“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




viernes, 11 de junio de 2010

“El teatro es el paradigma de la aventura de actuar"




El actor Federico Luppi habla de “Por tu padre”, del brasileño Dib Carneiro Neto, donde comparte rubro con Adrián Navarro, espectáculo que esta noche y mañana se presenta en el Teatro Nacional Rosario, de Córdoba al 1300


Por Miguel Passarini
El talento, la intensidad, la certeza, la convicción y, sobre todo, la claridad ideológica, han acompañado en los últimos 40 años la carrera de un actor que está en lo más alto de la escena nacional, pero sin embargo conserva intactas la humildad y las ganas de hablar de su trabajo con el mismo apasionamiento que en sus comienzos. Federico Luppi es uno de los pocos representantes de una generación, la de los 60, que hizo del cine, el teatro y la tevé argentina, una bandera.
Nuevamente radicado en el país (aunque reparte su tiempo entre su tierra y España), Luppi llega esta noche a Rosario, en el marco de una gira nacional, con la obra teatral Por tu padre. Se trata de una propuesta arriesgada, en la que Luppi afronta tres personajes, y en la que comparte el escenario con el ascendente Adrián Navarro. En la puesta, un hombre de algo más de 30 años, confronta en el funeral de un familiar al socio comercial de su padre y a su padre mismo, en un crispado, frenético y, por momentos, agresivo dialogo.
En una charla con el diario El Ciudadano, Luppi habló acerca de los factores que lo sedujeron de este texto a la hora de retornar a los escenarios argentinos, y de lo que implica hoy su profesión y compromiso con el oficio: “Los actores nos manejamos así, autónomos, y nunca entenderé porqué. Pero hoy dependemos de las pautas del mercado, de dónde aparezca el trabajo que tampoco abunda. No tenemos jubilación, y yo ya estoy peinando canas y arrugas, y me preocupa lo que pueda pasar dentro de algunos años”.
—¿Qué elementos encontraste en este texto de Dib Carneiro Neto para tentarte con volver a hacer teatro en el país luego de doce años?
—Estuve mucho tiempo en España, donde hice algunas temporadas teatrales. Pero una vez aquí, la obra aparece de manos del propio empresario, y lo que me atrajo de manera fulminante es que trata un tema que en general, por motivos que tienen que ver con los prejuicios y la educación, no se habla, que es la sexualidad de los padres. O bien es un tema que es tratado de una forma un poco hipócrita, veladamente, so pretexto de la moral y las buenas costumbres.
—También, de la relación de un padre y su hijo y de cómo ese hijo “arma” su cabeza…
—Sí, también me atrajo mucho el mecanismo dramático que propone el autor, porque son tres personajes. En una primera parte, el socio va al velatorio del padre y se encuentra con el hijo, y en la segunda parte, el padre va al velatorio de su socio y también se encuentra con su hijo. Y entonces este hijo que ha hecho una vida de crecimiento bastante deficitaria, con serios agujeros emocionales, o lo que lo psicólogos llaman “el tercero excluido”, arma, con esa parentalidad tan complicada, su propia adultez, que está bastante dañada. En la obra, aunque no está, hay una presencia permanente que es la de la madre, una mujer muy fuerte psicológicamente, con posturas políticas muy radicales, y con una activa vida sexual. De esos temas se habla con bastante crudeza, pero sin ninguna gratuidad, sin agresión.
—Se intuye como un gran desafío en términos de pensar lo frondoso de los temas que se cruzan.
—Es que a partir de allí se arma como una especie de trío singular desde el cual se plantean muchos temas que tienen que ver con nuestra vida cotidiana que van desde los padres y sus relaciones afectivas y la aparición de un tercero en un hogar de clase media, hasta los prejuicios y los amores. El padre dice en un momento de la obra: “La única forma de abordar una relación humana, sin importar las referencias éticas o morales, es hacerlo totalmente sin prejuicios”; en realidad, creo yo, dejando de lado los famosos rencores bajados del amor propio, o las pequeñas venganzas personales. Por todo esto que te digo, tengo la convicción de que es una obra que la gente merece escuchar y ver, porque sobre todo y pese a todo, sigo creyendo que el público suele ser mucho más inteligente que la gente del espectáculo, que los propios artistas. La gente está todo el tiempo con sus antenas abiertas, transitando un país con complicaciones de orden político y económico. Pero por lo mismo, creo que la gente está muy “afinada”.
—Además de que el teatro funciona en la gente como un espejo, ¿compartís que los conflictos de los que habla la obra son marcadamente cotidianos y por algún lado resuenan?
—Es así, y algo que también me atrajo es que la obra no está planteada en términos psicoanalíticos: no se vive como una somatización permanente, como tampoco una escalada intelectual de tipo racional. Más vale, en ese sentido, es una obra bastante cotidiana y terrenal, insisto, con un lenguaje intenso y hasta algo crudo, pero absolutamente comprensible y real.
—Siendo un actor que ha alcanzado reconocimiento en cine, tevé y teatro, ¿qué te devuelve el escenario como ese espacio de mayor verdad en relación con la actuación?
—Yo creo que el actor que tiene la suerte de conectarse con un sentido de la verdad, puede expresarse profundamente tanto en tevé como en cine. Lo que ocurre con el teatro es que sí tiene una singularidad que es más que milenaria: primero, su profunda e intensa fugacidad, el actor de teatro existe solamente en el momento de la función, y después, la presencia del públi-co es absolutamente viva, es sangre a sangre, no hay intermediación, no hay pantalla, y desde el comienzo de la obra hasta el final, cada segundo que pasa, es un juego de suerte y verdad, si hay un accidente, un equívoco, un traspié, hay que seguir adelante. Es como una suerte de pendiente por la que a veces descendés bien y caés en un colchón inflable, y en otras te das un golpe en la cabeza. El teatro es el paradigma de la aventura de actuar. Un viejo actor francés decía que hay días en los que Dios baja al escenario y te toca, y ése es un día maravilloso.
—¿Tenés proyectos para volver a filmar?
—Por el momento, tengo algunos guiones de cine, que son solamente la avanzada de proyectos que siempre están pendientes porque dependen de otras cosas, y después, cuando aparece el inversor y las fechas, hay que ver si uno puede. Por suerte se está filmando bastante en la Argentina: hay una cantidad enorme de gente muy joven con muy buenos proyectos, con buenos libros, y como siempre, espero que alguno de ellos me pueda tocar a mí.
—Siendo un artista de fuerte compromiso político y un conocedor de la historia, ¿cómo viviste los festejos por el Bicentenario?
—La verdad es que debo reconocer que en los días previos al festejo tenía un poco la “boca torcida”, porque siempre digo que cada vez que llegan los aniversarios de nuestra indepen-dencia, y vienen los festejos, me he preguntado siempre, ¿de qué carajo nos independizamos?, cuando la ma-yoría de las grandes empresas que hay dentro del país son extranjeras. Y en-tonces tenía un poco de desconfianza de caer en esa cosa repetitiva, más o menos escolar, tipo Billiken.
—Lo viviste como algo inédito en la Argentina de este tiempo…
—Sí, porque uno tiene en el imaginario esa cosa de la época escolar de la fiesta de la Patria y todo seguía igual. Me dio la impresión que hubo, desde el punto de vista emotivo, una suerte de ruptura con una inercia medio tonta que venía sucediéndose año tras año, en un momento en el que el mundo está atravesando circunstancias muy serias, muy duras, con los ajustes y las dificultades económicas. Y Argentina, pese a todo y en las condiciones en las que estamos moviéndonos, está con la cabeza bastante erguida. Yo ya he envejecido en la Argentina, y recuerdo tres patriadas o puebladas enormes de mi país: una que la fui armando a través del tiempo, porque no había ni tanta televisión ni tanto documental, que fue el 17 de octubre del 45, en una familia como la mía que no era nada peronista, y después el Cordobazo, que fue uno de los momentos en los que realmente apareció la constancia combativa de un pueblo que todavía manejaba cierta dignidad, y ahora el Bicentenario, y lo comparo con lo que he visto en otras partes: pocas veces se ha visto en el mundo entero un festejo de tal dimensión popular y con tanta profundidad, en el sentido más afectivo de la palabra. Por unos días, me sentí transportado por la reconciliación, por el deseo de ser buena persona. La gente desmintió con su presencia y su capacidad anímica la crispación y el encono. Puedo decirte, con absoluto impudor, que me sentí muy feliz.

