“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




sábado, 15 de octubre de 2011

El gran regreso del público

El público, gran protagonista: más de 50 mil espectadores.
Taller de Crítica Teatral, dictado por integrantes de Critea en el Sindicato de Prensa de Córdoba.

"Amar", de Alejandro Catalán (Buenos Aires).

BALANCE DEL 8° FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DEL MERCOSUR

Durante 10 días, más de 50 mil espectadores hicieron propio un evento que, gracias a su programación y organización bianual, se ha convertido en un clásico dentro del circuito de festivales latinoamericanos

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 11 de octubre de 2011)
Cualquier opinión que pueda vertirse a modo de balance acerca del 8° Festival Internacional de Teatro del Mercosur, que terminó el pasado fin de semana en la ciudad de Córdoba después de diez días de intensa programación (se realizó del 28 de septiembre al 7 de octubre), estará apuntado a sostener un evento cuya consolidación ya es un hecho concreto, habiendo capitalizado la experiencia de años de trabajo y del tiempo recorrido con el histórico Festival Latinoamericano de Teatro, que comenzó en 1984 tras la vuelta de la democracia, y que se convirtió en una bandera de las nuevas expresiones escénicas que por entonces llegaban al país.
En la presente edición, muchos fueron al teatro, pero sobre todo los jóvenes. De un modo u otro, los cordobeses volvieron a ser parte del evento, un mérito del director del festival (también del Teatro Real), Raúl Sansica, y de su equipo, un hombre que viene del teatro y entiende y acepta la diversidad de miradas, escucha las críticas respetuosas y apela al cambio permanente.
De todos modos, el del Mercosur es un festival que habla por los números: más de 50 mil espectadores recorrieron salas y espacios no convencionales en poco más de una semana, llenando funciones hasta en los días y horarios más complicados, tanto en ámbitos oficiales (Teatro Real, General San Martín, Ciudad de las Artes, entre otros) como alternativos, del mismo modo que plazas, barrios, cárceles y distintos espacios de localidades del interior provincial, entre otras, Alta Gracia, Cañada de Luque, Capilla del Monte, Carlos Paz, Deán Funes, General Levalle, Huinca Renancó, Jovita, Laboulaye, Morteros, Oliva, Oncativo, San Carlos Mina, San Francisco, San Marcos Sierras, Serrano y Tanti.
Desde la organización, se aclaró que la cifra final incluye el lanzamiento del evento (con funciones a modo de prólogo del grupo español La Zaranda, 22, 23 y 24 de septiembre) y las funciones de la versión cordobesa de El niño argentino (de Mauricio Kartun, bajo la dirección de Omar Viale) y Viva la vida del fin de semana, esta última a cargo del grupo Assemblea Teatro de Italia, que fueron programadas como epílogo del evento.
Organizado por la Secretaría de Cultura de la provincia a través de la Subdirección de Artes Escénicas, esta gran fiesta del teatro reunió propuestas internacionales de Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, Suiza, Italia y España.
A la muestra internacional se sumaron espectáculos argentinos que llegaron a Córdoba desde Buenos Aires, Mendoza, Santa Fe, Rosario, Paraná y Chubut, sumando a estos, elencos oficiales, independientes y coproducciones especiales de la ciudad de Córdoba.
De este modo, la presente edición del Festival Internacional de Teatro del Mercosur agrupó más de 140 actividades que incluyeron, además de las funciones en salas, talleres y charlas, propuestas de extensión, funciones en barrios especialmente programadas, presentaciones de libros y un Taller de Crítica Teatral que llevaron adelante a lo largo de cuatro jornadas integrantes del Circulo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina (Critea) de diferentes provincias, en la sede del Sindicato de Prensa de Córdoba (Cispren).

