirección del creador porteño Rafael Spregelburd al frente de la compañía El Patrón Vázquez, fue la obra elegida para cerrar la primera jornada del Argentino en la histórica sala mayor del Teatro Municipal 1º de Mayo.

Apelando a un registro de actuación puro, en el que prevalece cierta búsqueda del naturalismo al que la escena porteña parece querer regresar después de muchos años en los que el sentido estuvo puesto por fuera de lo narrativo, Spregelburd, que también trae aquí su elogiado espectáculo Apátrida. Doscientos años y unos meses, trabaja a partir de lo que él mismo llama “tres fábulas morales, pero con moraleja incierta”, a través de las cuales se pregunta: “¿Por qué todo Estado deviene burocracia?, ¿Por qué todo arte deviene negocio? y ¿Por qué toda religión deviene superstición?”, interrogantes sobre los cuales arma una trama que devela cierta cotidianeidad y a través de la cual “cruza” personajes y situaciones que parecieran construir un hilo dramático unificador.

En la primera de las fábulas, un grupo de burocratizados empleados públicos ironizan sobre el vacío que los rodea al tiempo que deciden desmantelar y quemar la oficina en la que trabajan, un lugar que está claramente alejado de toda posible trascendencia. Tras cartón, los vicios de lo público de algunos de esos personajes pasarán a una instancia más íntima en la que mostrarán lo que sucede en una Nochebuena con los integrantes de una familia en la que el festejo ha perdido el sentido, del mismo modo que el valor de un supuesto arte.

Para cerrar, otra instancia privada, esta vez la de una familia, mostrará en una noche de tormenta en la que un niño se enferma, cómo el fanatismo y la religión pueden deformar lo real hasta llevarlo a una instancia en la que lo místico se vuelve algo peligroso.

Los talentosos Andrea Garrote, Mónica Raiola, Pablo Seijo, Alberto Suárez y el propio Spregelburd, son los encargados de ponerle el cuerpo a esta singular galería de personajes que a lo largo de dos horas conjugan las variables de un trabajo en el que el director, tomando como disparador el concepto que sostiene que la historia es un “proceso sin sujeto”, se pregunta qué hacen los sujetos con su historia personal.

Más allá de su muy buena performance en la cartelera porteña, Todo se presentó en varios de los festivales europeos más importantes de la escena mundial: FIND IX, de Schaubühne (Berlín, 2009); Transteatral de Praga (2009) y Festival MAD, en el teatro Quirino de Roma (2010).