“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




sábado, 25 de febrero de 2012

“Para mí el humor es una forma de militancia política”




FENÓMENO. El talentoso Horacio Sansivero, reciente ganador del premio Estrella de Mar al mejor espectáculo de humor grupal de la temporada, habla de su alter ego, Mariquena del Prado, y de lo que pasa cada noche en una sala de Mar del Plata con uno de los personajes más queridos del medio artístico local

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del sábado 25 de febrero de 2012)
Casi con la misma avidez con la que abrazó hace muchos años la profesión de actor (es egresado 1992 de la Escuela Provincial de Teatro), el rosarino (aunque nació en Firmat) Horacio Sansivero arremete cada noche desde su más famoso alter ego, Mariquena del Prado, contra la mala onda y la mediocridad, poniéndole a todo la alegría que caracteriza a un personaje al que define como “una muñeca o una animadora infantil, en un contexto de adultos, sin llegar a ser un travesti o una mujer”.
Mariquena del Prado y el club de las capocómicas es el espectáculo que el actor lleva adelante, al frente de un importante equipo artístico, en la presente temporada marplatense (en el Teatro del Ángel, en el corazón de la peatonal Rivadavia de Mar del Plata) y por el cual, hace un par de semanas, se llevó el Estrella de Mar al mejor espectáculo de humor grupal.
En una larga entrevista que mantuvo con El Ciudadano, Sansivero, que junto a Sergio Escobar (Mimí Nervios) fue el mentor en los años 90 del inolvidable espectáculo de humor Mimí y Mariquena en Berlín (marcó una bisagra en las propuestas generadas para espacios alternativos) y juntos protagonizaron, bajo las órdenes de Jorge Dunster, el imborrable Bordeaux (Los nudos del Doctor Duboise), habló del premio, de su carrera y del presente, en el que el humor se le revela como una clara forma de militancia.
—¿Qué genera en un actor como vos un premio como el Estrella de Mar, que tiene un espectro tan amplio en relación con todo lo que convive con ese galardón?
—Generó pura alegría y lo digo sabiendo que es una obviedad, pero vale la pena decirlo. De todos modos, hay cosas puntuales que me pasan que son las que pongo en primer plano: la primera es que como hace muchos años que hago este personaje, es la gente la que premió mucho antes a Mariquena del Prado, y lo sigue haciendo, porque en estos años he vivido experiencias de cariño muy profundas con el público. Mis presentaciones son muy festivas, de hecho trabajo mucho en fiestas, y hasta el momento, me desequilibraba un poco la cabeza que la gente me premie tanto con su aplauso y la prensa no lo haga. Entonces, lo primero que generó el premio es una especie de sensación de equilibrio. Por primera vez, público y prensa estuvieron en concordancia, al menos en lo que a mi trabajo respecta.
—¿Sentís que el premio te abre nuevas puertas en Buenos Aires?
—Eso es a diario, y sobre todo porque hace muy poco que estoy en Buenos Aires intentando insertarme, y estas dos nominaciones (también estaba nominado a mejor labor cómica masculina), más el premio, me han dado un empuje interesante.
—¿Cómo hacés para resignificar el humor de modo tal que Mariquena del Prado siempre esté vigente, siempre tan al tanto de todo?
—Uno puede elegir hacerlo o no, o en todo caso, sortearlo con ingenio y creatividad. Y yo trato de hacer eso, porque tengo claro algo muy sencillo y que me guía: yo hago humor. Aunque sea chiquito, humor; aunque sea poquito, humor; aunque sea desconocido y esté en un cumpleaños de 50 en un barrio de la zona sur en Rosario, un jueves a las 3 de la mañana animándolo, siempre hago humor. Y si estuviese en la tele en el espacio que fuese, haría lo mismo. Porque además, eso tiene que ver con el trabajo. Hacer humor es trabajar. Y yo defiendo y fomento el trabajo teatral. El universo de Mariquena siempre pareció un universo de improvisaciones y azahares, y te aseguro que no lo es. Incluso hace añares, cuando empezamos con Mimí (Sergio Escobar), la gente presuponía que improvisábamos todo, y era todo lo contrario. Es más: trabajábamos el doble, porque guionábamos, pero trabajábamos para que parezca improvisado.
—Eso es militancia con el trabajo del actor, con el oficio…
—Es que así me gusta el teatro: el todo por el todo, al ciento por ciento, porque me gusta lucharla de verdad, me da placer remarla. Y eso me identifica con el país que quiero y con lo que está pasando: para mí el humor es una forma de militancia política. En Mar del Plata, repartimos volantes tres horas por día, antes de cada función, para llenar el teatro, y me fascina hacer eso y sacarme miles de fotos en la peatonal y charlar con la gente. Me encanta trabajar y me encanta que la gente vea que estamos trabajando. Eso también es hacer política, en este caso, de una manera alegre y feliz.
—En esta, como en otras temporadas, la remaste para llenar el teatro y hoy podés jactarte de ser el único “factótum” de “Mariquena del Prado y el Club de las capocómicas”. De todos modos, ¿la profesionalización definitiva exige la aparición de la figura del empresario o estás dispuesto a seguir siendo tu propia empresa?
—Empresarios siempre hay, de hecho, ahora estoy trabajando con uno. Pero lo que estoy haciendo en esta última etapa es profesionalizar definitivamente a Mariquena del Prado como una marca, como un producto, más allá del trabajo artístico; por eso busco darle una entidad “comercial”, hacer marketing, aunque tengo muy claro que Mariquena fue, es y será mi propia empresa, más allá de que por ahora sea sólo una Pyme (risas). Y mirá qué interesante: hasta en eso uno podría encuadrar lo artístico como un hecho político, porque se trata de armar un grupo de trabajo, delegar responsabilidades, confiar. Eso es lo que hago desde hace unos años con el personaje y con los espectáculos: armo equipos de trabajo y siempre, al empezar, planifico lo mismo como premisa, vender alegría y entretenimiento y no agresión ni faltas de respeto, ni vulgaridades. Yo me siento en sintonía con este momento social y político de nuestra historia más allá de que ocupe el lugar de alguien que entretiene y genera carcajadas en el público. Entonces, todas las inquietudes, desde cómo será el show, lo que hacemos, si el personaje es o no un travesti, o si lo pueden ver los niños, pasa todo a un segundo plano porque confían en la mirada, en el afecto que les estás dando cuando los invitás en la calle. Y después entran a la sala y se encuentran con el teatro, con actores, y eso es genial. Te abrazan, te lo agradecen y yo me siento feliz porque no estoy traicionando nada sino que estoy fomentando el teatro. En eso siento que crecí, porque convertí a Mariquena en un producto teatral muy digerible, mucho más masivo y popular, pero que no perdió su esencia.
—Una vez, Andrea Fiorino me dijo que si no te vas a Buenos Aires, en algún momento, la ciudad “te manda”. ¿Sentiste eso alguna vez o lo tuyo fue sólo una elección?
—Yo me fui a vivir a Buenos Aires hace tres años por elección, nadie me mandó a ningún lado. Me encanta moverme de acá para allá todo el tiempo. Además, mi vida laboral es así constantemente. De hecho, viajo a Rosario y a diferentes lugares del país permanentemente, y estuve todo el invierno en Termas de Río Hondo haciendo temporada. Igual, debo confesar que Mariquena del Prado y Rosario son un mismo sentimiento. Me encanta la gente de Rosario, hay algo muy especial y único con el público.
—Más allá de que hace muchos años que te merecés una gran marquesina con tu nombre en Rosario, ¿pensás que el premio posibilitará eso?, ¿será éste un “regreso con gloria”?
—¡Con gloria nada!, Tampoco soy Mariquita Sánchez de Thompson (risas). Dejemos la gloria para quienes la merecen de verdad. Y, ¿grandes marquesinas? No sé…creo que a Mariquena le encantarían, a mí no tanto. Prefiero el teatro lleno, que explote de gente, y un cartel no tan grande en la puerta, antes que grandes marquesinas con salas vacías. Me gusta la sala llena de gente riéndose a carcajadas, no hay mejor momento en mi vida que ése: el del éxtasis de los espectadores cuando se ríen. Los miro como cuando era muy chiquito y veía llorar de la risa a mi abuela y a mi tía María, y me siento satisfecho, me siento feliz.