Los grandes protagonistas

En el marco de una programación profusa y diversa, que sumó en total una veintena de propuestas cordobesas frente a la docena de trabajos internacionales, buscando poner en valor el teatro de producción local, se destacaron, dentro del apartado internacional, puestas tales como Track (Suiza), del Teatro delle Radici; Odisea, versión del clásico de Teatro de los Andes de Bolivia; la chilena Diciembre, del grupo Teatro en el Blanco, bajo la dirección de Guillermo Calderón, y la española André y Dorine, del grupo Kulunka Teatro.
Por su parte, el unipersonal uruguayo Kassandra, con dramaturgia del francouruguayo Sergio Blanco y dirección de Gabriel Calderón, al frente del grupo Complot, se reveló como lo más destacado de la muestra internacional.
Dentro del apartado nacional, obras consagradas por el público y la crítica tales como las porteñas Nada del amor me produce envidia, de Santiago Loza con dirección de Diego Lerman; La familia argentina, de Alberto Ure con dirección de Cristina Banegas; Un hueco, de Juan Pablo Gómez, o la santafesina Edipo y yo, con dirección de Edgardo Dib, del mismo modo que la cordobesa Simulacro y fin, de Maximiliano Gallo, marcaron el rumbo de un teatro que se funde entre la experimentación y la fuerte presencia del actor, quedando entre los trabajos más singulares Amar, del creador porteño Alejandro Catalán.
Del mismo modo, Derechos torcidos, la obra del recordado Hugo Midón interpretada por chicos de una escuela de Villa El Libertador acompañados por el actor Giovanni Quiroga, puso la nota fundante de un teatro de fuerte impronta social y de los alcances de un proyecto verdaderamente inclusivo.
Párrafo aparte merece Tesoro público, de la Comedia Cordobesa, que abrió el evento, en el que el director Paco Giménez demuestra que su irreverencia, provocación e incorrección política están intactas. El creador de La Cochera y director de Los Delincuentes Comunes, lejos de atenuar su imaginario de lo que debe ser el teatro, y tomando apenas como disparadores textos de Brecht, Lorca o Camus, armó conjuntamente con los 17 integrantes del elenco estable que acredita cinco décadas de trayectoria, un espectáculo en cuyo entramado de situaciones brillan la denuncia y la necesidad de reconocimiento.
De la jornada del viernes, día del cierre oficial, también es de destacar el ciclo breve de tres monólogos surgidos de los Premios Federales de las Artes Escénicas, que agrupó una adaptación del Martín Fierro, de José Hernández, con la actuación de Carlos Durañona (Buenos Aires); Huachos de amor, con la actuación del chileno radicado en la Argentina Antonio López (Chubut),
y El cetro, con dramaturgia y actuación de Renzo Fabiani (Córdoba).

El cruce imprescindible

Si bien llegaron a Córdoba dos trabajos gestados en la provincia de Santa Fe: Edipo y yo, de la capital provincial, una propuesta surgida a partir de la Comedia de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) bajo la dirección de Edgardo Dib, y Cuatro cuartos, emblemático espectáculo del grupo rosarino de danza-teatro Seisenpunto que dirige Cristina Prates, la nueva autopista que une Córdoba y Rosario debería convertirse, más allá de perimidas rivalidades históricas por el título de “segunda ciudad del país”, en un puente cultural que tome al Festival del Mercosur (ya que Rosario no tiene por el momento uno propio que refleje su valiosa y siempre elogiada producción teatral) como plataforma de intercambio y proyección latinoamericana.
La enorme producción teatral rosarina, que en muchos casos está a la altura de un festival internacional, no tiene una vidriera como el Festival de Teatro del Mercosur donde poder mostrarse y así poder llegar a otro público, a partir de una programación que, como ocurre en Córdoba, cuenta con una estructura de difusión que pone en valor el trabajo y el talento de sus creadores.

De lo naif a lo impiadoso, como un niño




OPINIÓN
El músico y actor catalán Albert Pla, tras su paso por el Festival Internacional de Teatro del Mercosur de Córdoba, mostró en Pugliese las canciones de su reciente disco, "La diferencia", en el marco de su espectáculo "Tenemos un problema"

