“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




miércoles, 14 de marzo de 2012

“Quiero recorrer el país y tomar contacto”



NOMBRAMIENTO. El teatrista Guillermo Parodi, nuevo director Ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro, ofrece algunas apreciaciones de lo que será su gestión, a poco de haber asumido, y luego de desempeñarse como Coordinador del Área Teatro del ECuNHi


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del miércoles 14 de marzo de 2012)
En medio de una serie de cuestionamientos, acusaciones y pujas internas que terminaron hace algunas semanas con la renuncia de Raúl Brambilla luego de ocho años de gestión, se conoció el viernes último la noticia del nombramiento de Guillermo Parodi como nuevo director Ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro (INT), organismo que se encuentra dentro de la órbita de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación.
Actor, director, dramaturgo y profesor de actuación, desde 2008, Parodi venía desempeñándose como Coordinador del Área Teatro del Espacio Cultural Nuestros Hijos ECuNHi, de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, que funciona en la ex Esma.
Según se informó desde la oficina de prensa del INT, allí diseñó y gestionó, entre otros, el Proyecto Educativo Bicentenario-ProEBi con su programa “El ECuNHi hace escuela”, y el Festival Nacional de Teatro Celebración.
Parodi, de 44 años, desarrolló su formación actoral en la escuela Andamio 90, dirigida por la recordada Alejandra Boero, y completó sus estudios teatrales en la Escuela de Arte Dramático de la Ciudad de Buenos Aires, en las carreras de Puesta en Escena y Dirección y también de Dramaturgia. Fundador del grupo El Pliegue junto con Carla Llopis, el creador concretó en su seno diversos trabajos como autor, actor y director.
“Hace apenas días que asumí y por el momento estoy tomando contacto y conocimiento con toda la situación del INT, y con las cosas que han estado sucediendo; por supuesto que, como teatrista, estaba al tanto de lo que estaba pasando, dado que soy un hombre de teatro desde hace casi 30 años. De todos modos, una cosa es estar por fuera y conocer lo que pasa desde afuera, y otra es estar adentro y al mando de la gestión”, relató Parodi.
Quien también fuera coordinador de diversos talleres de formación y perfeccionamiento para estudiantes y artistas profesionales, y programador de actividades artísticas dentro del marco de muestras de artes visuales, aseguró: “Lo que puedo decir por el momento es que mi interés está puesto en acercar aún más el INT a la gente que hace teatro, y voy a trabajar denodadamente para eso. Quiero recorrer el país y tomar contacto cara a cara con cada una de las regiones y cada una de las problemáticas que aparecen, teniendo en cuenta que cada región tiene su idiosincrasia, su cultura y su manera de entender el fenómeno teatral”.
Respecto de los alcances que prevé para su gestión, el flamante funcionario se cuestionó: “La pregunta que me hago inicialmente es para qué se creó el INT, y lo que concluyo en mi pensamiento íntimo tiene que ver con entender que el INT se creó para acercar más teatro a la gente, es decir más cultura, sobre todo a mucha gente que no tiene acceso a ese tipo de bienes. Y para eso, hay que darle espacio a los teatristas, a los creadores, facilitar su trabajo y que tengan acceso a la difusión de sus obras, por eso es que sostengo que cada teatrista del país tiene que tener su espacio de desarrollo. Sé que es algo que lleva tiempo, pero mi compromiso es total para que esto suceda, porque yo vengo de ahí: yo he llenado planillas de subsidios, yo hice espectáculos e incluso he recorrido el país con ellos. Y también como coordinador en el ECuNHi he visto de cerca un pantallazo de lo que pasa en las distintas regiones. Por eso creo que una de las claves está en escuchar, hablar, dialogar y poder reflexionar todos juntos”.
Con relación a la implementación de una serie de políticas tendientes a acercar las problemáticas del teatro independiente al INT, en muchos casos comunes a los diferentes lugares del país donde se produce teatro, Parodi explicó: “En este momento, la comunidad teatral en su totalidad tiene cosas para decir y creo que es necesario que nos reunamos y escuchemos para ver de qué modo podemos mejorar esta Ley (Nacional de Teatro, Nº 24.800), hacerla todavía más federal y más inclusiva, en sintonía con lo que este gobierno propone”.
“Lo primero que quiero hacer es ir a donde está la gente, acercarme a cada una de las reuniones de autoconvocados. Como pasa en Buenos Aires, sé que también pasa en cada región, en cada provincia. La idea es ponerme en contacto con los teatristas porque en definitiva son los que sostienen la actividad. Yo sé de qué se trata porque he sido desde boletero hasta director y dramaturgo: sé colgar un tacho, poner una escenografía, coordinar o dirigir un grupo o bien reflexionar sobre lo teatral y de cómo se percibe el hecho estético en el público. En definitiva, hay
que ver cuáles son las problemáticas para después elaborar políticas, pero eso no será posible si antes no aparece la instancia del diálogo”, completó el funcionario, quien además es hijo de la reconocida y popular cantante Teresa Parodi.
En otro momento de la charla, el nuevo director Ejecutivo habló acerca del reclamo de algunos sectores del ámbito teatral respecto de la claridad en la administración de los fondos públicos: “Hay algo que tiene que ver con la transparencia, la claridad y la pulcritud, pero sobre todo con la comunicación. Me parece que el INT, y es algo que puedo aventurar como una primera idea, tiene que mejorar la comunicación en relación con aquellas cosas que hace y cómo las hace. Hay cosas que mejorar respecto de cómo se administra, de todos modos, hace 14 años que el INT funciona y también es cierto que ha mejorado mucho la actividad teatral en todo el país a partir de su aparición, y ha habido mucha gente que ha trabajado denodadamente para que eso pase. Pero ahora hay que dar una vuelta de rosca más y hay que mirar más fino. Hay que ser más ordenados y más pulcros a la hora de administrar los recursos. De todos modos, es real que los recursos son los que son y hay que repartirlos entre muchísima gente”.
Finalmente, Parodi habló de aspectos a debatir, como por ejemplo la necesidad de generación de un público: “Empiezo a pensar que habría que cambiar también un poco el eje de la discusión; me pregunto cómo se percibe el hecho estético, cómo se consume teatro, como se lo analiza; porque el teatro funciona con los actores en el escenario, pero también funciona si hay espectadores y no de otro modo. Creo que muchas veces, por nuestro propio apasionamiento con lo teatral, quedamos mirándonos entre nosotros mismos. Hay muchas cosas que tenemos que replantearnos entre toda la comunidad teatral y para eso pido el acompañamiento de todos”.




