“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




jueves, 15 de noviembre de 2012

Recorte de la escena nacional

9a EDICIÓN DEL FESTIVAL ARGENTINO DE TEATRO EN LA CIUDAD DE SANTA FE
La actriz y cantante María Merlino, en uno de los momentos de su unipersonal “Nada del amor me produce envidia”.

Luego de seis jornadas, finalizó el domingo en la capital provincial el encuentro que anualmente organiza la Universidad Nacional del Litoral, por el que pasaron una docena de espectáculos de distintos puntos del país y algo más de 6 mil espectadores



Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del miércoles 14 de noviembre de 2012)
El Argentino de Teatro, festival que anualmente organiza la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en la ciudad de Santa Fe, lleva con orgullo el estandarte de haberse constituido como tal en un momento complejo de la historia de esa ciudad: poco había pasado de la trágica inundación de 2003 cuando la decisión política (siempre se trata de eso) y un presupuesto inteligentemente utilizado hicieron que los santafesinos, sumidos en la tristeza y la desazón, empezaran en 2004 a curar algunas heridas con aplausos.
Así, con el paso de los años, el encuentro, cuya edición 2012 finalizó el domingo y durante 6 jornadas ofreció 12 propuestas con 17 funciones que sumaron en total algo más de 6 mil espectadores, además de encuentros públicos con creadores como Rubén Szuchmacher y Javier Daulte, presentaciones de libros y  muestras, deja saldo positivo, independientemente de algunas arbitrariedades en la programación, y con el ojo puesto en los festejos por la décima edición que se concretará en 2013.
Como es habitual, el Argentino de Teatro, que contó con el auspicio del Gobierno de la Ciudad de Santa Fe, el Instituto Nacional de Teatro (INT), la Asociación Amigos del Centro Cultural Provincial, el Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina (Critea) y Sadop, cerró con el estreno de una nueva producción de la Comedia de la UNL. Se trató de Una cruz en el mapa, de Sandra Franzen y Patricia Suárez, un relato con toques de realismo mágico que se instala en la casa de dos hermanas modistas en medio de un desolado y polvoriento pueblo de campaña. Más allá de algunas actuaciones desparejas aunque con momentos de lograda intensidad, el texto de Suárez es fiel a su pluma y a su consistencia dramática, atravesando temáticas tales como la soledad, el abandono, la sexualidad, y ese condimento especial que aporta a su escritura en relación con las historias puertas adentro acontecidas en pequeñas comunidades.
También en la jornada del domingo se pudo ver el efectivo unipersonal Naturaleza rota, de José Guirado con dirección de Gustavo Guirado (su padre), que conjuntamente con La tercera parte del mar, de Alejandro Tantanián, con dirección de Felipe Haidar, fueron las dos obras que participaron por Rosario (ver aparte).
Tras la reposición en la apertura de una única función de La penúltima oportunidad, con dramaturgia y dirección de Rafael Bruza, producción 2011 de la Comedia de la UNL, la primera jornada tuvo como cierre Mi vida después, de Lola Arias, propuesta que desde lo postdramático consigue entablar un diálogo con el
pasado, con las ausencias, las grietas y los abismos vinculares que dejó la última dictadura militar, tomando como paradigmas a seis actores nacidos entre los años 70 y 80 que buscan recrear desde sus cuerpos la juventud de sus padres a través de una serie de recursos que van desde fotos y grabaciones hasta proyecciones u objetos que se integran al espacio escénico-narrativo.
Más allá de la siempre efectiva presencia del grupo Cirulaxia con DeSastres, espectáculo estrenado hace una década con el que la compañía hace gala de su conocido talento para adaptar clásicos, el resto de las propuestas que llegaron desde Córdoba desdibujaron la programación del Argentino 2012. Por un lado, se vio el deslucido Al final de todas las cosas, de Daniela Martín, basado en textos de Sófocles; por otro, Teatro minúsculo, con la coordinación de Luciano Delprato, un inclasificable, desprolijo y sobre todo aburrido desatino escénico con pretensiones humorísticas que se presenta a modo de concert.
Entre los espectáculos probados y de gran calidad, aparecieron El centésimo mono, de Osqui Guzmán, en el que tres magos despliegan su talento en el marco de una singular historia; Escandinavia, de Lautaro Vilo, con la conmovedora actuación del actor, director y docente Rubén Szuchmacher, con el cual el creador volvió a la actuación luego de una década abocado a la dirección, y el muy festivalero Nada del amor me produce envidia, con dramaturgia de Santiago Loza, dirección de Diego Lerman, y la inolvidable actuación de la actriz y cantante María Merlino, a todas luces uno de los momentos más altos de la presente edición del Argentino, dada la contundencia de un texto que coquetea con lo histórico, una puesta simple pero de magnífica resolución y una interpretación de esas que por mucho tiempo quedan instaladas en el imaginario de la platea.
Además, integró la programación Biónica, de William Prociuk, en versión de un equipo mendocino con dirección de Ariel Blasco, que relata una historia de ciencia ficción acerca de un grupo de médicos que intenta cambiarle la vida a las personas a mediados de los 60, aunque la fábula habla, entre líneas, de cómo los hombres construyen a una mujer a partir de su deseo e imaginario.
Una vez más, e independientemente de la gestión privada de algunos elencos, al Argentino de Teatro le sigue faltando su pata local: qué mejor que unos días de puro teatro nacional en Santa Fe, y con la visita de creadores y prensa especializada, para ver, quizás en horarios alternativos y fuera de la programación, por dónde pasa la producción escénica de la capital provincial.