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del domingo 9 de octubre de 2011)
Pesadillas y situaciones verdaderas que por extremas se vuelvan casi inverosímiles; un carro cargado de pequeños recuerdos, momentos chiquitos que dan paso a momentos enormes. Así, dueño absoluto de la escena y de su público, y tal como lo hizo en el marco del 8° Festival Internacional de Teatro del Mercosur de Córdoba la semana pasada, el músico y performer catalán Albert Pla dibujará y desdibujará la realidad, cuando esta noche, a las 21, junto al guitarrista Diego Cortés, se presente en Pugliese (Corrientes 1530).
El de Pla es un show marcado por la singularidad, por la simpleza y por el absurdo, por lo arbitrario y lo desbaratado, por la conmoción y el humor negro.
Solo, camino al escenario, Pla deconstruye cualquier plan preestablecido con un puñado de canciones que dan forma (y deforman) a un show musical transformándolo todo en otra cosa.
Canta canciones como “Corazón”, para los que lo tienen y para los que en su lugar tienen un hueco, y vaya el palo para la Iglesia, para los necios, para los pobres de espíritu, para los que insisten con un proyecto individual por fuera de lo colectivo, porque, según dice, “hay que organizarse”.
Pla juega en escena, va de lo naif a lo violento, desgarra su guitarra eléctrica mientras Diego Cortés acude al virtuosismo de su guitarra flamenca, para abordar un mix entre rockero y cante de tablao.
Tras cartón, las vicisitudes de un gallo disfónico descriptas en “El Gallo Eduardo Montenegro”, servirán de antesala para decir: “Yo quiero que tu sufras lo que yo sufro, y aprenderé a rezar para lograrlo”, en uno de los mejores momentos del show, cuando “Sufre como yo”, inmortalizada en el film Carne trémula, de Pedro Almodóvar, se convierta en una bisagra para dar paso a los abigarrados solos de un Cortés sencillamente impresionante y sorprendentemente generoso con el público.
Más tarde, la movilizadora “La colilla” hará de las suyas al mostrar al Pla más político, al que toma postura (y emprende una suerte de venganza) frente a los embates de lo que supuestamente queda del llamado primer mundo frente al tercero, tomando como paradigma a los Estados Unidos, país al que imagina ardiendo en llamas como la antigua Roma (a través de un
hecho tan improbable como divertido), del mismo modo que, con su voz susurrante de niño malo, arremete con la tristeza simple de “Añoro”, donde “duelen los recuerdos” como en un feroz poema lorquiano.
Único a la hora de expresar su desconcierto frente al poder en todas sus formas, del mismo modo que sus deseos prohibidos frente a la belleza casi insolente de una joven en la calle que lleva “falda corta”, o contando y cantando la triste realidad del pobre “Joaquín el necio”, cuando Rosa lo deja por un negro “sin perdón” que será irremediablemente castrado, lo de Pla no es cosa simple; se trata de un artista de aristas personalísimas, que despliega en escena una libertad que logra contagiar a la platea que, como pasa con lo verdaderamente bueno, siempre se queda con ganas de más.

La actuación en primer plano





8° FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DEL MERCOSUR

Propuestas nacionales e internacionales de gran valor artístico completaron en las últimas jornadas la destacada grilla del evento que finaliza hoy después de diez días de intensa y atractiva programación


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del viernes 7 de octubre de 2011)
El 8º Festival Internacional de Teatro del Mercosur finaliza hoy en la ciudad de Córdoba, después de 10 días, con la clara convicción de mantener intacta su identidad, independientemente de algunas arbitrariedades dentro de una programación compleja
de armar por su diversidad, integrada por más de cuarenta propuestas tanto del país como del exterior, en las que se incluyen trabajos de sala y proyectos especiales.
Dentro del apartado nacional, obras consagradas por el público y la crítica tales como las porteñas Nada del amor me produce envidia, de Santiago Loza con dirección de Diego Lerman; La familia argentina, de Alberto Ure con dirección de Cristina Banegas; Un hueco, de Juan Pablo Gómez, o
la santafesina Edipo y yo, versión del clásico de Sófocles de Edgardo Dib, del mismo modo que la cordobesa Simulacro y fin, de Maximiliano Gallo, se destacaron en los últimos días. Aunque una de las grandes sorpresas de la presente edición del Mercosur fue, sin duda, Amar, del creador porteño Alejandro Catalán.