lunes, 12 de marzo de 2012

De canciones sin fronteras

Foto gentileza: AGUSTÍN BARIDÓN

VISITA. El sábado último, a sala llena en la Lavardén, en el marco de su primera gira nacional, se presentó en Rosario la cantautora española Olga Román, quien ofreció un show en el que brillaron sus bellas
composiciones repartidas en tres discos, en el marco de una noche de comunión musical y poética


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del lunes 12 de marzo de 2012)
La musicalidad sin fronteras como un norte cercano y posible, la certeza de un oído prodigioso, el profesionalismo que todo lo puede (aún cuando los problemas de sonido intenten boicotearla) y un puñado de canciones que transitan historias vividas o narradas, son algunos de los pilares de la propuesta de la cantante española Olga Román, que el sábado último pasó y llenó la sala Lavardén, acompañada por un cuarteto de músicos compuesto por bajo, guitarra, teclado y percusión, para confirmar, también en Rosario, en el marco de su primera gira nacional, que allá lejos y hace tiempo quedó su pasó de más de una década como compañía vocal de su compatriota Joaquín Sabina.
“Cuando la voz de Sabina se hacía cenizas, aparecía esta mujer con su hilo de oro”, dijo poco antes del show de Román el cantautor rosarino Pedro Reñé, quien abrió la noche con tres de su canciones y presentó parte de su disco doble Nos y Otros, haciendo gala de su ingenioso “pedritófono”, una pequeña cajita rellena con arroz que, repartida en la platea, sirvió a modo de objeto de percusión, y que a lo largo de la noche tendría un protagonismo inesperado.
Luego, tras el paso del porteño Hernán Lerner, en parte responsable de la visita de Román al país que comenzó el jueves en el porteño ND / Ateneo y que anoche continuó en la ciudad de Santa Fe (luego vienen Río Cuarto, San Luis, Mendoza, Córdoba, Mar del Plata y Bahía Blanca), llegó el turno de la española, quien por algo más de una hora y media de show, repasó sus tres discos: Vueltas y vueltas, Olga Román 2 y Seguir caminando, su último material editado en 2011.
El show comenzó con “Un par de cosas que hacer”, con el que abre su último CD, en el marco de una velada donde se escucharon, de su primer registro editado en 2001, piezas tales como “Te querré”, “Nada es suficiente” y “No da igual”, para dar paso, del segundo, fechado en 2005, a “Brindis”, “Como si nada”, “Ahora ya ves”, “Apareces”, “Eso y todo lo contrario”, “Un día particular” y “Me asomo”, que también grabó Juan Carlos Baglietto, algo que, según dijo, la llenó de orgullo.
En el medio, se lucieron canciones de su último material, del que participaron Sabina, y los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, tales como la referida “Un par de cosas que hacer”, “Que sí, que no”, “Seguir caminando”, “Margarita”, la más “sabinera” de todas (de hecho, el cantautor aporta su voz en esa canción), “Desde entonces”, “No me digas cómo”, “He soñado”, “Me esperas” y “Eh! morena”.
Las bellas letras de Juan Uría, quien compone especialmente para la cantante desde su segundo registro, y que abrevan en una poética agridulce, donde la universalidad de encuentros y desencuentros parecieran fundamentar cada una de las estrofas, encontraron en la música de Román la sonoridad exacta, la métrica precisa, en composiciones que lejos de cualquier prejuicio, muestran su multiplicidad de influencias. Es allí donde brillan los reflejos del jazz y el soul de sus años en la Escuela Berklee de Estados Unidos, la bossa nova y los sonidos del Brasil que tanto la seducen (“yo no sé porqué no soy brasileña”, se preguntó en un pasaje del show), el flamenco y la música de su tierra, y hasta las diferentes aristas del folclore latinoamericano, entre la tradición y la revisión, dado que todos estos géneros juntos conviven y dibujan una cadencia tan propia como singular, tan agradable como infrecuente, que a veces coquetea con el pop pero que, por suerte, sabe alejarse a tiempo.
Así, sutil y atenta a los más pequeños detalles de percusión que pasaron por sus manos, y en medio de los problemas de sonido que tuvo que afrontar a lo largo de todo el show, el “pedritófono” fue la excusa perfecta para una pequeña improvisación mientras las cosas volvían a su lugar, en el marco de una noche mágica, de comunión, de agradecimientos y de la profusión de la propuesta de una verdadera “hacedora de canciones” que encontró en Reñé y Lerner a dos grandes compañeros de ruta.
Algo más de una docena de canciones después, y con la certeza (y el compromiso) de estar “en la ciudad de Fito, Baglietto y Messi”, tal como expresó promediando el show, a la hora de los bises, y cuando se calentaba la platea que casi al unísono le pedía a gritos “Ahora ya ves” (que cantó al final) y ni pensaba en abandonar la sala, Román tomó por asalto el piano y regaló una hermosa versión de “Canción del jangadero”, de Falú y Dávalos, en la que su voz pareció tomar prestada la sonoridad del río Paraná que había recorrido unas horas antes y que la había maravillado.
Ya estaba escrito: lo de Román y Rosario fue un amor a primera vista, el romance está iniciado, ahora sólo falta que ella regrese.