sábado, 5 de junio de 2010

Una Navidad en el campo







ESTRENO TEATRO. Mañana, a las 20.30, en Caras y Caretas, de Corrientes al 1500, se conocerá "Demasiada familia", con dirección de Cristina Carozza, en el que, al frente del novel grupo Puertas Adentro, indaga en la obra y los conflictos propuestos por Anton Chejov




Por Miguel Passarini

Siempre es auspicioso el surgimiento de un nuevo grupo teatral, sobre todo en una ciudad como Rosario, con una tradición que acredita, con relación a esa forma de producción, más cincuenta años de historia. Es así como mañana, a las 20.30 (estará en cartel por dos meses), en la remodelada e histórica sala Caras y Caretas (Corrientes 1518), se conocerá la primera producción del grupo Puertas Adentro, que lleva adelante la directora y docente Cristina Carozza. Se trata de Demasiada familia , un espectáculo en el que algunos conflictos de la dramaturgia y los cuentos a Anton Chejov sirvieron como disparadores para la improvisación, una variante que, según Carozza, marcó y marca a fuego la producción teatral local, “donde casi no hay textos que no sean intervenidos por los creadores en el proceso de ensayo”, según dice.

Con las actuaciones de Celina Rovetto, Magdalena Romanos, Cecilia Patalano, Angie Beltrame, Marcelo Gargiulio, Silvina Scarpolini, Flavio Soso, Gianina Moisés Sosa, Soledad Palomeque, Emilio Dei Cas y Vanesa Baccelliere, la puesta, según Carozza, “surgió de la idea de trabajar con Chejov pero desde un lugar en el que pudiésemos entender la lógica de su dramaturgia, qué buscó contar, por eso todo pasa en Navidad pero no situamos el conflicto en ningún momento histórico en particular, aunque no es ni la época que describe Chejov como tampoco es la actual. Del mismo modo, trabajamos esta idea del campo enfrentado a la ciudad, tan presente en su dramaturgia”.

El parte de prensa es coherente con esta dicotomía que plantea la directora, dado que adelanta: “En una casa de campo, en las afueras de Moscú, el día de Navidad. Moscú puede ser cualquier ciudad. Las personas buscan un momento en sus vidas para celebrar sus encuentros y diferencias”.

—¿Por qué elegiste trabajar sobre Chejov?, pareciera que hace unos años volvió a ponerse “de moda”, más allá de que los investigadores avalen la teoría que dice que en su obra, como pasa con Shakespeare, está “todo el teatro”.