Las contradicciones del amor

En Amar, un verdadero prodigio teatral que conjuga ingenio, actuaciones deslumbrantes y un dispositivo escénico que no se parece a nada, donde todo el artificio del teatro queda a la vista y sin embargo la convención con el público permanece intacta, Alejandro Catalán atraviesa junto a sus actores un decálogo de situaciones ligadas con el amor y el fracaso.
Edgardo Castro, Ximena Banús, Natalia Di Cienzo, el rosarino Miguel Ángel Bosco, Federico Liss y Paula Manzone arman y desarman los entretelones de tres parejas en una noche frente al mar.
El artificio es funcional a un presente constante en el que los personajes van dejando entrever la trama de sus vínculos de pareja, en una construcción que del mismo modo que acerca la circularidad del cine de Bergman o del mejor Woody Allen abreva por pasajes en las bizarras instancias del más abigarrado melodrama.
Sólo unas linternas que apelan a los primeros planos manejadas por los mismos actores y unos tubos hechos con botellas de plástico descartables que asemejan palos de agua y con los que reproducen la inconfundible sonoridad del mar, son suficientes para codificar situaciones propias
de una noche en la que el calor, la música estridente y los tragos portentosos serán el puente para que las verdades más dolorosas, los rencores más funestos, la envidias más inconfesables y los deseos más ocultos salgan a la luz, en lo que el director define como “el derrotero de una noche intensa y descarriada”.
“En esta obra continúo profundizando la problemática en torno a la que constituí mis proyectos anteriores: el imaginario actoral. Esta profundización implica dos aspectos; uno es el desalojo de referencias totalizadoras, centralizantes o preestructurantes que identifico en la práctica escénica
habitual y descubro escondida en mis trabajos anteriores. El otro aspecto fue, consecuentemente,
el compromiso con una mayor apertura e indeterminación en el proceso de búsqueda a realizar con los actores, abordando a la actuación como un juego mágico y radical”, sostiene Catalán.

Ilustres visitantes

De las últimas jornadas, y dentro del apartado internacional, se destacaron puestas tales como Odisea, versión del clásico de Teatro de los Andes de Bolivia, con dirección de Cesar Brié (aunque éste ya no pertenezca a la compañía); la chilena Diciembre, del grupo Teatro en el Blanco, bajo la
dirección de Guillermo Calderón, y la española André y Dorine, del grupo Kulunka Teatro.
Con el extraordinario trabajo de José Dault, Garbiñe Insausti y Edu Cárcamo, bajo la dirección de Iñaki Rikarte, André y Dorine, que llegó del País Vasco, retrata con singular intensidad y sin palabras la vida de una pareja de ancianos que se ve atravesada por la enfermedad de Alzheimer, en un relato dramático en el que se ponen en jaque los efectos de la memoria, la pérdida de la identidad y el paso del tiempo como ejes estructurantes de un trabajo profundo y conmovedor.
En una casa, dos ancianos, frente a la pérdida de aquello que se tuvo siempre, buscarán reconstruir desde lo posible y como en una película en sepia, los momentos que marcaron el encuentro, el amor, las grandes pasiones de ambos: André por la escritura y Dorine por la música.
Casi al mismo tiempo que Dorine no encontrará la manera de hacer sonar su violonchelo como antes, André buscará, tras el enojo que le causa el dolor, la manera de rearmar su forma de vincularse con alguien que ya no lo reconoce.
Con el recuerdo aún presente de la extraordinaria Lejos de ella, película rodada por la canadiense Sarah Polley sobre la misma temática (protagonizada por una inolvidable Julie Christie), el equipo partió, sin embargo, de la historia del vínculo que unió al filósofo francés André Gorz con su esposa Dorine, a la que le escribió una carta cuando descubrió que estaba enferma, aunque no de Alzheimer.
Así, sólo tres actores componen una docena de personajes, a través de los cuales juegan a recrear una especie de retablo en el que como títeres mudos a escala humana (utilizan máscaras) transitan una historia que, según aclaran, se revela como “un viaje a través del recuerdo; recordar quiénes han sido para no olvidar quiénes son”.

viernes, 14 de octubre de 2011

Color, provocación y mucha irreverencia








8° FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DEL MERCOSUR

La fiesta comenzó con el murguero uruguayo Tabaré Cardozo y el estreno de “Tesoro público”, con Paco Giménez, al frente de la histórica Comedia Cordobesa