viernes, 20 de enero de 2012

Entre el estupor y la vergüenza


DENUNCIA Y RECLAMO. La actriz y directora teatral rosarina Patricia Pareja habla de las situaciones denigrantes que vivieron elencos de todo el país, incluido el suyo, durante la reciente 51ª edición del Festival de Teatro Infantil de Necochea, encuentro que finalizó el pasado 10 de enero


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del 21 de enero de 2012)
A lo largo de su historia, el Festival de Teatro Infantil de Necochea, que recientemente llevó adelante su 51ª edición (del 5 al 10 de enero) y cuya inauguración, hace cinco décadas, contó con la presencia de la recordada María Elena Walsh, se caracterizó por ofrecer un espacio valioso a una estética que, muchas veces, es manipulada o malentendida por quienes la llevan adelante.
Sin embargo, el evento que finalizó hace 10 días, dejó como saldo más visible, y al mismo tiempo repudiable, una organización definitivamente lamentable de parte del municipio de Necochea que se sumó a una serie de irregularidades entre las que aparecen amenazas, insultos y hasta golpes a algunos de los integrantes de uno de los elencos participantes.
Así lo confirmó a este medio la actriz y directora teatral rosarina Patricia Pareja, quien participó del encuentro con su versión de la obra teatral-musical Corazón de bizcochuelo, de Enrique Pinti, de la que también integra el elenco junto con los actores locales Anabela Agostini, Christian Valci, Carlos García, Marcos Sánchez y Gloria Bussano.
“Es casi inenarrable lo que tuvimos que pasar: fuimos alojados en un lugar deplorable, que no comprendía ni siquiera las medidas mínimas de higiene; y fuimos maltratados y amenazados frente a nuestras demandas por mejoras”, relató Pareja, actriz de vasta trayectoria en el ámbito local y nacional, y responsable de una de las doce puestas elegidas, que participaron del encuentro que este año no tuvo el cierre tradicional el martes 10 de enero, tal como se esperaba, ya que los elencos se retiraron antes de tiempo frente a lo desastroso del trato recibido.
Según ratificó Pareja a este diario, ella y su elenco, como pasó con otros, fueron literalmente amenazados por la funcionaria municipal Florencia Trobo a cargo del área Cultura: “Seguí nomás, que vos estás marcada”, le dijo Trobo a la actriz, luego de acusarla de hacer “roscas” con los demás elencos, cuando lo único que reclamaban la mayoría de los participantes era un trato más humano, frente a los sucesivos desplantes de la funcionaria y su equipo de trabajo. Al cierre de la edición del festival, Trobo habría presentado su renuncia pero luego se supo que no fue aceptada, circunstancia que empaña aún más todo lo sucedido.
Pero eso no fue todo: actores del elenco de la obra teatral El mundo es mío, de Mar del Plata, que el domingo 8 por la noche cenaban en el restaurante La Guapa, fueron salvajemente golpeados por cuatro hombres que en esa ocasión y en otras anteriores, acompañaban a la referida directora de Cultura de Necochea, Florencia Trobo, luego de su intento por reclamar su comida.
Horas antes, el mismo elenco, tras la función, había leído en presencia de Trobo y su gente una carta consensuada por todos los elencos participantes donde ponían de manifiesto algunos de sus reclamos frente a las situaciones que habían tenido que afrontar hasta el momento, entre otras, la falta de comida, de agua caliente y de baños en los alojamientos, del mismo modo que la necesaria difusión para los espectáculos que había sido casi nula.
De todos modos, el elenco, conmocionado por la violencia a la que fueron sometidos algunos de sus integrantes, decidió irse de la ciudad horas después del hecho sin hacer la denuncia.
Prácticas que recuerdan los peores momentos de la última dictadura militar, la información de lo sucedido, a pesar del intento por taparla, recorrió las redacciones de diarios y agencias de noticias del país y se sucedieron comunicados de repudio y en apoyo a los actores y elencos, entre otros, uno dado a conocer por la ministra de Innovación y Cultura de la provincia, Chiqui González.
De hecho, el pasado 11 de enero, la Asociación Argentina de Actores, que ya tomó cartas en el asunto, dio a conocer un primer comunicado que lleva la firma de su flamante presidenta, Alejandra Darín, y del secretario general, Luis Alí: “La Asociación Argentina de Actores manifiesta su profundo malestar, y se solidariza dando su apoyo institucional, gremial y legal, a nuestros compañeros actores y talleristas participantes del 51º Festival Infantil de Necochea”, sostiene ese primer informe que buscó sacar a la luz lo sucedido frente a la comuna de Necochea que, más allá de todas las pruebas y testimonios, relativizó los hechos.
En ese momento y después, Trobo rechazó de plano haber tenido responsabilidad alguna en las agresiones denunciadas por los actores y sostuvo en charla con la agencia Télam: “Al dueño de La Guapa lo conozco porque Necochea es un pueblo, es una ciudad chica, y nos conocemos todos; pero en relación a lo que ocurrió yo no estuve allí y sólo sé que el domingo a la noche hubo gente ebria que comenzó a discutir y a pelearse adentro del restaurante”, expresó, tratando de poner el foco del conflicto en otro lado.
A la espera de las respuestas que no llegan, Actores hizo llegar en las últimas horas un nuevo comunicado, que ya es de público conocimiento, al Concejo Deliberante de la Ciudad de Necochea, con copia al intendente, Horacio Telechea, y a la referida directora de Cultura, Florencia Trobo, donde entre otras cosas, se detalla: “Queremos también comunicar que como nos han informado que esta situación anómala sigue sucediendo, y ante el peligro que corre la integridad física de algunos compañeros que aún permanecen en la ciudad de Necochea, la Asociación Argentina de Actores exige a las autoridades responsables que den las garantías suficientes para preservar la seguridad de nuestros compañeros. Requerimos con todo respeto, que se cite a la directora de Cultura a dar las explicaciones, se forme en su caso una Comisión Investigadora y se haga un seguimiento del conflicto a los efectos de sancionar a las personas que han incumplido con sus deberes de funcionarios públicos, y en su caso, se denuncien ante la Justicia y ante el intendente los ilícitos que se constaten, poniéndonos a su disposición para asistir a las audiencias que se dispongan para ampliar la información sobre los hechos que han llegado a nuestro conocimiento”.
Al cierre de esta edición, Trobo continuaba en su cargo, lo que se revela casi como una burla y una falta de respeto de parte de los funcionarios del municipio de Necochea y de todos aquellos que la “sostienen” en el puesto.
Las prácticas de la dictadura son condenadas hoy en la Argentina y en el mundo. En su momento, muchos artistas desaparecieron o se exiliaron ante los embates del terrorismo de Estado. Frente a todo, lo único que queda es la memoria y la justicia, que será donde, en definitiva, tendrá que dirimirse este caso, que trae tristemente al presente prácticas de un horroroso pasado.