viernes, 9 de marzo de 2012

Seducidas y abandonadas


ESTRENO TEATRO. El actor y director teatral rosarino radicado en Buenos Aires Pablo Razuk habla de “El hilo de vos (z)”, de Sabatino Cacho Palma, que cuenta con las actuaciones de las actrices Milva Scollo y Macarena García, que se presenta esta noche, a partir de las 22, en La Manzana, de San Juan 195


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del viernes 09 de marzo de 2012)
Dos mujeres en su cotidianidad, dos costureras que singularizan el espacio escénico que comparten (aunque se desconocen) a partir de unos pocos objetos, donde una máquina de coser se revela como todo un símbolo. Son Penélope y Ariadna, dos costureras que cosen para otros, “tejedoras” de una trama real y de otra que remite a lo simbólico. Pero no son sólo aquellas de la mitología, sino que también son otras más cercanas, construidas a partir de la revisionista mirada
sobre estos personajes que el dramaturgo, director, docente e investigador teatral rosarino Sabatino Cacho Palma recreó a partir de El hilo de vos (z), un monólogo que, retomado por el actor, director y docente rosarino radicado en Buenos Aires Pablo Razuk, se concretó como una obra para dos personajes, que se conocerá para el público esta noche, a partir de las 22, en La Manzana (San Juan 1950).
El espectáculo, que la semana pasada tuvo su preestreno para prensa e invitados, cuenta con las actuaciones de las talentosas Milva Scollo y Macarena García, y se revela como una síntesis entre la poética clásica y la contemporánea, buceando en el imaginario cotidiano hasta encontrar en el relato dónde podrían estar estas dos mujeres que comparten en su historial el hecho de haber sido seducidas y luego abandonadas.
“El hilo de vos (z) en una obra que se conformó con la unión de dos monólogos. Por un lado, aparece una adaptación de La voz humana, de Jean Cocteau (que Palma ya había estrenado en Rosario), y por otro, un texto escrito de cero por Cacho Palma, quien no solamente escribió, sino que además fue quien conformó este equipo de trabajo a la distancia”, relató Pablo Razuk a El Ciudadano acerca de la unión de todos estos rosarinos, quienes además, en el caso de las actrices, que en la actualidad también se encuentran radicadas en Buenos Aires, ya habían trabajado parte de esos mismos textos en su paso por la Escuela Provincial de Teatro de Rosario, etapa en la que Palma fue uno de sus docentes.
Respecto del recorrido realizado, Razuk, un actor de gran proyección en la escena porteña con trabajos como Severino (la otra historia), Camino del cielo o la reciente Yocasta, por la que está nominado al premio Florencio Sánchez, rememoró: “Cacho me llama y me cuenta de su material, proponiéndome a dos actrices que en su momento fueron sus alumnas. La ventaja de que ellas viven en la actualidad en Buenos Aires fue muy importante porque nos habilitaba a ponernos a ensayar en lo inmediato. De repente, me encontré con el texto de un rosarino, dos actrices que si bien no nacieron en Rosario se formaron allí, y yo, que desde hace algún tiempo estoy extrañando el olor de las tablas de mi ciudad, y sentí que, más allá de que la obra se vio y se verá en Buenos Aires, era un buen momento para estrenarla en Rosario. Por eso es que este estreno en La Manzana tiene una carga extra para todos nosotros, sumada a la que de por sí tiene todo estreno, porque de alguna forma todos estamos volviendo a casa por un rato”.
En la puesta de Razuk hay un afuera y un adentro, y el adentro es un mismo espacio escénico en el que ambos personajes, casi en forma arbitraria, ponen de manifiesto su diatriba de mujeres sin
hombres, de esperas interminables, de ilusiones partidas y de vacíos sin remedio.
“La obra, entre otras cosas, pretende contar el universo de dos vidas comunes que si son observadas con detenimiento, nos pertenecen a todos. Hay algo del amor, del futuro, de la desilusión, de la espera y de la muerte, que nos emparienta a todos con esos personajes”, completó Razuk acerca del recorrido que emprenden ambas mujeres en el contexto de la reconstrucción de su imaginario.
Finalmente el actor, que en los últimos años buscó un acercamiento con el teatro local dirigiendo o actuando, expresó: “La idea de este trabajo está en volver a Rosario y tratar de transmitir un deseo, que tiene que ver con reconocer esa identidad que tiene el teatrista local sin compararlo con los creadores de ningún otro lado del país. Creo que se trata de entender que uno es lo que es no en relación al otro, sino con su propia historia y eso nos enorgullece. Por eso con El hilo de vos (z) pretendemos hacer un teatro que hable de nuestra identidad con el que buscaremos recorrer el país”.

lunes, 5 de marzo de 2012

Una encrucijada alucinada



ESTRENO TEATRO. El autor y director local Rody Bertol habla de “Una idea para una pequeña obra (una comedia de acá)”, la nueva producción del Centro Experimental Rosario Imagina, que indaga en las desventuras de un escritor, y que se presenta los sábados, a partir de las 22, en La Manzana, de San Juan 1950