La leyenda del payaso sin cabeza


Un pasaje de “Naturaleza rota”, una reflexión poética que hace pie en el humor.
El clown José Guirado, oriundo de Rosario pero radicado hace algunos años en España, desembarcó el domingo en el Argentino de Teatro con Naturaleza rota, un compendio de momentos hilvanados con ternura y hasta cierta nostalgia, propia de la infancia, por el director teatral rosarino Gustavo Guirado, que supo impregnar de su poética el trabajo de su hijo, quien desde 2005 lleva adelante la compañía teatral Tuto Tul. Partiendo de la idea o concepto de que la confusión es una de las materias fundantes de los vínculos en los tiempos que corren, un clown intenta reconstruir su entorno y su relación con los seres que lo rodean, una serie de objetos inertes (en su mayoría, muñecas y maniquíes de distintas escalas) que, merced al colorido abanico de recursos con los que cuenta el artista, cobran vida en escena y hasta desafían las normas impuestas por la naturaleza, “rompiendo” con aquello que se corresponde con la tradición.

De este modo, y a través de una reflexión poética que hace pie en el humor, problemáticas ligadas con los vínculos, la búsqueda del amor y la relación con el ser amado, aparecen entre los temas más relevantes del espectáculo, un acto de pocas palabras y de comprensión universal con el que la dupla que integran padre e hijo entabla una infrecuente conexión con la platea.
Por otra parte, Naturaleza rota, ensayado entre Barcelona y Rosario, fue estrenado hace poco más de dos meses en el Festival Fringe de Madrid, una extensión del de Edimburgo.



En el laberinto de la pérdida







9ª EDICIÓN DEL FESTIVAL ARGENTINO DE TEATRO EN LA CIUDAD DE SANTA FE
“Necesitaba volver a actuar porque era una manera de recuperar mi cuerpo”, dice Szuchmacher.

El prestigioso actor, director y docente porteño Rubén Szuchmacher despliega una actuación inolvidable en “ Escandinavia” , con dramaturgia de Lautaro Vilo, con quien comparte la dirección de este unipersonal que ofreció dos funciones a sala llena



Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del sábado 10 de noviembre de 2012)
En las últimas jornadas, el noveno Festival Argentino de Teatro, que la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) organiza en la ciudad de Santa Fe cada noviembre, tuvo entre sus protagonistas excluyentes al actor, director y docente Rubén Szuchmacher, que ofreció el jueves por la noche dos funciones de Escandinavia, en la sala Marechal, unipersonal que lo devuelve a la actuación después de diez años, y a través del cual construye un relato doloroso y singularísimo sobre la pérdida pero sin dejar de lado el humor, acerca de un hombre (el propio Szuchmacher) que describe los entretelones de la muerte de su pareja.
“Necesitaba volver a actuar porque era una manera de recuperar mi cuerpo”, dijo el creador en una entrevista pública que tuvo lugar en el Foro de la UNL un día antes de las funciones. Y eso es lo que hace en el espectáculo: toma el cuerpo como única herramienta para desplegar un relato en primera persona en el que describe los entretelones laberínticos que rodean la muerte y posterior sepultura del hombre con el que compartió gran parte de su vida.
Escandinavia es una nueva aventura teatral con Lautaro Vilo, con quien ya hicimos Enrique IV, de Pirandello, donde lo dirigí, y los montajes de La Gracia, de su propia autoría y de las versiones que hiciéramos juntos de Rey Lear, de Shakespeare, y de Historias abominables, a partir de textos de Bertolt Brecht”, expresó Szuchmacher, quien agregó: “Ahora, tenía la necesidad de hacer algo con la tristeza que recorrió mi vida en estos últimos años”.
De este modo, con dramaturgia del talentoso Lautaro Vilo y dirección conjunta de Vilo y Szuchmacher, el espectáculo transita por los estados de un hombre desolado que enfrenta la pérdida del ser amado a instancias de un pedido póstumo: el de ser enterrado en una quinta que ambos compartían, lo que se convierte en una verdadera travesía que va desde lo doloroso hasta lo delirante.
En el relato, en el que el talentoso Szuchmacher muestra porqué la actuación en medio de esta historia de ribetes reales se vuelve para él un “acto de reparación”, se filtran momentos familiares, amigos, palabras dichas, otras imaginadas por Vilo, y una sucesión de pérdidas reales de parte del actor (padre, madre, hermana) que culminaron con la de su pareja.
Esta sucesión de duelos aparece en el relato que, gracias al humor sutil e inteligente que desanda el extraordinario texto escrito por Vilo y que toma su nombre de una “novela de supermercado”, el best seller Escandinavia, que el personaje le lee a su pareja en plena agonía, no cae ni en lugares comunes ni en golpes bajos. Por el contrario, las palabras de amor y desconsuelo dichas por el personaje ensayan una especie de catarsis colectiva acerca de lo que implica la pérdida de un ser querido, la ausencia, el vacío, y el desasosiego que provoca el hecho de no volver a ver más a esa persona.
Pero el gran mérito de este trabajo está en la demoledora interpretación de Szuchmacher que, como pocas veces pasa en el teatro, recrea solo y en medio de un espacio completamente vacío y despojado casi de todo artilugio teatral, más allá de una adecuada puesta de luces, cada uno de los lugares que se describen en la historia (el velatorio, un viaje en auto en la ruta, el cementerio, la celda de una seccional, la quinta en medio de la noche), ámbitos que golpean en el imaginario del espectador y se instalan cómodamente, confirmando que poco se necesita para hacer buen teatro: basta con un buen texto, un buen actor y una buena dirección.

Palabras iluminadas

Con La flecha y la luciérnaga, libro editado a fines del año pasado por Capital Intelectual, el prestigioso  periodista y crítico teatral porteño Alberto Catena entabla un jugoso diálogo con la obra de Griselda Gambaro, y tal como lo describe el título desplegado en el libro se relatan “itinerarios de un viaje” por las obras de la dramaturga argentina más importante de todos los tiempos.
Presentado el jueves en el Foro de la UNL por el periodista y crítico teatral local Roberto Schneider (El Litoral) en el marco de un emotivo encuentro con el autor, estudiantes de teatro y público en general, Catena expresó acerca de la escritura de Gambaro, a la que describe como de “enorme audacia imaginativa”: “Es una obra muy vasta que no concluye en lo teatral; con este libro sólo quería provocar algunos estímulos para que aquellos que lo lean busquen llegar a la obra de Griselda”.
Catena, que en 2013 cumplirá 50 años de profesión, recordó además que una de las obras más emblemáticas de la autora, Las paredes, fue premiada en Santa Fe en 1964, en lo que definió como un acto de justicia frente a lo que pasaba con cierta parte de la crítica porteña en relación con la obra de Gambaro, que era resistida por algunos de sus contemporáneos.

Estados, momentos, sensaciones




9a EDICIÓN DEL FESTIVAL ARGENTINO DE TEATRO EN LA CIUDAD DE SANTA FE



En las primeras jornadas, y en el marco de una serie de presentaciones de libros y charlas, se pudo ver el espectáculo performático “Mi vida después”, de la creadora porteña Lola Arias, que indaga en las marcas que dejó la última dictadura militar