martes, 3 de enero de 2012

La generación de un público



BALANCE TEATRO 2011 El camino de la profesionalización finalmente comenzó a ser transitado por el teatro rosarino, en un añodonde se destacaron, entre otros, trabajos como “Fraternidad”, “Ito, teatro para bebés” y “Moderna”

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 3 de enero de 2012)
El camino de la profesionalización finalmente comenzó a ser transitado por el teatro rosarino en 2011. Así, una puerta grande se abre en el presente, si es que los grupos terminan de comprender algunos factores ligados con la producción, y dentro de ese enorme apartado, con los modos y mecanismos de difusión, variantes que han demostrado ser el gran basamento de una imprescindible generación de público.
Dentro de esta variante, dos movimientos autogestionados han logrado que el trabajo sostenido genere presencia en el medio, independientemente de que luego las propuestas deban estar a la altura de las circunstancias, algo que no pasa en todos los casos.
Por un lado, un grupo no formal de nuevos creadores que rondan los 30 años y que tiene a la actriz y directora Carla Saccani a la cabeza, logró posicionar sus trabajos en la cartelera local, a base de ingenio (el uso de las redes sociales fue determinante) y creatividad, pero con la clara convicción del valor de aquello que se ofrece al público.
Así, la versión de Fraternidad, de Mariano Moro, con dirección de Saccani, pudo superar el periplo que desde comienzos de año debió soportar por los sucesivos cambios de sala, siempre apelando al ingenio y al gran trabajo de Cristian Mengoni y Carlos Chiappero, los protagonistas, quienes encarnan en escena a dos mujeres de alrededor de 50 años.
Pero el mayor mérito de Saccani y su equipo está en haber podido decodificar la impronta de un texto que, si bien está intacto, a nivel de puesta se ve enriquecido y revalorizado por el sustento dramático que suponen cientos de guiños tanto para el adentro como para el afuera del teatro rosarino, un hecho que convirtió a la puesta en uno de los éxitos del año tanto para el público como para la crítica especializada.
Del mismo modo, Sebastián Villar Rojas con Moderna, al frente del grupo Pause, ofreció un entramado entre humor bizarro y algo de tragedia, partiendo de su propia dramaturgia y con un interesante nivel de actuación. Moderna no se parece a nada de lo visto en el teatro rosarino de los últimos años, lo cual ya es un mérito en sí mismo. Una trama imbricada, llena de derivaciones, donde juegan un papel fundamental tanto la casualidad como la causalidad, lleva al espectador desde los atisbos más costumbristas de una comedia brillante (incluso con pasajes del viejo vodevil) a un estadio bizarro, atestado de una información científica difícilmente comprobable, donde aparecen como ejes dramáticos la verdad, la mentira, el amor y el fin del mundo.
Por otra parte, el prolífico colectivo Teatro en Rosario, que agrupa la producción de creadores como Gustavo Guirado, Ricardo Arias, Romina Mazzadi Arro y Esteban Goicoechea, entre algunos otros, más allá de lograr su personería jurídica y recorrer algunos festivales con sus propuestas, ultima los detalles de una revista digital destinada a la crítica y la investigación que funcionará dentro de su página web (www.teatroenrosario.com), y que se sumará a un modo colectivo de difusión de sus producciones.
Por otra parte, de sus propuestas 2011, se destaca el estreno de El miedo (dos vueltas de llave), de Esteban Goicoechea, quien pareciera haber conjugado una serie de variables relacionadas con el miedo, aunque traídas a un presente reconocible (doméstico), a partir del cual elaboró la compleja dramaturgia de la obra, que lleva adelante con un elenco concertado, integrado por Paula García Jurado, Gustavo Sacconi y Ariel Hamoui. El espectáculo resultó ganador frente a un prestigioso jurado del primer premio del concurso de obras teatrales de Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti de Buenos Aires, donde, además, se presentó con una serie de funciones a mediados de año.
Entre las singularidades del año que pasó, y alejado de todo lo conocido en materia de teatro infantil, aparece Ito, teatro para bebés, del grupo Vamos Que Nos Vamos, que dirige Carla Rodríguez, quien concretó una propuesta en la que, desde el campo de lo lúdico, se manifiesta a favor de la simpleza y la emoción, merced al gran trabajo de las actrices y titiriteras Laura Carassai y María Soledad Galván.
Partiendo de la idea de concretar una propuesta para bebés de 0 a 3 años, y luego de trabajar de modo “empírico” con su pequeño hijo Teo en el proceso creativo (desde sus 6 meses a los 2 años, y ahora con el título de “codirector”), la actriz y directora, quien lleva adelante desde hace una década el grupo de teatro infantil Vamos Que Nos Vamos, concretó una propuesta en la que lo instintivo e intuitivo es superador de todo prejuicio, en su devenir por contar la historia de cómo un pequeño gusano de nombre Ito se transforma en una colorida mariposa, dejando a su paso una estela de mensajes positivos tales como el compañerismo, la curiosidad creativa y, sobre todo, el respeto y el amor por la naturaleza.
También se destacaron en 2011 La canción del camino viejo, un proyecto de Línea de Tres que juntó el talento del actor y director teatral Miguel Franchi (El 45), junto con el de los actores Santiago Dejesús (Teatro Katástrofa) y Severo Callaci (Teatro de la Huella), del mismo modo que
Guerra fría (lejos de todo), de Juan Hessel, con las actuaciones de Jesica Biancotto, Melisa Martyniuk y Francisco Fissolo,y la versión rosarina de El secuestro de Isabelita, trabajo que implicó el desembarco en Rosario del dramaturgo y director Daniel Dalmaroni.
Si bien la puesta de Dalmaroni, que parte de una anécdota pequeña, busca reflexionar desde el humor (vaya desafío) sobre las contradicciones de la militancia en los años 70, se complejiza (para bien) en un devenir en el que intervienen cuestiones ligadas con aquel momento del peronismo (el de derecha enfrentado al de izquierda), apelando a un ejercicio de memoria en el que se pone en jaque lo ocurrido con el tamiz que implica el paso del tiempo.
De paso por Rosario, otros rosarinos brillaron en los escenarios locales. Tal es el caso de Juan Pablo Geretto, quien regresó y arrasó (en marzo y en noviembre) con su unipersonal Yo amo a mi maestra normal, una singular vuelta de tuerca sobre La Maestra, su personaje más paradigmático. Del mismo modo, pasó por el Centro Cultural Parque de España la extraordinaria versión porteña de La familia argentina, texto de Alberto Ure (estrenado en Rosario por Rody Bertol), dirigido por Cristina Banegas, con las actuaciones de los rosarinos Claudia Cantero (nominada a varios premios por este trabajo) y Luis Machín, y la porteña Carla Crespo.
Sobre fin de año, nuevamente Carla Saccani al frente de Pasillo Teatro abarrotó dos funciones preestreno de su valiosa versión de El malentendido, de Albert Camus, en la sala Lavardén. Del mismo modo, Ricardo Arias, quien se erige como uno de los pocos que se le anima a Shakespeare, volvió a tomar al Bardo como disparador para concretar Las hijas del Rey Lear, con el esperado regreso a las tablas de David Edery junto a las talentosas Vilma Echeverría, Silvia Ferrari, Elena Guillén y Claudia Schujman.
Seguramente, serán estos dos últimos trabajos, de un altísimo nivel en relación con las actuaciones y la puesta en escena, los que descollarán en la temporada que está por comenzar, sumados a una serie de estrenos y reposiciones que, en su mayoría, se esperan para marzo.
Entre las deudas que no se “pagan”, Rosario sigue sin contar con un festival de teatro propio que revele su vasta y rica producción, del mismo modo que aún se adeuda la creación de una Comedia Municipal que, a través del teatro de repertorio nacional, se convierta en el puente hacia otras propuestas más alternativas y le de trabajo a los teatristas locales. También sigue del lado de las “deudas” que las salas oficiales La Comedia (municipal) y Lavardén (provincial) programen teatro rosarino durante todo el año, donde los elencos puedan hacer sus temporadas.
De 2011, vale el intento de Marathon y El malentendido, en La Comedia y la Lavardén, respectivamente, pero todavía no alcanza. Esos espacios deberían estar destinados al teatro local: la calidad que hoy demuestra el teatro independiente rosarino en todas sus variantes amerita el arribo definitivo de sus producciones a esas salas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El sueño de la felicidad