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del sábado 3 de marzo)
Un equipo artístico consolidado aunque de puertas abiertas, la concreción de una serie de anhelos, y dos décadas de trabajo son algunas de las variables que caracterizan la producción del Centro Experimental Rosario Imagina, que lleva adelante desde 1991 el director, investigador y dramaturgo Rody Bertol. Tras un par de años intensos en materia de funciones y de llegada al público, el grupo estrenará esta noche, a las 22, en La Manzana (San Juan 1950), Una idea para una pequeña obra (una comedia de acá), con texto, dirección y puesta en escena de Rody Bertol, que cuenta con las actuaciones de Juan Nemirovsky, Gisela Sogne, Martín Ovando, Soledad Murguía, Paula Viel, Diego Bollero y Chavo Ghirlanda, con escenografía de Niche Almeyda, asistencia de montaje de Natalia Trejo y Sofía Dibidino Ballario, y entrenamiento actoral de Claudio Danterre.
Jugando entre la comedia televisiva y los gags de Alberto Olmedo, aunque sin perder de vista la singularidad de Woody Allen, como tampoco los discursos sagrados de Chejov o Shakespeare, Bertol se aventuró a narrar la historia de Pedro, el protagonista, quien es abandonado por su mujer y atrapado en una encrucijada mortal, al tiempo que se debatirá entre su vocación de escribir y el valor de la amistad para encontrar un sentido a su vida. No le resultará fácil: una excéntrica y pesadillesca fauna de personajes andará suelta por su departamento durante las más extrañas noches de su vida, y dará lugar a situaciones divertidas.
—Se intuye en la propuesta cierto aire a los films de Woody Allen: un dramaturgo, sus vínculos amorosos, una novia invisible…
—Lo inicial fue conformar un equipo con mucha formación teatral. Y cuando comenzamos a construir la dramaturgia no pudimos dejar de caer en la tentación de recordar algunas rutas primaverales de finales de los 80. Una época con tantos rizomas…, “promesas en el bidet y anteojos espejados”. Y fue así que, primero, tomamos algunas viejas comedias de Woody Allen, junto a varios sketchs de “No toca botón”, de Alberto Olmedo, y los cruzamos con eternos fragmentos de Shakespeare y Chejov, que se nos aparecían en las improvisaciones. A partir de experimentar y jugar con esos cruces, de materiales aparentemente tan lejanos y diversos estéticamente, pero que sin embargo inequívocamente forman parte de nuestro imaginario, a lo que iba surgiendo le fuimos agregando sonidos, imágenes, textos y, por supuesto, caprichosamente algunos temas musicales. De este modo, en ese collage, en esa contaminación, fueron apareciendo situaciones disparatadas que a medida que avanzó el proceso nos llevó a inventar una historia que tuviésemos ganas de contar y nos resultara cercana y divertida.
—¿Cuánto de alter ego propio tiene el personaje de Pedro, el dramaturgo que interpreta Juan Nemirovsky?
—Planteada como una comedia dramática, la obra contiene algunos giros, reconstrucciones y “homenajes”. Inevitablemente, el personaje de Pedro, que hace Juan, tiene algunas cuestiones mías, pero sobre todo, tiene mucho del “nosotros”, de los actores y actrices que conozco, de jugar y reírnos de nosotros. Hay, también, algunos guiños de mucha pregnancia. Quizás por eso siento que, dentro de su levedad y cándido semblante, la obra propone pasajes que teníamos el anhelo de expresar profundamente.
—¿Acordás con la idea de que el teatro,
por un lado o por el otro, siempre termina hablando de sí mismo, algo que Chejov, ya que vino a cuento, tenía muy en claro?
—Creo que es así, porque después de todo del lugar más genuino que se puede partir es desde aquél en el que se ha vivido. En el caso del teatro, por suerte, está además el grupo, allí las cosas se mezclan y se multiplican. Porque el teatro, si bien encarna un ideal singular, se expone como voz coral, que acumula en sí misma pluralidades, destinos compartidos, promiscuidades y diferencias. Es un sistema plural, de invenciones, pautas, ambiciones, sueños, lealtades y traiciones. Por eso, actuar es reconocer algo que se ofrece imperfecto, fruto de la inestabilidad y la tensión. Es un acto insuficiente, fragmentado, a través del cual se realiza y despliega una forma. En mayor o menor medida, en Rosario o en cualquier parte, cada puesta en escena, explícita o implícitamente, propone rediscutir las formas con las que se hace teatro.
—Hablar de “una comedia de acá”, ¿remite a un tipo de humor eminentemente rosarino?
—No, aparece el “de acá” porque hay pasajes donde jugamos con algunos giros “olmedianos”, pero en definitiva no sé si tiene algo de rosarino. Rosario tiene grandes cómicos, lo que nosotros hacemos en esta obra es comedia. Es decir: como toda comedia, es una derivación sutil de lo cómico, no se trata de la risa sino de la sonrisa, que se combina con otros sentimientos, como en algunos pasajes dramáticos que hay en la trama.
—Se publicó que remitís a “experimentar con el más bastardo de los géneros: la comedia”; ¿lo decís por su complejidad o por su supuesta banalidad?
—Por las dos cosas: me engancha la comedia porque pueden convivir ambas cuestiones, lo banal y lo profundo. La comedia nació para poner en escena todas aquellas emociones que por no ser heroicas podían ser llamadas vulgares. Así como a la tragedia la constituye el lamento por las desventuras y la muerte del héroe, la clave de la comedia es el deseo sexual insatisfecho; de eso tratan de un modo u otro todas las comedias, tanto las cultas como las populares.
—¿Sos partidario de un teatro que no piensa en el público o todo lo contrario?
—Todo lo contrario: creo que tenemos que partir de nuestros motivos personales pero incluir desde el inicio de un proyecto al otro, al público, no dejarlo afuera. Siempre digo que el teatro es una máquina que la conforman los que hacen teatro, los que ven teatro, es decir el público, y los críticos, y los que no ven teatro, es decir también lo constituye lo que falta. El teatro es un arte que se hace con y para el otro, implica, hace lazo; para mí su compromiso ético se acrecienta cuando da valor a la diversidad. Sabemos que el teatro, desde sus orígenes griegos, fue producto de las intenciones colectivas. Su ensamble es una inscripción y un acontecimiento en un momento grupal, además de ser dirigido a un grupo de espectadores como colectividad.

sábado, 25 de febrero de 2012

“Para mí el humor es una forma de militancia política”