Por Miguel Passarini (Publicado por El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del viernes 30 de septiembre de 2011)
La fiesta teatral está en marcha: los murgueros del uruguayo Tabaré Cardozo coparon diversos escenarios en una apertura sin precedentes, descentralizada, recorriendo con su arte varios escenarios para terminar a la caída del sol en el viejo Mercado Norte (construido en 1927), a pocas cuadras del corazón de Córdoba. Así comenzó el miércoles el 8° Festival Internacional del Mercosur que organiza la Secretaría de Cultura provincial, y que hasta el 7 de octubre tendrá lugar en la Docta y en las distintas subsedes de toda la provincia.
Desde temprano, en la plaza de Villa Libertador, y luego en la plaza Lavalle de San Vicente, a modo de breves “llamadas” o “toques”, Tabaré Cardozo y su banda dieron el puntapié inicial a una jornada que cerró el legendario Paco Giménez con el estreno de Tesoro público, por primera vez como director invitado de la Comedia Cordobesa.
La banda de Cardozo, líder de la colorida murga Agarrate Catalina, repasó, en medio de los aromas propios del mercado que se aprestaba alrededor de las 20 a cerrar sus puertas tras una jornada muy calurosa, clásicos de su repertorio al tiempo que homenajeó al recordado Canario Luna.
Rara mezcla de gardelito y murguero, Cardozo hizo gala de su conocida presencia escénica, mechando entre sus canciones el típico discurso al que los uruguayos tienen acostumbrados a su público. La poesía de Cardozo brilló en “El tipo de la radio” y “El pistola”, en homenaje a uno de los tantos “ángeles del barrio” que la murga suele homenajear.


Paco, siempre Paco

La irreverencia, la provocación y la incorrección política están intactas en Paco Giménez, uno de los creadores más relevantes de las últimas tres décadas del teatro cordobés, cuyo talento ha traspasado las fronteras de su ciudad natal, para ocupar un lugar de privilegio en la escena argentina en general.
Convocado para dirigir la Comedia Cordobesa, compañía con más de cincuenta años de trayectoria y con cierta “fama” de haberse burocratizado, el creador de La Cochera y director de Los Delincuentes Comunes, lejos de atenuar su imaginario de lo que debe ser el teatro, y tomando apenas como disparadores textos de Brecht, Lorca o Camus, armó con los 17 integrantes del elenco estable Tesoro público, un entramado de situaciones en el que brilla, desde la denuncia, la necesidad de reconocimiento por parte de la comunidad teatral y del público en general de un equipo artístico que, quizás, no había encontrado en los últimos años un director que sepa acompañarlos en una búsqueda de nuevos sentidos que ponga en valor su trabajo.
Giménez, que reparte su tiempo entre Córdoba y Buenos Aires, arribó a un montaje que tiene mucho de catártico y liberador, cuya impronta, en algunos pasajes, recuerda a la siempre polémica Insultos al público, del austríaco Peter Handke.
Aquí, pareciera que los actores, lejos de aceptar el mote de “aburguesados”, dieron el sí al nada menor desafío del director, quien pone en jaque desde los discursos la verdadera tarea del actor que se involucra en una comedia oficial, frente a la inestabilidad del mal llamado teatro independiente. Pero, sobre todo, Giménez busca poner a la luz el verdadero rol del teatro, el arte más efímero de todos, devolviéndole a los actores de la mítica Comedia Cordobesa el lugar que se merecen: el espacio mágico que implica la actuación, la instancia poética del hecho de actuar en un “templo” en el que, tal como escribe el propio director en el programa de mano, conviven “sacerdotes y bufones, dioses y pecadores”.
De este modo, la sala Carlos Giménez del Teatro Real se llenó de esos “pequeños tesoros” que el singular y ecléctico equipo artístico tenía guardados; un poco apelando a los recuerdos, un poco retomando otros personajes ya transitados, pero lejos de cualquier texto preestablecido, como es habitual cada vez que encaran un proyecto.
El resultado, un espectáculo en el que la ironía y el desenfado invitan al público a reconciliarse con el mejor teatro, recuperando ese “tesoro público” que estaba latente pero oculto.