EN PANTALLA. El actor, guionista y director Javier Van de Couter habla de “Mia”, película estrenada la semana pasada en Rosario, que cuenta con las actuaciones de Camila Sosa Villada, Rodrigo de la Serna y Maite Lanata. El film se proyectará también mañana, a partir de las 20.30, en el cine El Cairo



Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del miércoles 21 de deiciembre de 2011)
Una historia que debía ser contada: la de Ale, una travesti cartonera que un día encuentra un diario que resignifica su vida, su existencia. La extraordinaria actriz cordobesa Camila Sosa Villada, una travesti que conmovió a cada espectador que vio en los últimos años el maravilloso espectáculo teatral (enmarcado en el formato biodrama) Carnestolendas: retrato escénico de un travesti, donde cruzó a todas las mujeres “yermas” de Lorca (Bernarda Alba, Doña Rosita, entre otras) con su propia condición, realidad e historia, es la protagonista de Mia, ópera prima del actor, guionista, productor y director de cine Javier Van de Couter que el jueves pasado se conoció en los Cines del Centro, donde sigue en cartel, y que mañana, a las 20.30, se podrá ver también en el Cine Público El Cairo (Santa fe 1120).
La película relata una historia dura, singular, marcada por la doble marginalidad (pobreza y discriminación) que muchos gays y travestis vivieron en los años 90. Mia aborda el derecho a la felicidad y a poder formar parte de la comunidad, de quienes han elegido una forma diferente de la “moralmente aceptada”, y permite repasar el tema de la discriminación, la intolerancia, la marginación y la exclusión social, pero también el de la infinita capacidad de amor que, en ciernes, tienen todos los seres humanos.
En su ópera prima, acompañan a Van de Couter, además de la actriz cordobesa, el talentoso Rodrigo de la Serna y la niña Maite Lanata, quien en la presente temporada acaparó la atención de la opinión pública por su rol en El elegido, donde encarnó con singular maestría a una niña autista.
A orillas del río se ha creado la Aldea Rosa, un asentamiento habitado únicamente por travestis y homosexuales. Ale (Camila Sosa Villada) es una de las chicas trans que vive allí. Ella trabaja como cartonera, y en su recorrida diaria encuentra en la calle el diario íntimo de Mia, una joven que ha muerto dejando solos a su marido Manuel (Rodrigo de la Serna) y a su pequeña hija Julia (Maite Lanata). La empatía que siente Ale con Mia al leer el contenido del diario, y el deseo de ocupar su lugar, la llevan a descubrir su verdadera naturaleza.
Mia nació con buena estrella dado que su guión fue premiado en el 30º Festival Internacional de Cine de La Habana, en diciembre de 2008, y seleccionado para participar en el 15º laboratorio de escritura de guiones cinematográficos de Oaxaca (México).
Por su parte la película, que por estos días comienza a pergeñar su estrategia en otros territorios, fue elegida en la sección Descubrimientos Internacionales del 60º Internacional Filmfestival Mannheim–Heiderlberg 2011 (Alemania).
“Fue una gran alegría el hecho de verla a Camila en el teatro y encontrar así a la protagonista de mi película que tanto había buscado. El hecho de verla en Carnestolendas me sirvió para entender que era ella quien debía hacer el personaje; pero además, creo que tuvo que ver con el hecho de que ver esa obra, no es ver una obra más, es una experiencia singular, porque me encontré no sólo con una actriz sino con una artista que entendió mi proyecto y lo hizo propio”, contó a El Ciudadano Van de Couter, quien a los 18 años, en 1994, emigró de su localidad natal (Carmen de Patagones, en Río Negro) a Buenos Aires con el deseo de ser actor.
“Es mi primer largometraje y también la primera película de Camila, que antes sólo había hecho un documental. Su mirada es aquí la mirada protagónica, y ella asumió un compromiso muy fuerte con este personaje: viajó a Buenos Aires dos meses antes de comenzar con el rodaje, se instaló, y se quedó hasta el final. Eso nos permitió ensayar, buscar los lugares del personaje. Tuvimos ensayos con Maite y con Rodrigo, pero sobre todo, tuvimos ensayos con el texto, porque el del film es un texto preestablecido con mínimas improvisaciones que aparecieron para darle verdad a lo que estábamos contando, para llegar a ese tipo de realismo al que queríamos llegar”, relató el director, quien en cine, como actor, participó de films como Un año sin amor y Tres deseos, entre otros.