FENÓMENO. El talentoso Horacio Sansivero, reciente ganador del premio Estrella de Mar al mejor espectáculo de humor grupal de la temporada, habla de su alter ego, Mariquena del Prado, y de lo que pasa cada noche en una sala de Mar del Plata con uno de los personajes más queridos del medio artístico local

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del sábado 25 de febrero de 2012)
Casi con la misma avidez con la que abrazó hace muchos años la profesión de actor (es egresado 1992 de la Escuela Provincial de Teatro), el rosarino (aunque nació en Firmat) Horacio Sansivero arremete cada noche desde su más famoso alter ego, Mariquena del Prado, contra la mala onda y la mediocridad, poniéndole a todo la alegría que caracteriza a un personaje al que define como “una muñeca o una animadora infantil, en un contexto de adultos, sin llegar a ser un travesti o una mujer”.
Mariquena del Prado y el club de las capocómicas es el espectáculo que el actor lleva adelante, al frente de un importante equipo artístico, en la presente temporada marplatense (en el Teatro del Ángel, en el corazón de la peatonal Rivadavia de Mar del Plata) y por el cual, hace un par de semanas, se llevó el Estrella de Mar al mejor espectáculo de humor grupal.
En una larga entrevista que mantuvo con El Ciudadano, Sansivero, que junto a Sergio Escobar (Mimí Nervios) fue el mentor en los años 90 del inolvidable espectáculo de humor Mimí y Mariquena en Berlín (marcó una bisagra en las propuestas generadas para espacios alternativos) y juntos protagonizaron, bajo las órdenes de Jorge Dunster, el imborrable Bordeaux (Los nudos del Doctor Duboise), habló del premio, de su carrera y del presente, en el que el humor se le revela como una clara forma de militancia.
—¿Qué genera en un actor como vos un premio como el Estrella de Mar, que tiene un espectro tan amplio en relación con todo lo que convive con ese galardón?
—Generó pura alegría y lo digo sabiendo que es una obviedad, pero vale la pena decirlo. De todos modos, hay cosas puntuales que me pasan que son las que pongo en primer plano: la primera es que como hace muchos años que hago este personaje, es la gente la que premió mucho antes a Mariquena del Prado, y lo sigue haciendo, porque en estos años he vivido experiencias de cariño muy profundas con el público. Mis presentaciones son muy festivas, de hecho trabajo mucho en fiestas, y hasta el momento, me desequilibraba un poco la cabeza que la gente me premie tanto con su aplauso y la prensa no lo haga. Entonces, lo primero que generó el premio es una especie de sensación de equilibrio. Por primera vez, público y prensa estuvieron en concordancia, al menos en lo que a mi trabajo respecta.
—¿Sentís que el premio te abre nuevas puertas en Buenos Aires?
—Eso es a diario, y sobre todo porque hace muy poco que estoy en Buenos Aires intentando insertarme, y estas dos nominaciones (también estaba nominado a mejor labor cómica masculina), más el premio, me han dado un empuje interesante.
—¿Cómo hacés para resignificar el humor de modo tal que Mariquena del Prado siempre esté vigente, siempre tan al tanto de todo?
—Uno puede elegir hacerlo o no, o en todo caso, sortearlo con ingenio y creatividad. Y yo trato de hacer eso, porque tengo claro algo muy sencillo y que me guía: yo hago humor. Aunque sea chiquito, humor; aunque sea poquito, humor; aunque sea desconocido y esté en un cumpleaños de 50 en un barrio de la zona sur en Rosario, un jueves a las 3 de la mañana animándolo, siempre hago humor. Y si estuviese en la tele en el espacio que fuese, haría lo mismo. Porque además, eso tiene que ver con el trabajo. Hacer humor es trabajar. Y yo defiendo y fomento el trabajo teatral. El universo de Mariquena siempre pareció un universo de improvisaciones y azahares, y te aseguro que no lo es. Incluso hace añares, cuando empezamos con Mimí (Sergio Escobar), la gente presuponía que improvisábamos todo, y era todo lo contrario. Es más: trabajábamos el doble, porque guionábamos, pero trabajábamos para que parezca improvisado.