—En realidad, hay un poco de todo eso, pero es una particularidad del taller de avanzados trabajar cada año con un autor. Veníamos de hacerlo con García Lorca y con Brecht, y Chejov fue un desafío grande porque es complicado acercar esos textos (obra, cuento) a los actores, dado que al leerlos, da la sensación de que no pasa nada, pero está allí, en sus personajes, lo que guardan las apariencias. Y entonces hay que lidiar con eso, porque los actores te dicen “qué vamos a hacer con esto que no pasa nada”. El desafío nuestro es ayudarlos a mirar esos conflictos desde un lugar determinado, que puedan hacer otras lecturas, que puedan acercarlos al presente de algún modo. El gran desafío fue cómo pensamos hoy el teatro de Chejov, cómo lo acercamos a este tiempo, cómo lo volvemos contemporáneo, más allá de que yo creo que es muy contemporáneo. Eso implica todo un ejercicio que está bueno que podamos hacer.

—¿Trabajaron con algún texto en particular?

—No. Más allá de que hay muchos conflictos y personajes dando vueltas, fueron disparadores para las improvisaciones: tomamos como concepto de trabajo algo que es muy chejoviano y que tiene que ver con lo que pasa con las apariencias y al mismo tiempo lo que pasa internamente en el personaje. Eso es muy teatral y muy interesante de trabajar; es esta especie de desavenencia entre lo que se dice y lo que se guarda. En la obra, se refleja esto de que la gente se la pasa comiendo, porque sucede todo en Navidad, y mientras comen, se van trazando sus destinos casi sin que lo noten.

—Como decía John Lennon, “la vida es eso que pasa mientras hacemos otra cosa”…

—Exactamente, esa frase apareció en las improvisaciones, y es muy fuerte tomar conciencia de que es realmente así, y la comida de Navidad es un fuerte ejemplo de eso: todos comen a la vez, todos hablan a la vez, y pareciera que nadie se escucha, que es como un momento ideal para tapar los problemas y hacer de cuenta que todo está bien. De todos modos, sabemos que no es así.

—“Demasiada familia” es un trabajo que surge de un taller, pero además aparece como la primera propuesta de un grupo, Puertas Adentro ¿Esta variable implica la creación y continuidad de trabajo de este grupo?

—Si pienso en los talleres de teatro que llevamos adelante desde hace años con (la directora y docente) Claudia Piccinini, puedo decir que yo, casi en forma natural y por otras ocupaciones, me he volcado en este último tiempo a la coordinación de los talleres de alumnos avanzados. Una de las cosas que más me interesó, a partir de este cambio, fue llegar a poder concretar una producción, algo difícil por distintos motivos. Este es el grupo con el que cerramos el taller en 2009, y con el que hicimos un trabajo de investigación sobre la obra de Chejov, y ahí vi que había un material que podía pasar a una instancia superior.

—¿Cuál era la idea fundante cuando ya tenías las escenas?

—La idea era llegar a una puesta, algo que no alcanzamos a fin del año pasado, y entonces la propuesta fue seguir trabajando en las articulaciones y en integrar los tiempos de las diferentes escenas que habían surgido, que tenían un valor por sí mismas pero que había que integrarlas a una totalidad. El proceso siguió todo este año, hasta que abordamos la puesta que estrenamos esta noche, Demasiada familia.

—¿Es una iniciativa del trabajo del taller que los talleristas se integren como grupos?

—En nuestro casi sí, porque por ejemplo está la gente de El Eslabón Perdido, o lo que nosotras llamamos la “línea joven”, que es un grupo que creamos nosotras pero que sigue trabajando (Cena para cinco remake, Monoambiente), o el grupo Absurdo Berretín (No desearás, Intrascendente), y ahora Puertas Adentro. Creo que somos buenas formadoras de grupos, en el sentido de poder, sin ningún egoísmo, darle a la gente las herramientas para después decirles “salgan y hagan su propia experiencia”. Nosotras lo tomamos como algo natural, incentivamos a la gente y les decimos: “Se puede producir, salgan y hagan sin esperar nada, ni siquiera plata de un subsidio”. El hecho de estar en el rol docente, ya sea en los talleres particulares o bien en las escuelas de teatro, implica tener conciencia de que hay una generación que te está mirando, que ven que producimos cosas y que quizás ven eso como algo imposible; bueno, está en nosotras alentarlos para que produzcan, que hagan, se manden, estudien y que producir una obra teatral es posible.

—En ese sentido, ¿pensás que la dinámica de grupo se puede volver salvadora?

—Claro, es así, y también hay mucha gente que sigue con la fantasía de que va a aparecer un productor que te va a convocar y te va a pagar por tu trabajo. Ojalá fuera así, pero yo creo que eso no va a pasar, y sí creo que en un grupo de trabajo numeroso, como pasa con éste donde somos más de doce personas, se pueden potenciar los conocimientos de cada uno en función del objetivo a alcanzar. Se trata de degenerar confianza en el saber que tiene cada uno, porque hay muchísima gente estudiando teatro dentro del sistema no formal que tiene ganas de hacer cosas, del mismo modo que aquellos que se profesionalizan en las escuelas de teatro, y creo que hay que incentivarlos para que se animen a producir. En los talleres, la cosa está dividida: hay gente que llega porque le gusta actuar, hay otros que vienen buscando otras cosas y se quedan con eso, y otros que, buscando otra cosa, descubren algo que los maravilla, se les empieza a encender una pasión, y se trata de un mundo nuevo del que no podrán alejarse nunca más. Algo de eso fue lo que me pasó a mí, cuando hace muchos años, siendo muy chica, entré al grupo Litoral y conocí a Norberto Campos, una experiencia que no olvidaré nunca más y que me marcó para siempre.