“En el sentido de tener presente el ensayo y la búsqueda, tanto Camila como yo venimos del teatro, y entonces manejamos un lenguaje parecido. Eso ayudó mucho: su capacidad para entender lo que le pasaba a su personaje hizo que fuera un placer dirigirla, del mismo modo que a Rodrigo, que a la noche siguiente de mostrarle el guión, aceptó hacer el personaje sin imponer ninguna condición. Pero volviendo a Camila, hice un casting muy grande, por el que pasaron chicas de todo el país. Lo que buscaba era una chica trans que diera con el «fisic du rol» de Ale pero también alguien que pudiese entender y vivir la sensibilidad de ese personaje y las cosas que le pasan, que además es un proceso muy distinto al que vive el personaje de Carnestolendas”, relató el director acerca de la actriz que además en teatro protagoniza por estos días Llórame un río, un espectáculo que bucea en evocaciones dramáticas de las emblemáticas cantantes Billie Holiday y Tita Merello.
Mia parte de un hecho real: una aldea, un asentamiento que existió en Buenos Aires hasta 1998 (estaba en el barrio de Núñez), habitado únicamente por chicas travestis y gays, que de algún modo se habían recluido y conformado un espacio y una red solidaria entre ellos para vivir y para subsistir, porque en ese momento eran doblemente marginales, no solamente por su condición o elección sexual o de género, sino también por ser muy pobres. Ése es el punto de partida de la película, más allá de que esa instancia ocupa sólo un espacio en el relato, porque después, la película relata otra historia, la de Ale, una chica trans cartonera, que es el personaje que interpreta Camila, quien un día, cartoneando, se encuentra con el diario íntimo de Mia, una mujer que ha muerto. Es así como ella empieza a aprender a leer con ese diario, al tiempo que descubre que ese diario es un legado para la hija de esa mujer, que es una nena, y entonces intenta devolvérselo. Y es así como el film ensaya el derrotero de este personaje para tratar de conectarse con esa nena y de algún modo entregarle lo que su madre le ha dejado escrito, con todo lo que eso implica, sumando en el devenir al personaje de un padre embrutecido por el dolor y atravesado por la muerte de su mujer, que es el personaje que interpreta Rodrigo. A partir de allí, la película despliega el vínculo que se arma entre ellos tres”, completó el director acerca de la trama del film.
Respecto de la temática de la película, y buscando correrse del muchas veces incómodo rótulo de “film de género”, el director explicó que Mia “es una película abierta”: “No es una película hermética, y si bien aborda un tema que está relacionado con un debate social que es la Ley de Identidad de Género, y que por lo mismo nos propone una reflexión, es al mismo tiempo, una película abierta hacia otras cuestiones. No sé si la palabra que la define es «amable», pero sí es, desde el género, un film que tiene elementos del melodrama, con sus lugares típicos, que hacen que la historia le llegue al público a partir de la emoción y no desde un lugar agresivo”.
Finalmente, y con relación al momento de apertura respecto de la temática que vive el país, dado que se revela como impensado un film de estas características hace diez o quince años atrás, Van de Couter expresó: “Tengo esa misma sensación, la de pensar que el film terminó concretándose en un momento donde estas problemáticas, por suerte, se pueden hablar libremente, porque ha habido un cambio de conciencia en la gente. De todos modos, yo arranqué con la idea de esta película hace muchos años sin imaginar que iba a estrenarse en éste, en un momento tan particular, con la media sanción de la Ley de Identidad de Género. Creo, en ese sentido, que lo que pasa ayudó para que mucha gente apoyara la película, del mismo modo que es muy saludable acompañar estos momentos de cambio a través del arte. De hecho, si me interesa una militancia es a través del arte, que es desde donde me siento comprometido y cómodo, y con la necesidad de decir algo”.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Historia breve rosarina




ESTRENO PREMIADO. La actriz Elena Guillén habla del cortometraje “Cuatromil”, su debut en la dirección cinematográfica, que cuenta con las actuaciones de, entre otros, Raúl Santángelo, Agustina Guirado y Mirko Buchín, y que se podrá ver desde mañana y hasta el domingo, a las 20.30, en El Cairo, de Santa Fe al 1100