—Eso es militancia con el trabajo del actor, con el oficio…
—Es que así me gusta el teatro: el todo por el todo, al ciento por ciento, porque me gusta lucharla de verdad, me da placer remarla. Y eso me identifica con el país que quiero y con lo que está pasando: para mí el humor es una forma de militancia política. En Mar del Plata, repartimos volantes tres horas por día, antes de cada función, para llenar el teatro, y me fascina hacer eso y sacarme miles de fotos en la peatonal y charlar con la gente. Me encanta trabajar y me encanta que la gente vea que estamos trabajando. Eso también es hacer política, en este caso, de una manera alegre y feliz.
—En esta, como en otras temporadas, la remaste para llenar el teatro y hoy podés jactarte de ser el único “factótum” de “Mariquena del Prado y el Club de las capocómicas”. De todos modos, ¿la profesionalización definitiva exige la aparición de la figura del empresario o estás dispuesto a seguir siendo tu propia empresa?
—Empresarios siempre hay, de hecho, ahora estoy trabajando con uno. Pero lo que estoy haciendo en esta última etapa es profesionalizar definitivamente a Mariquena del Prado como una marca, como un producto, más allá del trabajo artístico; por eso busco darle una entidad “comercial”, hacer marketing, aunque tengo muy claro que Mariquena fue, es y será mi propia empresa, más allá de que por ahora sea sólo una Pyme (risas). Y mirá qué interesante: hasta en eso uno podría encuadrar lo artístico como un hecho político, porque se trata de armar un grupo de trabajo, delegar responsabilidades, confiar. Eso es lo que hago desde hace unos años con el personaje y con los espectáculos: armo equipos de trabajo y siempre, al empezar, planifico lo mismo como premisa, vender alegría y entretenimiento y no agresión ni faltas de respeto, ni vulgaridades. Yo me siento en sintonía con este momento social y político de nuestra historia más allá de que ocupe el lugar de alguien que entretiene y genera carcajadas en el público. Entonces, todas las inquietudes, desde cómo será el show, lo que hacemos, si el personaje es o no un travesti, o si lo pueden ver los niños, pasa todo a un segundo plano porque confían en la mirada, en el afecto que les estás dando cuando los invitás en la calle. Y después entran a la sala y se encuentran con el teatro, con actores, y eso es genial. Te abrazan, te lo agradecen y yo me siento feliz porque no estoy traicionando nada sino que estoy fomentando el teatro. En eso siento que crecí, porque convertí a Mariquena en un producto teatral muy digerible, mucho más masivo y popular, pero que no perdió su esencia.
—Una vez, Andrea Fiorino me dijo que si no te vas a Buenos Aires, en algún momento, la ciudad “te manda”. ¿Sentiste eso alguna vez o lo tuyo fue sólo una elección?
—Yo me fui a vivir a Buenos Aires hace tres años por elección, nadie me mandó a ningún lado. Me encanta moverme de acá para allá todo el tiempo. Además, mi vida laboral es así constantemente. De hecho, viajo a Rosario y a diferentes lugares del país permanentemente, y estuve todo el invierno en Termas de Río Hondo haciendo temporada. Igual, debo confesar que Mariquena del Prado y Rosario son un mismo sentimiento. Me encanta la gente de Rosario, hay algo muy especial y único con el público.
—Más allá de que hace muchos años que te merecés una gran marquesina con tu nombre en Rosario, ¿pensás que el premio posibilitará eso?, ¿será éste un “regreso con gloria”?
—¡Con gloria nada!, Tampoco soy Mariquita Sánchez de Thompson (risas). Dejemos la gloria para quienes la merecen de verdad. Y, ¿grandes marquesinas? No sé…creo que a Mariquena le encantarían, a mí no tanto. Prefiero el teatro lleno, que explote de gente, y un cartel no tan grande en la puerta, antes que grandes marquesinas con salas vacías. Me gusta la sala llena de gente riéndose a carcajadas, no hay mejor momento en mi vida que ése: el del éxtasis de los espectadores cuando se ríen. Los miro como cuando era muy chiquito y veía llorar de la risa a mi abuela y a mi tía María, y me siento satisfecho, me siento feliz.