viernes, 4 de junio de 2010

Una familia matriarcal que entró en quiebra



El domingo, a partir de las 21, en el Centro de Estudios Teatrales (San Juan 842), se conocerá para el público “Mujeres de ojos negros”, espectáculo en el que actúan Romina Tamburello y Camila Olivé, bajo la dirección de Paola Chávez

Por Miguel Passarini
Lo que en principio apareció como una secuencia de improvisación en uno de los talleres que lleva adelante la dramaturga, directora y docente Romina Mazzadi Arro (Hijos de Roche), se convirtió, en 2009, en una obra teatral que además fue premiada en la última edición de Coproducciones Municipales. Se trata de Mujeres de ojos negros, pieza conocida la semana pasada en una función para la prensa, que vuelve sobre un tema remanido en el teatro argentino (y universal), pero que, sin embrago, aquí traza una diagonal en relación con el vínculo madre e hija, problemática que, quizás, tenga uno de sus puntos culminantes en la dramaturgia criolla con la potente De profesión maternal, de Griselda Gambaro.
Ahora, un joven equipo que lleva adelante (a pedido de las actrices) Paola Chávez, quien de este modo debuta en la dirección, concretó un espectáculo en el que el humor coquetea con el drama sin llegar a la tragedia, merced al estupendo trabajo de las actrices Romina Tamburello (quien además tuvo a su cargo la dramaturgia) y Camila Olivé. “Básicamente, la obra habla de la relación de una madre con su hija, pero también de las relaciones entre las mujeres en general, porque se pueden hacer otras lecturas a partir de ese vínculo que aparece a primera vista; podrían ser madre e hija, pero también hermanas o amigas. De todos modos, más allá de la temática, no es un espectáculo que pretenda ser feminista o trabajar lo femenino desde una óptica determinante, nos perece muy interesante que vengan a verlo mujeres y hombres, porque lo masculino, aunque desde otro modo, también aparece fuertemente marcado en este trabajo. Tanto es así, que lo masculino (el padre), podría entenderse como una especie de salvación para esta hija sometida por su madre”, expresó Chávez en un diálogo con El Ciudadano acerca del espectáculo que se presenta los domingos de junio y julio, a las 21, en el CET (San Juan 842), y que el próximo viernes, a las 21.30, realizará una función con entrada gratuita en La Comedia (Mitre y Ricardone), en el marco del ciclo de Obras Premiadas Coproducciones 2009.
“Las actrices comenzaron a trabajar la propuesta en el taller de Romina Mazzadi Arro, y en un comienzo se trataba de un monólogo escrito y actuado por una de ellas. Luego me convocaron para dirigirlo, y yo aclaro que, como soy actriz, mi trabajo fue pensar igualmente en el lugar de la actuación pero estando fuera de la escena, lo que en principio supone un modo de dirigir que me sirvió para poder llevar adelanto el trabajo. Creo que la convocatoria tuvo que ver con mi paso por algunos espectáculos como actriz (Mirta muerta, Blut! una pareja de sangre, ambos del grupo Pata de Musa), y entonces me llegó la propuesta casi como un regalo. A partir de ese momento, entre las tres, empezamos a tramar lo que se ve hoy: la historia de estas dos mujeres que viven dentro de un mundo cerrado, que se parecen tanto aunque intenten o crean ser diferentes, y que permanecen juntas dentro de esa «casita». Pero también se está hablando de la disfuncionalidad de los vínculos, de la espera del padre que parece no saber que tiene una familia, de la niña que está como marcada para repetir una historia trágica mientras espera la llegada de un hombre idealizado”, contó la directora acerca de la génesis de Mujeres de ojos negros, propuesta que acciona sobre un conflicto roto, deteriorado, que tiene un antecedente en la relación de la madre con su progenitora, quien aparece a través del teléfono, dejando en claro que esta especie de herencia de “ojos negros” tiene una prehistoria.
Con relación al registro de actuación y a un modo de relato en el que se juegan ciertos elementos de un teatro que no reniega de la ficción dentro de a ficción, la directora expresó: “Partimos de la idea de lo femenino en un sentido más amplio que el vínculo que se ve en escena, y en eso estamos mucho las tres, porque todo lo que fue surgiendo en la obra fue apareciendo, más allá de la idea previa, en las improvisaciones. Y como pasa siempre cuando uno improvisa, el mundo propio, lo que uno tiene más cerca, se filtra. Además, en nuestras historias personales, familiares, lo femenino, lo matriarcal, también es muy determinante. Por eso, pequeñas cosas de las historias de cada una de nosotras, conviven hoy dentro del espectáculo”.
Chávez opinó finalmente respecto de la recepción que han tenido por parte del público y de lo que en ciernes parecía trágico pero que estalla en comicidad en la platea, más allá de que la risa sirva (como ya se sabe) como vía de escape ante ciertas aristas en la que el espectador se puede ver reflejado. “La verdad es que no pensábamos que la gente se iba a reír tanto, independientemente de que nosotras nos reímos mucho en las etapas de improvisación porque aparecían cosas de nuestras infancias muy graciosas, o que hoy nos dan risa, a lo que se sumó el cambio de roles que ambas hacen dentro del contexto de la obra. También buscamos, de algún modo, la risa como distensión porque se trata de una historia que por momentos puede volverse bastante oscura. Sin duda, y por suerte, las primeras que pudimos reírnos de lo terrible que resulta el vínculo entre esta madre y su hija, fuimos nosotras”.