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del miércoles 14 de diciembre de 2011)
La carrera artística de Elena Guillén está teñida de algunos momentos marcados por giros importantes. Hace unos años, en 2007, la actriz, conocida en el medio por su clown y alter ego Budineta Borgoña, dejaba temporalmente de lado ése personaje para cargarse uno un poco más pesado: de la mano del actor y director Ricardo Arias (Punto 0 Teatro), Guillén daba carnadura a Como la Gioconda, un unipersonal singular, con mucho tiempo de ensayo, en el que realidad y ficción mostraban a una mujer obligada a contar su propia historia para poder sobrevivir. Se trataba de una mujer frente a los sucesos de su vida intentado justificar fracasos, desilusiones, engaños y cobardías.
Poco tiempo después de ese entrañable (y por momentos doloroso) personaje, Guillén era convocada para participar de una película. Precisamente, fue su paso por el rodaje de Días de mayo, último largometraje del rosarino Gustavo Postiglione estrenado en 2009, donde interpretó a una madre de familia en tiempos del Rosariazo de 1969, lo que la acercó al mundo del cine pero desde adentro. “Me puse a estudiar cine en forma autodidacta, a leer mucho, me apasioné; y entendí que para que exista una buena película tiene que haber un buen guión, y entonces me puse a escribir”, relata Guillén sobre el proceso que, finalmente, la llevó a participar del concurso del Programa Estímulo a la Producción de Bienes Culturales del Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia, donde resultó ganadora en el apartado cortometraje junto con otros dos trabajos.
Cuatromil, tal el nombre del material premiado dentro de Espacio Santafesino 2011, es un corto de 13 minutos que se conocerá mañana, a las 20.30, en el Cine Público El Cairo (Santa Fe 1120), donde seguirá en cartel hasta el domingo inclusive. “Es un cortometraje de ficción que dura 13 minutos, o quizás un poco más, y que va a compartir pantalla con El guionista, otro corto rosarino de ficción, y Viaje a la tierra del quebracho, un corto de animación de la ciudad de Santa Fe (ver aparte). Los tres cortos ganaron, en abril de este año, un premio para ser producidos y así programé el rodaje, que fue en invierno. Cuatromil tiene guión y dirección míos, y la historia está ambientada en Rosario, en un departamento de un gran edificio, donde vive una joven que, sin esperarlo, recibe la visita de su padre que aparece en su casa una mañana sin avisar. Ese encuentro, de ribetes un poco forzados, tiene ciertos elementos que hacen que la historia cambie radicalmente para ambos personajes, al menos la de ése día”, adelantó Guillén acerca de la historia de Cuatromil, cuya breve sinopsis detalla, además, que Antonio es un hombre apremiado por un conflicto que debe resolver antes del día siguiente, y para lo cual recurre a su hija, que vive desde hace años en la gran ciudad. Y continúa: “El encuentro sólo evidencia la distancia que se ha ido estableciendo entre ambas vidas, pero un hecho inesperado cambia el destino de los protagonistas”.
Sobe el film, que cuenta con las actuaciones de los rosarinos Raúl Santángelo, Agustina Guirado, Mirko Buchín, Carlos Chiapero y Adela Borella, la directora expresó: “Es una gran alegría que los cortos estén en cartel por cuatro días, es algo infrecuente para las producciones locales que por lo general tienen una sola pasada y sobre todo si son cortometrajes”.
El importante staff de Cuatromil, film que cuenta con una breve intervención del actor y clown Salvador Trapani, se completa, entre otros rubros, con la asistencia de dirección de actores de Carla Saccani, cámara y dirección de fotografía de Pablo Romano, sonido y edición de Ernesto Figge y vestuario y maquillaje de Ramiro Sorrequieta.
Guillén, quien planea rodar un par más de cortos aunque ya está escribiendo el guión de un primer largometraje, siempre “pensando en los actores”, y que recientemente estrenó en teatro Las hijas del rey Lear, también dirigida por Ricardo Arias, reflexionó: “Además de producir, fue un año de gran aprendizaje, porque trabajé con gente que hace cine desde hace más de 20 años. En un momento les dije a todos: «Desde Primer Grado, donde aprendí a leer y a escribir, que no aprendía tanto como ahora»”.
Respecto de su acercamiento al mundo del cine, Guillén reflexionó: “Hace cuatro años trabajé como actriz en Días de mayo, la película de Gustavo Postiglione, y fue una experiencia muy gratificante y seductora. Eso me llevó a estudiar cine en forma autodidacta y a tomar algunos cursos en Rosario. Llegué a la conclusión de que una buena película, antes que otra cosa, debe tener un buen guión, y así empecé a producirlos. Luego surgió el concurso y allí no sólo premiaron el guión sino todo el proyecto, aunque sigo pensando que en el cine, la pata fundante, es el guión”.
Con relación al deseo de hacer cine en Rosario, una tarea compleja por factores ligados a la producción, la actriz y directora expresó: “Quiero hacer cine en Rosario porque quiero ver actuar a ciertos actores locales. Muchas veces siento, cuando veo una obra teatral local o comparto el escenario con algunos compañeros, todo lo que la gente se pierde de lo que ése actor o actriz tiene para mostrar. Fue así que empecé a sentir la necesidad del registro, porque el teatro es un arte efímero, el teatro es cuando uno está, y si uno no está presente, no se conoce esa potencia, se la pierde. Y me pasa lo mismo con la danza. Por ejemplo: recientemente vi el documental Pina (de Wim Wenders, sobre la coreógrafa alemana Pina Bausch, quien murió en 2009), y pensé que era una suerte que alguien haya podido registrar con esa calidad a esos bailarines y su mundo”.
Volviendo a la elección de actores rosarinos para su película y acerca de la potencialidad de la narración, Guillén profundizó: “Me gustan mucho los actores rosarinos porque los conozco, y me gusta mucho la ficción, narrar; estoy convencida de que los relatos de ficción nos amparan en nuestra existencia, nos unen. A través de la literatura, el teatro y el cine, los relatos, nos unen más allá de las ideologías. Siempre nos pasa que uno se identifica en un gesto, en un instante, en un momento de cualquier relato de ficción, y eso hace que uno esté menos solo en el mundo. Y la posibilidad de llevar un relato al cine es la de poder poner ese relato frente a un lenguaje extremadamente potente y rico, potenciarlo”.
Finalmente, Guillén reflexionó acerca de dónde profundiza la mirada un actor cuando dirige: “Hay una dedicación especial en las actuaciones, pero además, creo que pensé mucho en qué actores podían ser esos personajes y estoy muy contenta con los resultados, porque escribí pensando en ellos. Siento que si bien el del cine es un lenguaje muy complejo, y para establecerlo hay que tener en cuenta muchas variables, algo que se termina de entender en la etapa de edición porque allí confluye todo, el actor es el que nos presta su cuerpo para estar ahí y hay que cuidarlo mucho. En ese sentido, tanto desde lo personal como desde la producción, contemplamos
mucho eso, porque yo, ante todo, soy actriz. Los actores son los que esperan mucho ante de cada toma, y cuando se prende la cámara, y se dice «acción», toda esa gente que está alrededor, todos los técnicos, entran en un gran silencio y el que se expone es el actor. Desde ese lugar, si lo pienso, creo que el hecho de ser una actriz que ahora dirige cine, aporta un sello mío, personal”.