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del viernes 9 de noviembre de 2012)
Con recursos económicos correctamente utilizados y una programación que ha sabido mantener un formato pequeño y de calidad, la novena edición del Festival Argentino de Teatro que comenzó el martes y finaliza el domingo en la ciudad de Santa Fe, se vuelve a erigir como uno de los encuentros más atractivos del interior del país junto con los festivales de Rafaela y del Mercosur (Córdoba).
En el marco de una serie de actividades paralelas que hasta el momento incluyeron la presentación del valioso libro Inventario del teatro independiente de Santa Fe, con la participación del dramaturgo local Jorge Ricci (compilador), y del prestigioso crítico local Roberto Schneider (El litoral), quien participó como referente de un momento del teatro independiente de la capital provincial, y una jugosa entrevista pública con el actor, director y docente Rubén Szuchmacher, la programación arrancó el martes con las presentaciones de La penúltima oportunidad, escrita y dirigida por el santafesino Rafael Bruza (producción 2011 de la Comedia de la UNL), y Mi vida después, una performance heredera de lo que hoy se conoce como teatro post dramático, escrita y dirigida por la talentosa creadora porteña Lola Arias.
Por su parte, el miércoles fue el turno de la puesta cordobesa Al final de todas las cosas, espectáculo basado en textos de Sófocles con dramaturgia y dirección de Daniela Martín, y El centésimo mono, puesta porteña con dramaturgia y dirección de Osqui Guzmán.
A su tiempo, y al cierre de esta edición, se esperaban las dos funciones del unipersonal Escandinavia, con dramaturgia y dirección de Lautaro Vilo y la actuación de Rubén Szuchmacher, y Nada del amor me produce envidia, otra puesta porteña de vasto recorrido festivalero, con dramaturgia de Santiago Loza y dirección de Diego Lerman, mientras que hoy, con dos funciones, será el turno, entre otras, de la versión rosarina de La tercera parte del mar, de Alejandro Tantanián, con dirección del debutante Felipe Haidar.

Lo que queda, lo que duele 

Con Mi vida después, estrenado en el teatro Sarmiento de Buenos Aires en 2009 y con funciones en diferentes espacios hasta hace unas pocas semanas, Lola Arias (La escuálida familia, El amor es un francotirador) busca entablar un diálogo con el pasado, con las ausencias, las grietas y los abismos vinculares que dejó la última dictadura militar, tomando como paradigmas a seis actores nacidos entre los años 70 y 80 que buscan recrear desde sus cuerpos la juventud de sus padres a través de una serie de recursos que van desde fotos y grabaciones hasta proyecciones u objetos que se integran al espacio escénico-narrativo con la lógica del teatro post dramático, en la que el relato se corre del cuerpo a modo de distanciamiento.
Como pocas veces, una gran artillería de recursos que incluyen además la música en vivo y un gran espacio (el escenario) articulado en diferentes instancias, la puesta se cimienta en el relato en primera persona: cada uno de los personajes trae a escena aquello que marcó y marca su existencia. Son los hijos de desaparecidos o apropiadores, o dictadores, allí están sus ropas y sus recuerdos, los objetos y los papeles que documentan ese vínculo, los audios con sus voces, los relatos que los traen al presente para, de algún modo, entender lo que pasó en el pasado y poder elaborar una teoría acerca de su propia identidad.
Apelando a un singular recurso a mitad de camino entre recital de banda de rock, reconstrucción museística y catarsis colectiva, el espectáculo de Lola Arias, a todas luces una de las creadoras más talentosa de la generación que transita los 30, se erige como un relato en el que prevalecen la intensidad de las palabras, la dinámica del relato y los cuestionamientos de una generación que debió “rearmarse” para poder convivir con
la generación que los precedió. 

Para ver, escuchar y descubrir



9ª EDICIÓN DEL FESTIVAL ARGENTINO DE TEATRO EN LA CIUDAD DE SANTA FE
El director junto a los actores de la obra rosarina “La tercera parte del mar”.

Desde mañana y hasta el domingo se verán en diferentes salas de la capital provincial obras de Córdoba, Mendoza, Buenos Aires, Santa Fe y Rosario, además de una serie de charlas, presentaciones de libros y muestras, vinculadas a las artes escénicas




Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & y la gente, en su edición en papel del lunes 5 de noviembre de 2012)
A poco de cumplir su primera década de existencia, el Festival Argentino de Teatro, que desde mañana y hasta el domingo podrá en marcha en la ciudad de Santa Fe su 9ª edición, se ha caracterizado por sostener una programación pequeña pero coherente, con fuerte presencia de propuestas porteñas y de otras ciudades
argentinas, apostando a un teatro diverso, de múltiples estéticas y poéticas.
El encuentro, organizado por la Universidad Nacional del Litoral (UNL), se llevará a cabo este año en distintas salas de la ciudad, con la participación de elencos de Córdoba, Mendoza, Buenos Aires, Santa Fe y Rosario. Además de las funciones se prevén presentaciones de libros y charlas con directores y dramaturgos. 
El encuentro, que ya es una cita obligada en la agenda cultural de la ciudad y la región, se desarrollará en las salas del Foro Cultural (9 de Julio 2150), el Teatro Municipal (San Martín 2020), el Centro Cultural Provincial (Junín 2457) y El Solar de las Artes (9 de Julio 2955).
“Como cada año, es un privilegio y un orgullo contar con lo mejor de las puestas teatrales del país, siempre privilegiando el carácter federal de este encuentro y la calidad de las obras. Además, apuntamos a espacios de intercambio con los hacedores y la presentación de libros que son consecuencias de las creaciones teatrales”, destacó Luis Novara, Secretario de Cultura de la UNL.
Esta edición cuenta con el auspicio del gobierno de la ciudad de Santa Fe, el Instituto Nacional de Teatro (INT), la Asociación Amigos del Centro Cultural Provincial, el Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina (Critea) y Sadop. Como ya es costumbre, para el cierre del Argentino del domingo por la noche, se estrenará la obra de la Comedia UNL edición 2012. Se trata de Una cruz en el mapa, de Sandra Franzen y Patricia Suárez.
Para comenzar con la programación, mañana a las 20, en la sala Maggi del Foro Cultural, se presentará La penúltima oportunidad, de Rafael Bruza (producción de la Comedia de la UNL 2011), y a las 21.30, en la sala mayor del Teatro Municipal, se podrá ver Mi vida después, de Lola Arias, en la que seis actores nacidos en la década del 70 y principios de los 80 reconstruyen la juventud de sus padres a partir de fotos, cartas, cintas, ropa usada, relatos y recuerdos borrados.
Por su parte, el miércoles, el grupo La Convención Teatro (Córdoba) presentará Al final de todas las cosas, de Daniela Martín, en el Foro Cultural, a las 20 y a las 23, en tanto a las 21.30 se presentará El centésimo mono, de Osqui Guzmán, en el Centro Cultural Provincial.
El jueves, a las 20 y a las 23, Rubén Szchumacher mostrará su unipersonal Escandinavia, de Lautaro Vilo, en la Sala Marechal del Teatro Municipal, y en la sala mayor del Teatro Municipal, a las 21.30, se verá el elogiado espectáculo Nada del amor me produce envidia, de Santiago Loza, con dirección de Diego Lerman y la extraordinaria actuación de María Merlino.
En otros días y horarios se verán La tercera parte del mar, de Alejandro Tantanian con dirección de Felipe Haidar, director santafesino radicado en Rosario (ver aparte); Teatro minúsculo, de Luciano Del Prato (Córdoba); Biónica, de William Prociuk, dirigido por Ariel Blasco (Mendoza); DeSastres, por el grupo Cirulaxia (Córdoba), y Naturaleza rota, de José y Gustavo Guirado, un espectáculo gestado entre Barcelona y Rosario (ver aparte).

Actividades paralelas

En otro orden de actividades, mañana, a las 18, se presentará el libro Inventario del teatro independiente de Santa Fe, compilación de Jorge Ricci, de Ediciones UNL, en el Foro Cultural, y el miércoles, a las 18, Diálogos sobre teatro argentino, entrevista abierta a Rubén Szchumacher coordinada por periodistas de Critea.
En tanto, la presentación del libro La flecha y la luciérnaga. Itinerarios de un viaje por la obra de Griselda Gambaro, de Alberto Catena, organizada por Critea, a cargo del crítico santafesino Roberto Schneider, será el viernes, a las 18, en la misma sala.
El sábado 10, en el mismo horario, será la entrevista abierta Diálogos sobre teatro argentino, con Javier Daulte, en el Foro Cultural de la UNL coordinada por periodistas de Critea. La entrada para estas actividades será libre y gratuita. 
En paralelo, se expondrán dos muestras relacionadas con el quehacer teatral. Desde mañana y hasta el lunes 26, se podrá visitar El legado de un regalo, sobre el archivo profesional de Osvaldo Neyra, un hombre de teatro, en la sala Aymá, del Foro Cultural UNL.
En tanto, también desde mañana y hasta el 14, se exhibirá Inventario del teatro independiente santafesino, en la Sala Franze del Teatro Municipal 1º de Mayo. Ambas actividades están organizadas por el Museo Histórico de la UNL.