Hermosas criaturas celestiales





8º FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DEL MERCOSUR


En el apartado “Eventos especiales”, se vio una iluminada versión de la comedia musical “Derechos torcidos”, obra del recordado Hugo Midón, protagonizada por 15 chicos de una escuela barrial


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del miércoles 5 de octubre de 2011)
Un juego de niños en escena; la puesta a punto de una comedia musical surgida del trabajo de un equipo artístico al que le interesa aportar algo más que la simple mirada; el deseo más palmario de abrir una puerta al verdadero arte para muchos de aquellos que por largo tiempo la tuvieron cerrada.
En el apartado “Eventos especiales”, el 8° Festival Internacional del Mercosur, sumó el lunes la presentación de una iluminada versión de Derechos torcidos, obra del recordado Hugo Midón, un emblema del teatro infantil en la Argentina, quien falleció en marzo de este año, que hace honor a su viejo sueño de “transformar la realidad a través del juego”.
Ideada y producida por el histórico Teatro Real, que lleva adelante el también director del Festival del Mercosur, Raúl Sansica, quien claramente ha dado un vuelco notable en materia de política institucional al referido coliseo abriendo sus puertas a lo grande y para todos, la versión incluye a 15 niños de la Escuela Marta Juana González de Villa Libertador, que junto al talentoso actor de la Comedia Cordobesa Giovanni Quiroga (también integrante de La Cochera y del grupo Los Delincuentes Comunes, creado por Paco Giménez), actúan, cantan y bailan (algo que hacen por primera vez), con la intención concreta de integrarlos a un proyecto con artistas profesionales, abordando, además, una puesta de gran valor artístico, abarrotada de frescura, alegría y singularidad, y alejada de cualquier posibilidad de golpe bajo.
Con un equipo de trabajo que desde la dirección musical completa Carlos Gianni (creador de la música original y colaborador de Midón) y desde la dirección general el talentoso teatrista porteño Rubén Segal, la obra busca relatar a través de diversas situaciones salpicadas con canciones, las alegrías, tristezas y carencias de un grupo de chicos que comparte su cotidianeidad en lo que bien podría ser el comedor comunitario de cualquier barrio marginal de cualquier ciudad argentina con un particular personaje (Pocho, interpretado por Quiroga) que hace las veces de amigo, padre y consejero.
De todos modos, e independientemente de la universalidad de la problemática, ciertos aires de cuarteto y la singularísima manera de hablar y moverse de los cordobeses, instala claramente el conflicto en las márgenes de la ciudad de Córdoba.
Si bien están planteadas las situaciones de riesgo social que atraviesan estos chicos, dado que, más allá del relato de Midón mucho de su cotidianeidad se filtró en los ensayos, la puesta es, por encima de todo, de un gran valor teatral, al tiempo que se revela como un hecho político tratándose de una producción de un teatro oficial, que además la convierte en un hecho inédito que debería recorrer todos los teatros oficiales del país.
Salud, educación e identidad aparecen como los ejes principales sobre los cuales discurren las canciones y situaciones planteadas, en su mayoría las originales escritas por Midón (el espectáculo tuvo su estreno en el porteño Complejo La Plaza con un elenco profesional encabezado por Osqui Guzmán), aunque la obra sufrió algunas adaptaciones en el devenir de los ensayos, que comenzaron en marzo de este año.
En este tiempo, esos encuentros admitieron modificaciones a partir de un numeroso grupo de chicos que comenzó con el proceso y del cual quedaron los 15 que hoy participan por voluntad propia y de sus padres, teniendo en cuenta que en todos los casos se trataba de la primera vez que abordaban semejante desafío, algo que el director planteó desde la más absoluta igualdad y sin ningún protagonismo por fuera de la presencia de Quiroga.
Según relatan desde la sala, “en marzo de 2011 las puertas del Teatro Real se abrieron para iniciar esta experiencia, que permitió reunir a 15 niños, de entre 8 y 14 años, e integrarlos al equipo profesional del teatro. El objetivo principal del proyecto fue trascender la excelencia artística, para generar un espacio que privilegiara diferentes valores. La pasión, la entrega, el encuentro con los otros, la generosidad, la adaptación al cambio y la flexibilidad, intentaron ser el eje principal de esta tarea. El teatro, más allá del contenido de sus obras, permite generar experiencias humanas, en donde aquellos que las atraviesan son transformados
y a su vez tienen la misión de compartir esa transformación con los demás”.
Si bien a lo largo de la historia mucho se ha hablado y discutido acerca del rol social del teatro, esta versión de Derechos torcidos implica subir varios escalones en términos de pensar al teatro como un fenómeno inclusivo, que, como en este caso, ponga en valor los verdaderos derechos universales de los niños, quizás para que los derechos no estén tan “torcidos”, invitando al escenario a un puñado de hermosas criaturas celestiales que de ahora en más tienen un lugar de pertenencia en el teatro.