jueves, 3 de junio de 2010

Recorte de la última producción


Cuatro propuestas estrenadas en las últimas temporadas se suman entre hoy y el domingo a la profusa cartelera local. Se repondrán “El hablante”, de David Farías, y “Mal de ojo”, de Juan Hessel, además de las versiones locales de “La pecera”, de Ignacio Apolo, y “Comedia sin título”, de Lorca


Por Miguel Passarini

Una serie de reposiciones teatrales se sumarán entre hoy y el domingo a la cartelera local con una diversidad poética que podría entenderse como un recorte posible de la última producción teatral independiente rosarina, en el marco de un año en el que el teatro intenta mejorar su calidad, cantidad y convocatoria, con una profusa cartelera cada fin de semana que supera la veintena de espectáculos entre salas y bares-teatro.

Es así como esta noche (y los restantes viernes de junio), a las 21.30, en La Nave (San Lorenzo 1383), el grupo Punto 0 Teatro presentará El hablante, propuesta que cuenta con la actuación de Ricardo Arias y dramaturgia y dirección de David Farias.

“La palabra es hoy un organismo parasitario que invade y daña el sistema nervioso. El hombre moderno ha perdido la alternativa del silencio. Intenta lograr diez segundos de silencio interior, encontrarás un organismo resistente que te fuerza a hablar. Ese organismo es la palabra”. El texto de William Burroughs fue clave en la construcción de esta propuesta que volvió a juntar a dos ex integrantes del recordado grupo La Troupe (Arias y Farías), que dirigió Marta Subiela.

El hablante es un espectáculo difícil de definir en términos formales, más allá de lo arbitrario que resultan hoy los rótulos que determinan qué es danza, qué es teatro y qué danza-teatro. Según Farías, la consigna, “fue no ofrecerle resistencia a la palabra; hay aquí un impulso de habla que nos empuja hacia diversos relatos, a múltiples sentidos. Una línea de fuga, una línea de texto redundante que se alimenta de sí misma, como un bailarín que se deja llevar por el movimiento”.

También esta noche, a las 22, regresará al CET (San Juan 842) Mal de ojo, de Juan Hessel, con las actuaciones de Silvia Ferrari, Adriana Frodella, Gustavo Castilla, Lucrecia Zamboni y María Romano. Mal de ojo, uno de los mejores trabajos estrenados en la ciudad en los últimos años (se conoció en 2008), discurre en la interioridad, tanto en la de sus personajes como en la de un mundo interior, el living de una casa de clase alta ubicada en Colastiné, en el interior de la provincia de Santa Fe, donde se desnudan conflictos que, bajo toda condición, sólo pueden ser narrados a puertas cerradas.

Es así como varias “texturas interiores” conviven en Mal de ojo, un espectáculo inusual, original, que a nivel narrativo se debate entre la belleza y la atrocidad, entre el deseo y el odio y entre el humor y la congoja. En Mal de ojo hay una muerte que no se ve pero se percibe. Acaban de sepultar al fotógrafo Enrique Torcuatto, nunca se sabrá de qué murió, aunque las pistas estarán allí y la necrológica podrá leerse en el programa de mano. Tras la tragedia, los más allegados se encontrarán en la casa del fotógrafo. Allí se cruzarán su viuda, María Luisa, la cuñada de ésta, Ruth, y tres jóvenes: Albertina, una niña-mujer devenida en aprendiz a quien Torcuatto atribuida una mirada “poco terrenal” (“tu mirada no es de este mundo”, le decía); Angélica, sobrina y “amiga” de la hermana del fotógrafo, y un joven, Javier, enamorado de la aprendiz, que se muestra confuso, aunque decidido a ocupar el rol masculino en un mundo que es dominado por mujeres.

Por su parte mañana, a las 21, regresará al Cultural de Abajo (Entre Ríos y San Lorenzo) La pecera, texto del dramaturgo porteño Ignacio Apolo en versión del grupo Tablas Rodantes. Con las actuaciones de César Artero y Pablo Pagliaretti y bajo la dirección de Nicolás Jaworski, en La pecera, dos adolescentes bajan al sótano del colegio al que asisten, subyugados por la escena que La Correa, profesora de matemáticas, les ofrece (sin saberlo) a través de una grieta en la pared cada vez que ingresa al baño. Convertidos en voyeurs, Leto (el líder) y Pescado (el tonto), despliegan ante semejante espectáculo sus propias fantasías y deseos, en una edad en la que la definición sexual suele no estar resuelta. Es así como los encuentros en el sótano son disparador de un desafío entre ambos que servirá para demostrar la virilidad ante la mujer, lo que desatará una tragedia (al menos un hecho violento) en el momento en que decidan salir a la superficie y “enfrentarla”.

Ganadora de uno de los proyectos de Coproducciones Área Teatro de la Secretaría de Cultura municipal 2006, La pecera habla del desamparo, de cierta disociación entre el deseo y la realidad propia de la edad, quizás porque Apolo (Genealogía del niño a mis espaldas, Rosa mística), su autor, integra la generación que transitó la escuela primaria durante los años de la dictadura militar y eso se refleja en el texto y en la puesta de Jaworski: un mundo subterráneo, el mal que puede estar en todos lados y la sexualidad diferente como un “problema”.