viernes, 20 de enero de 2012

Entre el estupor y la vergüenza


DENUNCIA Y RECLAMO. La actriz y directora teatral rosarina Patricia Pareja habla de las situaciones denigrantes que vivieron elencos de todo el país, incluido el suyo, durante la reciente 51ª edición del Festival de Teatro Infantil de Necochea, encuentro que finalizó el pasado 10 de enero


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del 21 de enero de 2012)
A lo largo de su historia, el Festival de Teatro Infantil de Necochea, que recientemente llevó adelante su 51ª edición (del 5 al 10 de enero) y cuya inauguración, hace cinco décadas, contó con la presencia de la recordada María Elena Walsh, se caracterizó por ofrecer un espacio valioso a una estética que, muchas veces, es manipulada o malentendida por quienes la llevan adelante.
Sin embargo, el evento que finalizó hace 10 días, dejó como saldo más visible, y al mismo tiempo repudiable, una organización definitivamente lamentable de parte del municipio de Necochea que se sumó a una serie de irregularidades entre las que aparecen amenazas, insultos y hasta golpes a algunos de los integrantes de uno de los elencos participantes.
Así lo confirmó a este medio la actriz y directora teatral rosarina Patricia Pareja, quien participó del encuentro con su versión de la obra teatral-musical Corazón de bizcochuelo, de Enrique Pinti, de la que también integra el elenco junto con los actores locales Anabela Agostini, Christian Valci, Carlos García, Marcos Sánchez y Gloria Bussano.
“Es casi inenarrable lo que tuvimos que pasar: fuimos alojados en un lugar deplorable, que no comprendía ni siquiera las medidas mínimas de higiene; y fuimos maltratados y amenazados frente a nuestras demandas por mejoras”, relató Pareja, actriz de vasta trayectoria en el ámbito local y nacional, y responsable de una de las doce puestas elegidas, que participaron del encuentro que este año no tuvo el cierre tradicional el martes 10 de enero, tal como se esperaba, ya que los elencos se retiraron antes de tiempo frente a lo desastroso del trato recibido.
Según ratificó Pareja a este diario, ella y su elenco, como pasó con otros, fueron literalmente amenazados por la funcionaria municipal Florencia Trobo a cargo del área Cultura: “Seguí nomás, que vos estás marcada”, le dijo Trobo a la actriz, luego de acusarla de hacer “roscas” con los demás elencos, cuando lo único que reclamaban la mayoría de los participantes era un trato más humano, frente a los sucesivos desplantes de la funcionaria y su equipo de trabajo. Al cierre de la edición del festival, Trobo habría presentado su renuncia pero luego se supo que no fue aceptada, circunstancia que empaña aún más todo lo sucedido.
Pero eso no fue todo: actores del elenco de la obra teatral El mundo es mío, de Mar del Plata, que el domingo 8 por la noche cenaban en el restaurante La Guapa, fueron salvajemente golpeados por cuatro hombres que en esa ocasión y en otras anteriores, acompañaban a la referida directora de Cultura de Necochea, Florencia Trobo, luego de su intento por reclamar su comida.
Horas antes, el mismo elenco, tras la función, había leído en presencia de Trobo y su gente una carta consensuada por todos los elencos participantes donde ponían de manifiesto algunos de sus reclamos frente a las situaciones que habían tenido que afrontar hasta el momento, entre otras, la falta de comida, de agua caliente y de baños en los alojamientos, del mismo modo que la necesaria difusión para los espectáculos que había sido casi nula.
De todos modos, el elenco, conmocionado por la violencia a la que fueron sometidos algunos de sus integrantes, decidió irse de la ciudad horas después del hecho sin hacer la denuncia.
Prácticas que recuerdan los peores momentos de la última dictadura militar, la información de lo sucedido, a pesar del intento por taparla, recorrió las redacciones de diarios y agencias de noticias del país y se sucedieron comunicados de repudio y en apoyo a los actores y elencos, entre otros, uno dado a conocer por la ministra de Innovación y Cultura de la provincia, Chiqui González.
De hecho, el pasado 11 de enero, la Asociación Argentina de Actores, que ya tomó cartas en el asunto, dio a conocer un primer comunicado que lleva la firma de su flamante presidenta, Alejandra Darín, y del secretario general, Luis Alí: “La Asociación Argentina de Actores manifiesta su profundo malestar, y se solidariza dando su apoyo institucional, gremial y legal, a nuestros compañeros actores y talleristas participantes del 51º Festival Infantil de Necochea”, sostiene ese primer informe que buscó sacar a la luz lo sucedido frente a la comuna de Necochea que, más allá de todas las pruebas y testimonios, relativizó los hechos.
En ese momento y después, Trobo rechazó de plano haber tenido responsabilidad alguna en las agresiones denunciadas por los actores y sostuvo en charla con la agencia Télam: “Al dueño de La Guapa lo conozco porque Necochea es un pueblo, es una ciudad chica, y nos conocemos todos; pero en relación a lo que ocurrió yo no estuve allí y sólo sé que el domingo a la noche hubo gente ebria que comenzó a discutir y a pelearse adentro del restaurante”, expresó, tratando de poner el foco del conflicto en otro lado.
A la espera de las respuestas que no llegan, Actores hizo llegar en las últimas horas un nuevo comunicado, que ya es de público conocimiento, al Concejo Deliberante de la Ciudad de Necochea, con copia al intendente, Horacio Telechea, y a la referida directora de Cultura, Florencia Trobo, donde entre otras cosas, se detalla: “Queremos también comunicar que como nos han informado que esta situación anómala sigue sucediendo, y ante el peligro que corre la integridad física de algunos compañeros que aún permanecen en la ciudad de Necochea, la Asociación Argentina de Actores exige a las autoridades responsables que den las garantías suficientes para preservar la seguridad de nuestros compañeros. Requerimos con todo respeto, que se cite a la directora de Cultura a dar las explicaciones, se forme en su caso una Comisión Investigadora y se haga un seguimiento del conflicto a los efectos de sancionar a las personas que han incumplido con sus deberes de funcionarios públicos, y en su caso, se denuncien ante la Justicia y ante el intendente los ilícitos que se constaten, poniéndonos a su disposición para asistir a las audiencias que se dispongan para ampliar la información sobre los hechos que han llegado a nuestro conocimiento”.
Al cierre de esta edición, Trobo continuaba en su cargo, lo que se revela casi como una burla y una falta de respeto de parte de los funcionarios del municipio de Necochea y de todos aquellos que la “sostienen” en el puesto.
Las prácticas de la dictadura son condenadas hoy en la Argentina y en el mundo. En su momento, muchos artistas desaparecieron o se exiliaron ante los embates del terrorismo de Estado. Frente a todo, lo único que queda es la memoria y la justicia, que será donde, en definitiva, tendrá que dirimirse este caso, que trae tristemente al presente prácticas de un horroroso pasado.

martes, 3 de enero de 2012

La generación de un público



BALANCE TEATRO 2011 El camino de la profesionalización finalmente comenzó a ser transitado por el teatro rosarino, en un añodonde se destacaron, entre otros, trabajos como “Fraternidad”, “Ito, teatro para bebés” y “Moderna”