Virtualidad y realidad en performances contrastadas





8º FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DEL MERCOSUR

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 4 de octubre de 2011)
Como pasa habitualmente en cada edición del Festival Internacional de Teatro del Mercosur que termina el fin de semana, las nuevas tecnologías y las propuestas alternativas suelen ocupar un espacio importante de la programación. Aunque distanciados por cuestiones tecnológicas y de lenguaje, durante el fin de semana dos momentos del festival apelaron a recursos preformativos
para abordar vínculos entre los protagonistas y el público.
Por un lado, el prolífico equipo de investigación BiNeural-MonoKultur, que recorre diferentes ciudades del mundo con trabajos creados para cada lugar, estrenó Homo-migrator.www (Virtual Performances – laboratorio para teatro virtual), en el que intervienen artistas de la Argentina, Alemania, Brasil, Colombia y España.
Por otro, el dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, encabezó la performance Diez dramaturgos en espacios públicos, en la que un grupo de dramaturgos cordobeses, a partir de algunas consignas, buscaron hacer “visible lo invisible”, la escritura de los dramaturgos de gabinete, quienes trasladaron a la plaza sus escritorios, sus objetos personales, y frente a viejas máquinas de escribir desarrollaron historias a partir de consignas, al tiempo que buscaron reconstruir los relatos fragmentados de los ocasionales y curiosos transeúntes.
En Homo-migrator.www…, una propuesta de poco más de una hora de duración, los artistas Christina Ruf y Ariel Dávila, creadores del concepto, dirección y dramaturgia de la propuesta concebida en cuatro postas, trabajan a partir del reencuentro ocasional entre diferentes inmigrantes y los espectadores que, divididos por grupos pequeños, recorren cuatro salas del Centro Cultural España Córdoba, con la intención de descubrir los motivos y las arbitrariedades de los diferentes tipos de exilios que padecieron cada uno de los “migrantes”.
Así, las ideas de viaje, de reencuentro (virtual) y de compartir algo más allá de la distancia, pone
en jaque los alcances de las nuevas tecnologías a través de una simple cámara web y de un contacto on-line real con artistas que se encuentran en Alemania, España, Colombia y Brasil, apelando, en algunos casos, a pequeñas ficciones, y en otros, a historias reales, momentos en los cuales el proyecto se revela como una especie de biodrama virtual.
De este modo, esta serie de “intervenciones virtuales-teatrales” vía videoconferencia por internet, juega con la idea de mundo sin fronteras y en relación con la WorldWideWeb (www). En ese contexto, se trabaja sobre la idea de que el video-chat, “se convirtió en la herramienta fundamental de comunicación del migrante”.
También, la propuesta juega con la verdad y la mentira, con la imposibilidad de confirmar o descartar información, y con un nuevo modo de ficción que va a mitad de camino entre el “aquí y ahora” del teatro y el distanciamiento que provoca la presencia de una pantalla de televisión, dado que el vínculo que muestra cada segmento vía Skype es amplificado a través de este formato más convencional, convirtiendo a cada potencial espectador en un “televidente”.
BiNeural-MonoKultur es un grupo performático fundado en 2004 por Christina Ruf (Alemania) y Ariel Dávila (Argentina) para investigar en formatos que intervengan en el límite de la realidad y la ficción. Sus trabajos experimentan con espacios no convencionales y dan cuenta de un cruce de diferentes disciplinas.
Por su parte, dentro del apartado “Eventos especiales”, el dramaturgo Sergio Blanco tuvo a su cargo una performance que copó la atención de los cordobeses que transitaban por la histórica Plaza San Martín (frente al Cabildo y la Catedral).
Instalados con viejas máquinas de escribir, los dramaturgos involucrados apelaron al relato de los caminantes que en la calurosa noche del sábado fueron la matriz de posibles textos dramáticos ampliados y desarrollados en el mismo momento.
Así, partiendo del concepto de poner en primer plano el rol del que escribe, muchas veces opacado por la puesta en escena, este habitual acto privado quedó al desnudo.
Gonzalo Marull, Daniela Martín, Rodrigo Cuesta, Jazmín Sequeira, Rodrigo Fonseca, Sonia Daniel, Emilio Díaz Abregú, Mariana Richardet, Ricardo Ryser y Nadia Basanta fueron los dramaturgos involucrados a partir de un proyecto que, también, tuvo cierto aire de denuncia frente a la desconsideración que suelen sufrir los dramaturgos ante las mutilaciones, modificaciones e intervenciones que padecen sus textos, dado que el hecho de apropiarse de un ámbito como una plaza tiene cierto costado de acto político y de protesta, frente a los imponentes edificios históricos que la circundan y que representan todos los poderes.
Uno de los datos más interesantes fue la amplificación del sonido de los teclados de las recuperadas máquinas de escribir (en muchos casos, objetos de museo), casi como la musicalidad de una experiencia cuya riqueza se basa en la idea de “escuchar y ver” como se da la forma y se construye un texto teatral.