Finalmente, entre otros trabajos que se repondrán el fin de semana a los que se sumarán un par de estrenos, aparece nuevamente Comedia sin título, la célebre pieza inconclusa de Federico García Lorca sobre la representación dentro de la misma obra, en versión de Matías Martínez, que realizará una serie de funciones los domingos, a las 20, en La Comedia (Mitre y Ricardone). Con Naum Krass, Miguel Franchi, Mario Vidoletti, Tito Gómez, Mirta Maurizi, Judith Ganon, Luciano Matricardi, Martín Fumiato y Omar Romero, la puesta de Martínez respeta los personajes y la estructura original, “en tanto secuencialidad de relato”, según señala el director, quien agrega: “Pero nos tomamos la libertad de poder jugar con pasajes en los cuales hacemos hincapié en aquello que nos proponemos mostrar y demostrar con este espectáculo. Por un lado, el viejo artificio del «teatro dentro del teatro» y, por el otro, que al igual que la convención teatral (pacto entre actores y público), todo vínculo entre las personas está teñido de artificio y enmascaramiento”.

martes, 1 de junio de 2010

Iluminados por el flash


Todos los viernes de junio, a las 22, se presenta nuevamente en el CET (San Juan 842), "Mal de ojo", de Juan Hessel, con las actuaciones de Silvia Ferrari, Adriana Frodella, Gustavo Castilla, Lucrecia Zamboni y María Romano. Después de varias temporadas, sigue siendo uno de los mejores trabajos estrenados en la ciudad en los últimos años. Si no lo vieron, no se lo pierdan. Lo que sigue, una reseña.


Por Miguel Passarini

El mítico artista francés Henri Cartier-Bresson, padre de la fotografía contemporánea, hablaba, a la hora de referirse a su trabajo, de “la magia de un instante”, el del “click”, algo que en muchos de sus retratos le permitió develar el interior desconocido de sus personajes. Aunque resulte lejano, el último espectáculo del director rosarino Juan Hessel, estrenado en 2008, recuerda a Cartier-Bresson. Sucede que en Mal de ojo, Hessel discurre en la interioridad: tanto en la de sus personajes como en la de un mundo interior, el living de una casa de clase alta ubicada en Colastiné, en el interior de la provincia de Santa Fe, donde se desnudan conflictos que, bajo toda condición, sólo pueden ser narrados a puertas cerradas.

Es así como varias “texturas interiores” conviven en Mal de ojo, un espectáculo inusual, original, que a nivel narrativo se debate entre la belleza y la atrocidad, entre el deseo y el odio, entre el humor y la congoja, pares dialécticos que han marcado gran parte de la obra de Hessel con recordados trabajos como Almas fatales, Naturaleza muerta y Territorio falso, aunque ahora consigue equilibrar todas las poéticas que atravesaron sus propuestas anteriores para alcanzar momentos en los que prevalece una impronta propia, extremadamente personal.

En Mal de ojo hay una muerte que no se ve pero se percibe. Acaban de sepultar al fotógrafo Enrique Torcuatto, nunca se sabrá de qué murió, aunque las pistas estarán allí y la necrológica podrá leerse en el programa de mano, donde se adelanta que el occiso “murió a el 23 de agosto, a las 15.45, a los 51 años, luego de una extraña enfermedad”. También dice que “en sus últimos años, se destacó como un eximio fotógrafo”. Y agrega: “Será recordado con ahínco por su única serie de fotografías llamada «Misterios de Colastiné», obra que se expone actualmente en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación”.

Tras la tragedia, los más allegados se encontrarán en la casa del fotógrafo. Allí se cruzarán su viuda, María Luisa, la cuñada de ésta, Ruth, y tres jóvenes: Albertina, una niña-mujer devenida en aprendiz a quien Torcuatto atribuida una mirada “poco terrenal” (“tu mirada no es de este mundo”, le decía); Angélica, sobrina y “amiga” de la hermana del fotógrafo, y un joven, Javier, enamorado de la aprendiz, que se muestra confuso, aunque decidido a ocupar el rol masculino en un mundo que es dominado por mujeres.

Así, casi al mismo tiempo que coincidirán que “entre el dolor y la maldad hay una relación posible”, lo avieso se apoderará de la escena.

Sucede que en las obras de Hessel late algo ominoso: un estado de malignidad convive en el cuerpo de sus personajes casi con la misma proporción que lo hacen el deseo y una cierta candidez.

Qué quiere cada una de estas mujeres, cuáles son sus reales intereses por encima de la vieja cámara alemana que cada vez que es disparada provoca en aquellos que están dentro del encuadre un estado de éxtasis, son sólo algunos de los interrogantes de este espectáculo, que se vale de una dramaturgia aunque lejana desde lo formal, cercana desde los climas a los cuentos de Silvina Ocampo que le sirvieron a Hessel como disparadores de trabajos anteriores.

Pero ahora, lejos de cierta solemnidad y sincretismo de aquellos, Hessel se permite jugar con un humor ilógico, que sorprende, a la vez que mantiene el estado al que gusta llevar a sus personajes, que va de la excitación más elevada al más profundo desamparo. Además, Hessel ironiza sobre ciertos valores, del mismo modo que pone en tela de juicio la ideología de sus personajes, algo que quedará en evidencia en el accionar de Javier, al que tildarán de “comunista infiltrado” mientras éste cuida que no se dañe su impoluta chomba Lacoste.