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 3 de enero de 2012)
El camino de la profesionalización finalmente comenzó a ser transitado por el teatro rosarino en 2011. Así, una puerta grande se abre en el presente, si es que los grupos terminan de comprender algunos factores ligados con la producción, y dentro de ese enorme apartado, con los modos y mecanismos de difusión, variantes que han demostrado ser el gran basamento de una imprescindible generación de público.
Dentro de esta variante, dos movimientos autogestionados han logrado que el trabajo sostenido genere presencia en el medio, independientemente de que luego las propuestas deban estar a la altura de las circunstancias, algo que no pasa en todos los casos.
Por un lado, un grupo no formal de nuevos creadores que rondan los 30 años y que tiene a la actriz y directora Carla Saccani a la cabeza, logró posicionar sus trabajos en la cartelera local, a base de ingenio (el uso de las redes sociales fue determinante) y creatividad, pero con la clara convicción del valor de aquello que se ofrece al público.
Así, la versión de Fraternidad, de Mariano Moro, con dirección de Saccani, pudo superar el periplo que desde comienzos de año debió soportar por los sucesivos cambios de sala, siempre apelando al ingenio y al gran trabajo de Cristian Mengoni y Carlos Chiappero, los protagonistas, quienes encarnan en escena a dos mujeres de alrededor de 50 años.
Pero el mayor mérito de Saccani y su equipo está en haber podido decodificar la impronta de un texto que, si bien está intacto, a nivel de puesta se ve enriquecido y revalorizado por el sustento dramático que suponen cientos de guiños tanto para el adentro como para el afuera del teatro rosarino, un hecho que convirtió a la puesta en uno de los éxitos del año tanto para el público como para la crítica especializada.
Del mismo modo, Sebastián Villar Rojas con Moderna, al frente del grupo Pause, ofreció un entramado entre humor bizarro y algo de tragedia, partiendo de su propia dramaturgia y con un interesante nivel de actuación. Moderna no se parece a nada de lo visto en el teatro rosarino de los últimos años, lo cual ya es un mérito en sí mismo. Una trama imbricada, llena de derivaciones, donde juegan un papel fundamental tanto la casualidad como la causalidad, lleva al espectador desde los atisbos más costumbristas de una comedia brillante (incluso con pasajes del viejo vodevil) a un estadio bizarro, atestado de una información científica difícilmente comprobable, donde aparecen como ejes dramáticos la verdad, la mentira, el amor y el fin del mundo.
Por otra parte, el prolífico colectivo Teatro en Rosario, que agrupa la producción de creadores como Gustavo Guirado, Ricardo Arias, Romina Mazzadi Arro y Esteban Goicoechea, entre algunos otros, más allá de lograr su personería jurídica y recorrer algunos festivales con sus propuestas, ultima los detalles de una revista digital destinada a la crítica y la investigación que funcionará dentro de su página web (www.teatroenrosario.com), y que se sumará a un modo colectivo de difusión de sus producciones.
Por otra parte, de sus propuestas 2011, se destaca el estreno de El miedo (dos vueltas de llave), de Esteban Goicoechea, quien pareciera haber conjugado una serie de variables relacionadas con el miedo, aunque traídas a un presente reconocible (doméstico), a partir del cual elaboró la compleja dramaturgia de la obra, que lleva adelante con un elenco concertado, integrado por Paula García Jurado, Gustavo Sacconi y Ariel Hamoui. El espectáculo resultó ganador frente a un prestigioso jurado del primer premio del concurso de obras teatrales de Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti de Buenos Aires, donde, además, se presentó con una serie de funciones a mediados de año.
Entre las singularidades del año que pasó, y alejado de todo lo conocido en materia de teatro infantil, aparece Ito, teatro para bebés, del grupo Vamos Que Nos Vamos, que dirige Carla Rodríguez, quien concretó una propuesta en la que, desde el campo de lo lúdico, se manifiesta a favor de la simpleza y la emoción, merced al gran trabajo de las actrices y titiriteras Laura Carassai y María Soledad Galván.
Partiendo de la idea de concretar una propuesta para bebés de 0 a 3 años, y luego de trabajar de modo “empírico” con su pequeño hijo Teo en el proceso creativo (desde sus 6 meses a los 2 años, y ahora con el título de “codirector”), la actriz y directora, quien lleva adelante desde hace una década el grupo de teatro infantil Vamos Que Nos Vamos, concretó una propuesta en la que lo instintivo e intuitivo es superador de todo prejuicio, en su devenir por contar la historia de cómo un pequeño gusano de nombre Ito se transforma en una colorida mariposa, dejando a su paso una estela de mensajes positivos tales como el compañerismo, la curiosidad creativa y, sobre todo, el respeto y el amor por la naturaleza.
También se destacaron en 2011 La canción del camino viejo, un proyecto de Línea de Tres que juntó el talento del actor y director teatral Miguel Franchi (El 45), junto con el de los actores Santiago Dejesús (Teatro Katástrofa) y Severo Callaci (Teatro de la Huella), del mismo modo que
Guerra fría (lejos de todo), de Juan Hessel, con las actuaciones de Jesica Biancotto, Melisa Martyniuk y Francisco Fissolo,y la versión rosarina de El secuestro de Isabelita, trabajo que implicó el desembarco en Rosario del dramaturgo y director Daniel Dalmaroni.
Si bien la puesta de Dalmaroni, que parte de una anécdota pequeña, busca reflexionar desde el humor (vaya desafío) sobre las contradicciones de la militancia en los años 70, se complejiza (para bien) en un devenir en el que intervienen cuestiones ligadas con aquel momento del peronismo (el de derecha enfrentado al de izquierda), apelando a un ejercicio de memoria en el que se pone en jaque lo ocurrido con el tamiz que implica el paso del tiempo.
De paso por Rosario, otros rosarinos brillaron en los escenarios locales. Tal es el caso de Juan Pablo Geretto, quien regresó y arrasó (en marzo y en noviembre) con su unipersonal Yo amo a mi maestra normal, una singular vuelta de tuerca sobre La Maestra, su personaje más paradigmático. Del mismo modo, pasó por el Centro Cultural Parque de España la extraordinaria versión porteña de La familia argentina, texto de Alberto Ure (estrenado en Rosario por Rody Bertol), dirigido por Cristina Banegas, con las actuaciones de los rosarinos Claudia Cantero (nominada a varios premios por este trabajo) y Luis Machín, y la porteña Carla Crespo.
Sobre fin de año, nuevamente Carla Saccani al frente de Pasillo Teatro abarrotó dos funciones preestreno de su valiosa versión de El malentendido, de Albert Camus, en la sala Lavardén. Del mismo modo, Ricardo Arias, quien se erige como uno de los pocos que se le anima a Shakespeare, volvió a tomar al Bardo como disparador para concretar Las hijas del Rey Lear, con el esperado regreso a las tablas de David Edery junto a las talentosas Vilma Echeverría, Silvia Ferrari, Elena Guillén y Claudia Schujman.
Seguramente, serán estos dos últimos trabajos, de un altísimo nivel en relación con las actuaciones y la puesta en escena, los que descollarán en la temporada que está por comenzar, sumados a una serie de estrenos y reposiciones que, en su mayoría, se esperan para marzo.
Entre las deudas que no se “pagan”, Rosario sigue sin contar con un festival de teatro propio que revele su vasta y rica producción, del mismo modo que aún se adeuda la creación de una Comedia Municipal que, a través del teatro de repertorio nacional, se convierta en el puente hacia otras propuestas más alternativas y le de trabajo a los teatristas locales. También sigue del lado de las “deudas” que las salas oficiales La Comedia (municipal) y Lavardén (provincial) programen teatro rosarino durante todo el año, donde los elencos puedan hacer sus temporadas.
De 2011, vale el intento de Marathon y El malentendido, en La Comedia y la Lavardén, respectivamente, pero todavía no alcanza. Esos espacios deberían estar destinados al teatro local: la calidad que hoy demuestra el teatro independiente rosarino en todas sus variantes amerita el arribo definitivo de sus producciones a esas salas.