OBRAS ROSARINAS

Dos propuestas llegarán al Argentino desde Rosario. Por un lado, La tercera parte del mar, de Alejandro Tantanián, una producción de Enjambre P, con dirección de Felipe Haidar y las actuaciones de María Cecilia Borri y Emiliano Dasso, que se verá el viernes, a las 20 y a las 23, en el Foro Cultural. Además, será de la partida Naturaleza rota, espectáculo recientemente estrenado en España por el clown rosarino José Guirado que, bajo la dirección de Gustavo Guirado (su padre), se presentará el domingo, a las 20, en la sala mayor del Teatro Municipal.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Los secretos no tienen precio



Sergio Juárez, un joven empleado de un banco, y Ramón Pelletti, un habitual cliente, encerrados en la bóveda.

CRÍTICA TEATRO

El dramaturgo y director Damián Ciampechini dirige con singular ingenio a Christián Valci y Nicolás Valentini en “Embovedados”, obra en la que ensaya qué podría suceder con dos hombres que quedan encerrados dentro de la bóveda de un banco

















Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente en su edición en papel del miércoles 17 de octubre de 2012)
La espera terminó, algo va a pasar, el destino ha querido que la vida de dos hombres cambie para siempre, ya no hay retorno, tampoco hay oxígeno, el aire está viciado, el clima se vuelve irrespirable. Sin embargo, pareciera que aún queda por transitar algo de ese camino de sombra que los oculta; será un tiempo de hastío, de autocompasión, de cierto patetismo cara a cara.
Lo que en ciernes parece una trama urdida con la sagacidad y la inteligencia de un genio como Hitchcock, es uno de los condimentos más fuertes de Embovedados, propuesta que pone a la luz el trabajo de un apasionado creador teatral local como Damián Ciampechini, siempre afecto a las grandes producciones y ahora enfrentado al que, sin dudas, se convertirá en uno de los éxitos de su carrera (y de la temporada), porque se trata de un trabajo en el que dramaturgia, dirección, actuaciones y puesta en escena están en infrecuente sintonía y profesionalismo.
En Embovedados, a partir de un texto propio escrito hace unos años, el director utiliza la anécdota  fundante de un accidente que ocurre dentro de la bóveda de un banco minutos antes de que se cierre hasta nuevo aviso para hablar de la opresión, del dolor, de la pérdida, del camino trazado sin retorno, de lo que no se ve (o no se quiere ver), y sobre todo de la marca indeleble que dejan los vínculos en dos personajes que, cada uno a su medida, se revelan como dos perdedores.
Sergio Juárez, un joven empleado de un banco (Nicolás Valentini), acompaña a Ramón Pelletti (Christián Valci), un habitual cliente, a la bóveda. La descompensación momentánea de este último distrae la atención del primero y la bóveda se cierra inevitablemente. Son las tres de la tarde, y a partir de allí, en tiempo real, ambos verán cómo los celulares no tienen señal, el oxígeno se agota y la incertidumbre ciega cualquier atisbo de optimismo. De a poco, con sabio sentido de la dosificación, ambos personajes irán desnudando su mundo privado, al tiempo que un secreto empezará a hacer mella en el deshilvanado vínculo que los une.
En medio de una imponente escenografía cuyo dispositivo juega en paralelo con el desempeño de los actores, el tiempo, que pasa inexorablemente, tentará a la dupla con la posibilidad, llave maestra mediante, de develar qué esconden esas cajas fuertes. Todo aquello que aparezca (algunos objetos verdaderamente impensados) será la vía de comunicación con un afuera inasible y con un pasado doloroso.
Inteligentemente, el dramaturgo y director va superponiendo planos narrativos al tiempo que deja entrever qué se cocina en esta historia rumbo al inimaginable desenlace.
En su devenir, aquellos temas estructurales de los que siempre habla el teatro, como el amor, el poder o la muerte, se dibujan entre esos mismos planos, con grandes momentos que van del humor a lo trágico apelando a una singular organicidad, dejando en primer plano el conformismo y la opacidad que, por diferentes motivos, caracteriza a ambos personajes.
Más allá del correcto desempeño de Nicolás Valentini, quien de este modo comienza a incursionar en las tablas tras su experiencia como actor en cine, la más grata sorpresa de este trabajo es el extraordinario desempeño de Christián Valci, actor y director de vasta trayectoria, vinculado a la comedia y al vodevil, que aquí, lejos de cualquier estado de comodidad, se calza el complejo desafío de interpretar a un hombre cuya trágica vida lo ha convertido en una verdadera bomba de tiempo.
Por lo demás, Embovedados sirve también para preguntarse cuál es el verdadero valor de las cosas materiales, y hasta dónde los vínculos y el pasado modifican los hechos del presente cuando la muerte se vuelve inminente, dejando en claro que los secretos no tienen precio. 