El gran sustento de Mal de ojo son las actuaciones. Un elenco integrado por dos actrices que conocen la “impronta Hessel”, como Adriana Frodella (Naturaleza muerta) y Silvia Ferrari (Almas fatales), se potencia con la presencia de los jóvenes Gustavo Castilla, Lucreacia Zamboni y María Romano, de los cuales se destaca esta última por su complejo personaje, a mitad de camino entre una especie de “niña santa” llorosa y una mujer volcada al vicio. El espectáculo suma también un escalón más en el historial del director a nivel de puesta, a lo que se suma un claro trabajo de Juan Carlos Rizza en relación con el diseño lumínico, que aporta dramaticidad al mismo tiempo que, en algunos pasajes, se revela como gran protagonista.

Para el colofón, los acordes de “Un gato en la oscuridad”, clásico de todos los tiempos de Roberto Carlos, terminarán por teñir de kitsch el clima que emerge por momentos y sobre todo en los barrocos pasajes finales, en los que los extasiados personajes no podrán resistirse a ser “iluminados” por el flash.

domingo, 30 de mayo de 2010

Teatro rosarino premiado


Se pone en marcha el martes, en diversos escenarios de la ciudad, con entrada libre y gratuita, un clásico en el cronograma teatral local. Se trata del ciclo de espectáculos, de estéticas y poéticas diversas, que fueron ganadores en 2009 de los Proyectos de Coproducciones Municipales

Por Miguel Passarini
Un clásico de cada año en el cronograma teatral local, la muestra de las obras premiadas por el proyecto de Coproducciones Área Teatro de la Secretaría de Cultura Municipal, se pondrá en marcha el martes, en diversos escenarios de la ciudad, con entrada libre y gratuita.
Convertido en una plataforma de despegue para grupos o creadores que encuentran en el subsidio la posibilidad económica para terminar de dar forma a sus trabajos, teniendo en cuenta factores que suelen quedar afuera como cuestiones ligadas a la producción y/o difusión, el ciclo tendrá este año la particularidad de desarrollarse, también, en ámbitos alejados del centro rosarino, con la saludable intención de acercar el teatro a lugares donde no suele llegar.
Organizado por la Dirección General de Programación de Artes Escénicas de Secretaría de Cultura, el concurso, propone este año un interesante mosaico de obras que van desde la adaptación de clásicos hasta creaciones colectivas, pasando por el infantil o la llamada nueva estética circense.
Los subsidios, surgidos del Fondo Municipal de Cultura, fueron instituidos, según se adelanta, “para estimular la producción de proyectos de artes escénicas de nuestra ciudad, y está destinado a los montajes que demuestren creatividad y solvencia en el trabajo teatral actual”.
La programación comenzará mañana, a las 18, en la Vecinal Parque Regional Sur (Aguirre 6050), con el estreno de Pajaritos (cruce de tragedias), con dirección de Cristián Cutró, al frente del grupo Theorematos. La propuesta, entre otras cosas una versión libre de Tito Andrónico, de Shakespeare, cuenta con las actuaciones de Jonatan Cizmas, Nadia Grisetti, Elena Llonch, Emiliano Pino, Julieta Hemmerling, Damián Ignacio Valdés y Natalia Esquenazi.
Por su parte, el jueves a las 10, en el Centro Municipal Distrito Oeste (Avenida Perón 4602), se podrá ver Mujeres de ojos negros (foto), con dirección de Paola Chávez, espectáculo que esta noche tiene su función para prensa en la sala CET (San Juan 842), donde continuará en cartel los domingos de junio y julio. La propuesta cuenta con las actuaciones de Romina Tamburello (también a cargo de la dramaturgia) y Camila Olivé. Según se adelanta, Mujeres de ojos negros, propone “una mirada irónica sobre las relaciones femeninas, y desanda los vínculos de dos mujeres en el contexto de una familia matriarcal a punto de romperse”.
El viernes 4, a las 20, en el Centro Municipal Distrito Noroeste (Provincias Unidas 150 bis), será el turno de la muy recomendable versión de la obra Sacco y Vanzetti, de Mauricio Kartun, con dirección de David Edery, al frente del Colectivo Teatral Sietelocos, que realizó una exitosa temporada en el Teatro Municipal La Comedia. La puesta de Edery cuenta con las actuaciones de Miguel Franchi, Pablo Coppa, Liliana Belinsky, Patricia Pareja, Roberto Chanampa, Carlos Soto Payva, Eduardo Vercelli, Sergio Garfinkel, Raul Santangelo, Gloria Bussano, Raúl Luna Tubio y Miguel Chiaudano (ver http://puroteatrorosario.blogspot.com/2010/04/la-revolucion-de-las-palabras.html).
El sábado 5, a las 11, en la plaza Pringles (Pasaje Álvarez y Presidente Roca), se conocerá Capot Capot, con dirección de Miguel Bosco y Esteban Goicoechea, espectáculo del prolífico grupo Pata de Musa Teatro, que cuenta con las actuaciones de Paola Chávez, Nicolás Marinsalta, Carlos Rossi y Ariel Hamoui.
El jueves 10, a las 9, 11, 14 y 16, en el La Comedia (Mitre y Ricardone), será el turno de Baltracio, el infantil, con dirección de Facundo Fernández, un espectáculo ya estrenado en La Manzana, pensado para lo más chicos, con las actuaciones de Andrés Martorell, María Eugenia Santamaría, Nicolás Frete, Laura Cardinali y Victoria Madariaga.
Por su parte, el viernes 11, a las 21.30, tendrá su función en La Comedia la referida Mujeres de ojos negros, al tiempo que el sábado 12, en el mismo horario, regresará a ese escenario Sacco y Vanzetti, poco antes de sus presentaciones en la ciudad de Santa Fe.
El viernes 18 de junio, a las 22 en el CEC (Sargento Cabral y el río), se presentará el espectáculo de circo-teatro Desoleadas, que sábado y domingo se conoció en el mismo ámbito (ver http://puroteatrorosario.blogspot.com/2010/05/mujeres-desoleadas-sin-miedo-la-soledad.html). Tras el éxito de Sonus, Kúmulus Limbus ofrece ahora un trabajo del que participan Lucia Quiroga (trapecio), Estefanía Caminotti (clown) y Julia Lamas (tela, canto y danza), acompañadas por los músicos Nicolás Tomé (teclado y loops), Gabriel Coronel (contrabajo, banjo) y Fernando Miño (percusión), bajo la dirección de Vicky Olgado.
El sábado 19, a las 22 en el CEC, se podrá ver nuevamente Pajaritos, mientras que el domingo 20, a las 22, en el mismo ámbito, ofrecerá una segunda función Desoleadas.
El jurado de la edición 2009 de Coproducciones Municipales estuvo integrado por el actor y director rosarino radicado en Jujuy, Rodolfo Pacheco; el actor y director porteño Damián Dreizik, el crítico teatral local Julio Cejas (Rosario 12) y las directoras teatrales locales Claudia Piccinini y Patricia Martinelli.