Una comedia dramática local, y una animación que llega desde Santa Fe

En el marco de los estrenos de los cortometrajes ganadores de Espacio Santafesino 2011, también se podrán ver, además de Cuatromil, de Elena Guillén, El guionista, una comedia dramática producida en Rosario con dirección de Lisandro Notario, y Viaje a la tierra del quebracho, una animación que llega desde la ciudad de Santa Fe, y que lleva la firma de Manuel Quiñones, al frente de un importante equipo de animadores.
El guionista, cuya duración no supera los 10 minutos, se pregunta ¿qué pasa si uno se enamora de un personaje de ficción? Germán es el guionista de una novela juvenil de televisión y se enamora de Mara, su personaje protagónico, pero detesta a Liza, la actriz que lo interpreta. Este amor impulsa a Germán a tomar decisiones que podrían cambiar su destino.
Con dirección del referido Notario, el corto cuenta con las actuaciones de los rosarinos Miguel Bosco, Brunella Margutti, Atilio Basaldella y Emanuel Gardini.
Por su parte, la animación Viaje a la tierra del quebracho, de algo más de 11 minutos, muestra a un chico que es convocado al pasado a través de un mítico personaje de un pueblo oprimido, donde una empresa forestal explota trabajadores y montes por igual. En su particular odisea, será testigo de sucesos que los identificarán con la historia de distintos pueblos que son uno solo. La dirección pertenece al referido Quiñones, quien además estuvo a cargo de las animaciones junto con Ariana Beilis, Lisandro Schurjin, Manuel Allende y Valentín Gatti.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Por talento y perseverancia

GALARDÓN. La actriz rosarina Claudia Cantero fue nominada ayer a los premios María Guerrero, en el apartado revelación, por su desempeño en la obra teatral “La familia argentina”, de Alberto Ure. Las distinciones serán otorgadas en julio de 2012 en una ceremonia en el Teatro Nacional Cervantes

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del viernes 9 de diciembre de 2011)
Se conocieron ayer las nominaciones a los premios María Guerrero que se entregan anualmente a la producción teatral porteña, en cuya grilla figura como revelación la talentosa actriz, directora y docente rosarina Claudia Cantero, quien desde 2004, cuando comenzó con los ensayos de De mal en peor, bajo la dirección de Ricardo Bartis, comparte su tiempo entre Buenos Aires y su ciudad natal.
En el marco de una ceremonia que tendrá lugar en julio del año que viene en la Sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes, y en la que también aparecen nominados actores como Daniel Fanego y Emilia Mazer (dos de los protagonistas de Vuelo a Capistrano), del mismo modo que Rodrigo de la Serna (por su labor en Lluvia constante), Cantero, nominada por su trabajo en La familia argentina, de Alberto Ure, junto al también rosarino Luis Machín y Carla Crespo, dirigidos por Cristina Banegas, comparte el rubro con Lorena Vega (Salomé de chacra) y Joaquín Berthold (Por amor a Lou).
“Las nominaciones a un premio son importantes porque son un reconocimiento al trabajo y al esfuerzo; y si te lo dan, mucho mejor”, relató Cantero en diálogo con El Ciudadano, respecto de la nominación al María Guerrero, galardón al que ya había sido nominada como actriz de reparto por De mal en peor, trabajo de gran repercusión con el que además giró por Europa, y a partir del cual llamó la atención de directores no sólo de teatro sino también de cine, ámbito donde brilló en films como La mujer sin cabeza (2007), de Lucrecia Martel; Mentiras piadosas, de Diego Sabanés, o Lengua materna (2010), de Liliana Paolinelli.
En otro momento de la charla, la actriz, de importante trayectoria en la ciudad como directora y docente, reflexionó: “Siempre es una alegría ser nominada para un premio. Te confirma para seguir con este empeño por actuar. De algún modo, lo que a mí me pasa, es que le da un marco más formal a mi deseo, porque todo el tiempo necesito confirmar que a alguien más que a mí misma le interesa que yo actúe, y una nominación a un premio viene a apaciguar un poco ese fantasma; en realidad, viene muy bien”.
Respecto de candidaturas anteriores, la actriz recordó: “Me nominaron varias veces por el trabajo en De mal en peor; una vez por la película La mujer sin cabeza, y dos veces, incluida ésta, por La familia argentina (la otra, a los Premios Teatro del Mundo como mejor actriz protagónica), pero nunca me premiaron, así que no puedo hablar mucho de lo que significan para mí los premios; tengo que esperar a que me pase. Desde 2004 trabajo en Buenos Aires, los proyectos fueron muy diversos, trabajé con personas a las que admiro mucho, y eso no te ocurre con frecuencia, tengo que agradecer mucho por todo eso, porque ése es también un reconocimiento profesional”.
Los premios María Guerrero a la producción teatral 2011 se entregarán bajo el parámetro de un jurado integrado por Rómulo Berruti, Rosa Celentano, Magdalena Faillace, Jorge Lafauci, Juan Lavanga, Carlos Llorens, Linda Máximo, Luis Mazas y Ana Seoane.
Además de las habituales ternas en los diferentes rubros, en el marco de la misma ceremonia, se otorgará un reconocimiento a la trayectoria para los consagrados y legendarios actores Beatriz Bonet y Pepe Soriano, del mismo modo que se entregarán menciones especiales a La reina de la belleza, de Leenane de Martin McDonagh, con producción de Gloria López; La historia del señor Sommer (Pep-Tosar) y Ciclo El Cervantes en el Cervantes.
Además, este año, los diplomas de reconocimiento serán para Alejandro Finzi (dramaturgo de Neuquén), Carlos Alsina (autor y director de Tucumán) y Casa-Museo Isaac Fernández Blanco.
Entre los rubros más relevantes, como mejor actriz protagónica, aparecen nominadas Maricel Álvarez (Hécuba o El gineceo canino), Claudia Lapacó (Filosofía de vida), Emilia Mazer (Vuelo a Capistrano) y Roxana Randón (Bastarda sin nombre), al tiempo que en el mismo rubro, pero masculino, los candidatos son Daniel Fanego (Vuelo a Capistrano), Rodrigo de la Serna (Lluvia constante), Pablo Alarcón (Edipo.com) y Enrique Papatino (La importancia de llamarse Ernesto).
Finalmente, en medio de una larga lista de rubros técnicos, como mejor autor argentino, los candidatos a recibir el María Guerrero son Cristina Escofet (Bastarda sin nombre), Héctor Levy-Daniel (Yocasta) y Mauricio Kartun (Salomé de chacra).
El premio María Guerrero fue creado en 1984 por la Asociación Amigos del Teatro Nacional Cervantes, en homenaje a la actriz española que hizo construir la emblemática sala, inaugurada en 1921. Los premios se entregan anualmente y distinguen a las distintas disciplinas de la creación teatral, del mismo modo que a la trayectoria de actores y actrices nacionales.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Pasión por un arte efímero