Cuando lo real es el presente





Una serie de metáforas para hablar del agua como un recurso natural en peligro de extinción.
(Gentileza: Juan José García)



PASO ARROLLADOR. El director Pichón Baldinú mostró en la ciudad su espectáculo “Hombre vertiente”, de la compañía Ojalá, un potente y vertiginoso relato en el que utiliza una serie de metáforas para hablar del agua como un recurso natural en peligro de extinción. El espectáculo se presentó el viernes y sábado últimos, con dos funciones diarias, en el Estadio Cubierto de Newell’s Old Boys



Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 16 de octubre de 2012)
El cuerpo siempre impregna la escena con su propia poética, y el cuerpo, uno de los mayores paradigmas del nuevo milenio por encima de cualquier prodigio tecnológico, es el verdadero germen de Hombre vertiente, un trabajo en el que la compañía porteña Ojalá, comandada por Pichón Baldinú, uno de los creadores de De la Guarda, recupera en parte la estética y el lenguaje de La Organización Negra, con la que, junto con un gran equipo de artistas, Baldinú daba sus primeros pasos en el contexto de un movimiento de ruptura con la tradición teatral que brilló a partir de fines de los años 80.
Creado en 2008 para la Expo Zaragoza y estrenado en España, Hombre vertiente, espectáculo que viernes y sábado se presentó con dos funciones diarias en el Estadio Cubierto de Newell’s Old Boys antes de su viaje a México, apela al relato para encontrar el equilibrio en el contexto de una propuesta de corte industrial, donde el cuerpo (los cuerpos) conviven y narran en medio de enormes estructuras, coreografías aéreas, telones móviles de imponente resolución plástica y un marcado desafío a las leyes de la gravedad.
En ese mismo ámbito pensado casi para ser visto a la italiana (a un solo frente, con un espacio dinámico y otro estático o de platea), una serie de proyecciones dialogan con las escenas en vivo, en ajustadísimos pasajes que a modo de cuento acompañan al protagonista (y a sus alter egos) en este recorrido abigarrado, con escenas superpuestas, y a modo de odisea retrofuturista, lo que convierte al espectáculo en un potente y vertiginoso relato en el que se utilizan una serie de metáforas para hablar del agua como un recurso natural en peligro de extinción.
Tal como pasaba en la recordada La guerra del fuego, película francesa de aventuras de 1981 dirigida por Jean-Jacques Annaud, aquí la guerra es por el agua, y la fabula cuenta que quien tendrá la responsabilidad de priorizar su cuidado será el hombre.
Es así como el agua se vuelve un signo de potente presencia dentro del relato, hasta agotarse. Y así, cuando ese prodigio tecnológico surgido de un proceso empírico es puesto a prueba frente a los recursos de un cuento que también apela a la voz en off, el agua se apropia de la escena: del suelo, de los laterales y de los propios cuerpos de los performers saldrá agua, y ellos, como manantiales que se deshidratan, verán fluir agua a raudales en medio de escenas de una contundencia que enmudecen.
El agua, el recurso no renovable más valioso del planeta, adquiere de este modo un protagonismo inusual en el contexto de una atmósfera tan cautivante como perturbadora.
En medio de un mar de medusas, el personaje recorrerá ese universo kafkiano donde todas las convenciones serán puestas a prueba, y llegará un punto en el que verá como la tierra se cuartea, se reseca hasta convertirse (y convertirlo) en polvo, en uno de los pasajes donde todos los recursos narrativos confluyen en el mayor efecto del relato, en medio de una serie de atmósferas sonoras y visuales tan bellas como apocalípticas.
Después vendrán momentos más festivos y participativos para el público, siempre con el contundente soporte sonoro de la música entre ritual y electrónica compuesta para la ocasión por Gaby Kerpel, incluido un bello tema cantado por La Yegros.
Así, en esta odisea con personajes que van a mitad de camino entre los aparecidos en las sagas Matrix y X-Men, quedará en claro que el hombre en cuestión (también sus infinitas réplicas), será el responsable de que el agua finalmente se extinga como recurso, pero, al mismo tiempo, será posible interpretar que el cambio también es una decisión y que el tiempo real es el aquí ahora; porque más allá de cualquier relato onírico o alucinatorio, lo real y verdadero siempre es el presente.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Con el deseo de ser percibidos





Claudio Danterre, Liliana Gioia y Jorge Ferrucci: tres actores de trayectoria para dar vida a una singular comedia dramática.