viernes, 28 de mayo de 2010

Mujeres “Desoleadas”, sin miedo a la soledad



ESTRENO CIRCO-TEATRO. Mañana y el domingo, en el Centro de Expresiones Contemporáneas (Sargento Cabral y el río), Kumulus Limbus presenta su nuevo espectáculo, premiado en Coproducciones 2009. También se podrá ver viernes 18 y el domingo 20, a las 22.





Por Miguel Passarini
"La soledad no siempre es un lugar oscuro del que no se puede salir”. Con estas palabras, la actriz, clown y cantante Estefanía Caminotti sintetiza el alma de Desoleadas, nuevo espectáculo de la compañía local de circo-teatro Kumulus Limbus (Sonus), que se conocerá este fin de semana en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC, Sargento Cabral y el río).
La propuesta conjuga en un mismo espacio escénico teatro, circo y música, mundos que navegan a través de diferentes maneras de hablar de la soledad, merced a las miradas de tres mujeres que, en cada caso, están acompañadas por un músico y un instrumento en particular, con los cuales, según adelantan, “comparten sus desvelos”.
Tras el éxito de Sonus, espectáculo con el que grupo sumó un escalón más en relación con sus propuestas anteriores, Kumulus Limbus ofrece un trabajo del que participan Lucia Quiroga (trapecio), Estefanía Caminotti (clown) y Julia Lamas (tela, canto y danza), acompañadas por los músicos Nicolás Tomé (teclado y loops), Gabriel Coronel (contrabajo, uquelele y banjo) y Fernando Miño (percusión), todos bajo la dirección de Vicky Olgado, quien integró los fragmentos de una propuesta surgida como creación colectiva que en 2009 recibió uno de los subsidios de los proyectos de Coproducciones Área Teatro de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario.
“Cuando pensamos en el nombre de la obra, surgió este juego de palabras, porque pretendíamos que desde el nombre ya estuviese sugerida la temática: Desoleadas habla de las soledades individuales pero también de las soledades compartidas, e intentamos con este trabajo desmitificar esto de que la soledad es un lugar terrible, oscuro, un hueco del que no se puede salir”, contó Caminotti al diario El Ciudadano en relación con el singular nombre del espectáculo que remite a algo infecundo, solitario (desolado), pero al mismo tiempo, que acontece a la luz del sol.
Respecto de la estética sobre la que trabaja el grupo, la actriz y clown detalló: “Intentamos desde un comienzo trabajar a partir del cruce de lenguajes, donde circo, danza, actuación y ahora música en vivo, tienen una fuerte presencia, pero sin perder de vista que lo que nos interesa es que los trabajos tengan una impronta fuertemente teatral, que el lenguaje sirva, más allá de una demostración de cierta destreza, para contar algunas cosas que tenemos ganas de contar, y no quedarnos en el puro efecto. Lo que siempre buscamos es, con nuestras herramientas, poder expresar una sensación, un sentimiento, contar una historia”.
Buscando describir lo concreto del espectáculo, la actriz explicó: “Es una propuesta estructurada a partir de solos que hablan de la soledad, somos tres protagonistas y cada una cuenta con el acompañamiento de un músico en particular, al tiempo que los músicos, luego, se integran como banda en el resto del espectáculo”.
Caminotti habló finalmente del buen momento que la estética circense atraviesa en la ciudad. “Hace muchos años que se viene trabajando desde espacios como la Escuela de Artes Urbanas y desde los talleres y espacios particulares, y creo que en este momento, lo recorrido está dando sus frutos: hay mucha gente interesada en la estética, algo que a los que venimos trabajando nos pone muy felices, incluso Rosario se transformó en un importante espacio de formación tanto dentro del circuito nacional como internacional”.