NUEVA GENERACIÓN. La Escuela Provincial de Teatro y Títeres Nº 5029, de Viamonte y Moreno, lanza la edición 2011 de “La Escuela produce”, ciclo de estrenos que involucra a los egresados de las carreras de Actuación y Dirección, que se extenderá desde hoy y hasta el 15 de diciembre, en La Capilla y en el CEC, con entrada gratuita,

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del 30 de noviembre de 2011)
Nuevamente, la Escuela Provincial de Teatro y Títeres Nº 5029 de Viamonte y Moreno, pondrá a disposición del público su producción 2011. Se trata de un atractivo ciclo de estrenos que, bajo el nombre La Escuela produce, comenzará hoy y se extenderá hasta 15 de diciembre, con entrada gratuita en todas las funciones, que tendrán lugar en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC, Paseo de las Artes y el río) y La Capilla (sala de la Escuela de Teatro y Títeres, de Viamonte 1993).
Se trata de siete nuevos estrenos correspondientes a los alumnos que egresan de las carreras de Actuación y Dirección, cuya impronta, seguramente, marcará el destino del teatro independiente de producción local de los próximos años, dado que las dos escuelas de teatro locales se han convertido en verdaderos semilleros de actores, directores y docentes.
“Es un período del año en el que la Escuela de Teatro muestra su producción en el marco de las carreras de Dirección y Actuación; es un momento en el que la Escuela abre sus puertas al público, porque hay funciones programadas en La Capilla, que es la sala en la que se montan los espectáculos, que ha sido remodelada, más allá de que algunos, por razones de espacio y programación, se muestren en el CEC”, relató la actriz María Florencia Sanfilippo, quien junto al director y dramaturgo Juan Pablo Giordano tiene a su cargo la coordinación del evento.
De este modo, La Escuela produce 2011, arrancará esta noche, a las 20, en La Capilla, con el estreno de Helena en los ojos del tiempo, con dirección de Pablo Boffelli.
Se trata de una obra inspirada en Locos de amor, de Sam Shepard, que cuenta con las actuaciones de Alberto Drogo, Paula Viel y Ariel Hamoui. “En realidad, Locos de amor fue un disparador, y su elección fue consecuencia de varias cosas: cuando nos juntamos con los actores apareció un cuento de Alejandro Dolina, sobre un personaje que cuando cumple 15 años se encuentra con él en un parque a los 35 y viceversa. Ese fue el indicio de que, entre otras cosas, el teatro te permite jugar con el tiempo; y después, de Locos de amor, me interesó el vínculo de la pareja, que es muy intenso, muy difícil de explicar. De hecho, la obra original empieza con una cita del arzobispo Anthony Bloom que dice: «La adecuada respuesta al amor es aceptarlo. No hay nada que hacer». Creo que esa frase resume el singular vínculo que finalmente tienen estos dos personajes en escena, una pareja que a pesar de que se aman locamente a lo largo del tiempo, no pueden estar juntos sin una razón aparente, más allá de que al estar juntos se hacen daño”, relató Boffelli.
“Como cierre de mi carrera de Dirección elegí poner en escena Telarañas, de Eduardo Pavlovsky (se verá el 6 de diciembre, a las 20, en La Capilla). La obra cuenta con las actuaciones de Julia Tarditti, Nicolas Palma y Federico De Battista, y asistencia de Carla Tealdi. Me interesa la forma de escritura de Pavlovsky, los juegos que se pueden dar a través del texto. Es una comedia negra, cercana a un grotesco, que relata la historia de una familia. Intentando traer la obra al presente, la fuimos mechando con lo que nos pasó y nos pasa en este tiempo a los argentinos. El hecho de traerla al presente tiene que ver con que fue escrita a mediados de los años 70, por lo tanto, lo que montamos es una versión que corre el texto de la problemática de la dictadura y se mete más dentro de la problemática de una familia”, relató por su parte la novel directora Malen Meazza.
A su tiempo, Lishai Blau, egresada de la carrera de Actuación, habló de Los disfrazados, de Carlos Mauricio Pacheco, que se verá el 4 de diciembre a las 20, y el 5 a las 22, en el CEC, cuyo elenco completan Alberto Drogo, Andrés Gulla, Leandro Martíne, Maela Morelli, Ana Baldino, Yanina Gaggino, Agostina Cisnero y Nuris Pampiglioni, bajo la dirección de Matías Martínez. “Es una adaptación de esta obra escrita en 1906. Somos nueve actores de un grupo de 16 que fue dividido en dos, y es un sainete cuya adaptación del texto la hizo Matías Martínez, que fue el docente elegido para montar el espectáculo, y con quien llevamos adelante todo este proceso que tiene como objetivo entender, también, algunas cuestiones de producción”, contó Blau.
Los siete actores restantes ultiman los detalles de una versión de El organito, de Amando Discépolo, que se conocerá mañana, con dos funciones, a las 20 y a las 22, en el CEC. “Es un grotesco clásico de Discépolo que habla de una familia de inmigrantes cuando llegan al país en medio de la pobreza más absoluta. La obra pone de manifiesto la manipulación del padre para con los hijos; en ese punto también se vuelve muy actual”, relató Mariana Pérez Vivas, quien integra el elenco junto con Renata Moreno, Nicolás Palma, Florencia Passoni, Aimé Lezcano, María Eugenia Recca, Victoria Faerman, también bajo la dirección de Martínez.
La lista de obras se completa con la presentación de Doble concierto, de Norman Briski, con dirección de Judith Ganón, que se verá mañana a las 20 y a las 22, en el CEC, a cargo de los egresados de la carrera de Actuación del turno noche, con las interpretaciones de Débora Herrero y Esteban Cavallero. Se trata de una obra escrita y estrenada por el propio Briski como protagonista, posterior a la crisis argentina de 2001, donde se refleja la decadencia de la clase media alta.
Del mismo modo, la lista de obras de la carrera de Dirección la completa una versión de Casa de muñecas, clásico de Henrik Ibsen, que se conocerá el 15 de diciembre, a las 20, en La Capilla, y que cuenta con las actuaciones de María Borgobello, Tania Scaglione, Leonardo Zucca y Juan Cantano, bajo la dirección de Irupé Vitali.