CRÍTICA TEATRO

Los actores Liliana Gioia, Claudio Danterre y Jorge Ferrucci dan vida a los delirantes personajes de “Casting en Rosario” , obra con dirección de Ana Tallei que se revela como un homenaje al arte escénico, a sus personajes y a su historia










Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente en su edición en papel del miércoles 11 de octubre de 2012)

Hay un punto en el que las personas necesitan exponerse, volverse visibles para los demás, salir del cono de sombra en el que habitan cotidianamente, correrse de cierta “marginalidad”. Muchas veces, ese lugar de exposición implica un peligro, un riesgo, un camino sin retorno. Quizás esta haya sido una de las consignas a partir de la cual la actriz, directora y dramaturga local Liliana Gioia urdió la trama de Casting en Rosario, trabajo que también la devuelve a los escenarios, esta vez junto a dos grandes actores: Claudio Danterre y Jorge Ferrucci, bajo la dirección de Ana Tallei, quien de este modo incursiona en el complejo territorio del humor.
Partiendo de una intención de escritura en la que la identidad (no la genética sino la territorial o contextual) fue el disparador, Gioia imagina un casting que, al mismo tiempo, sirve como confesionario, sesión de psicoanálisis e intento de trascendencia artística. Y en ciernes, ensaya un homenaje al teatro y al arte en general, porque el mundo del cine también se filtra por los intersticios de un texto que condimenta el humor con acertadas dosis de nostalgia y pequeñas tragedias, algo que, a simple vista, ofrece como signo fundante los rasgos de una comedia dramática de ribetes fellinescos.
En Casting en Rosario, el teatro vuelve a hacer de las suyas, y a lo Pirandello, los espectadores verán una obra teatral que transcurre dentro de un teatro al que Moniq Lagart (Gioia) llega a instancias de un casting que será comandado por un director que brilló en otros tiempos (Danterre), cuyos mecanismos perversos harán trisas el sueño ínfimo de esta cantante de coros parroquiales y maestra de labores cuyo imaginario va a mitad de camino entre los personajes del Club del Clan (dice ser hija no reconocida de Palito Ortega), el deseo de ser actriz luego de estudiar actuación por correspondencia, y una primera “incursión escénica" con una declamadísima versión del poema “La higuera”, de Juana de Ibarbourou, verdaderamente desopilante.
Con rasgos que recuerdan a modo de homenaje a la inolvidable Giulietta Masina de La Strada o Las noches de Cabiria, Gioia apela a esa frescura que caracteriza su vis cómica para aportarle a Moniq (o Mónica Lagarto, tal su verdadero nombre) esa vulnerabilidad que va entre el humor absurdo y cierto patetismo.
Todo parece encarrilarse en esta historia, incluso Moniq logra por un instante captar la atención del director, pero la llegada de Baltazar (Ferrucci), un marido desesperado por el deseo de borrar a esta mujer de la faz de la tierra, descontrola la acción, al tiempo que el susodicho también desplegará su particular histrionismo, recordando viejos tiempos en los que memorizaba obras completas de teatro tras bambalinas dado su rol de carpintero-escenógrafo. Así, el siempre efectivo Ferrucci rememorará su recordada composición de Don Miguel en la versión de Mateo, de Discépolo, al tiempo que Danterre dirá con su voz omnipresente fragmentos de “Hombre preso que mira a su hijo”, de Mario Benedetti. Aunque quizás el momento en el que La gaviota, de Chéjov, se apropia de la escena se vuelva el más entrañable a la hora de pensar en un teatro que se homenajea a sí mismo y a su historia.
El trío de actores responde correctamente a la locura de estos personajes, aunque la propuesta, que más allá de ciertos juegos en los que apela a la provocación se mantiene en un estado de “corrección”, necesita dar esa vuelta de tuerca imprescindible para que el riesgo se vuelve un camino posible a la hora de descolocar al espectador que, a las claras, se conforma con el rasgo fundante de lo cómico.
Por lo demás, se trata de un trío al que Fellini hubiese amado, porque responden a esa estirpe de personajes que transitan entre lo delirante y lo patético, entre la alquimia de lo escénico, es decir la ficción, y la descascarada impronta de lo privado (o lo real), eso que en el teatro, cada vez más, se revela como inocultable.