Entre tragedias y resignificaciones



8° FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DEL MERCOSUR

En diversos escenarios se vieron atractivos espectáculos como el uruguayo “Kassandra”, la obra suiza “Track” y el show del performer español Albert Pla



Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente en su edición en papel del domingo 2 de octubre de 2011)
En las últimas jornadas, Córdoba hizo honor a un prestigio ganado en materia de programación festivalera desde los años 80, tras el advenimiento de la democracia con el recordado Festival Latinoamericano que vio la luz en 1984, y que se revela como la antesala del actual encuentro. Así, conservando la identidad perdida por otros eventos similares, que en pos de “compartir” propuestas se ven desdibujados, y hasta dejan de ser un festival para pasar a ser sólo una muestra de espectáculos, el 8º Festival Internacional de Teatro del Mercosur mostró entre jueves y viernes algunas propuestas verdaderamente innovadoras.
Kassandra, del grupo uruguayo Complot, es un claro ejemplo de lo que implican los desafíos y los riesgos a la hora de pensar y producir teatro en la actualidad.
Apelando a un lenguaje que, en principio pareciera complejizar el vínculo de la actriz protagonista con el público, dado que todo el espectáculo es en inglés, Roxana Blanco, de la mano del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, y bajo la dirección del talentoso Gabriel Calderón, logra actualizar lo que para las tragedias clásicas fue siempre un personaje menor, Casandra, una adivinadora del destino que aquí aparece con una sexualidad ambigua. Se trata de
una prostituta desolada (una travesti), traicionada y abandonada, que verá ante el público cómo su propio destino, irremediablemente, será la muerte.
Construyendo una trama de solidez inusual, la actriz repasa momentos de la vida de esta mujer, cuyo nombre en griego antiguo significa, nada menos, que “la que enreda a los hombres”.
Doloroso recorrido por los últimos momentos del personaje será el que enfrente el público a través de un texto de palabras simples que al estar dichas en inglés obligan a un nivel de atención particular, apelando al talento de una actriz extraordinaria que nunca pierde el contacto con el público, algo que establece desde que los invitados llegan a la sala, convertida en una especie de prostíbulo-cabaret. Economía de recursos y una historia que va del humor al dolor, sirven para traer al presente a la otrora heroína troyana: una migrante de cualquier lugar, una mujer que al hablar de los personajes y las tragedias del pasado está hablando de las tragedias del mundo presente.
Abandonos, problemas de género, relaciones incestuosas, individualismo exacerbado, exilios dolorosos, destinos inmodificables, mediatizaciones enfermantes, incomunicaciones cotidianas atraviesan su frondoso relato.
El mayor capital del trabajo está, más allá de la performance de la estupenda actriz, en el texto de Blanco, quien sostiene que buscó (y consiguió) “una verdadera desescritura del mito”.
El grupo Complot tiene como particularidad, según se encargan de declarar, “objetivos y pensamientos siempre diferentes: las formas de pensar la escena, los resultados buscados, las razones que mueven los diferentes espectáculos y actividades que desarrollamos son siempre distintas y aún mejor, contradictorias”.
Por otra parte, de Suiza llegó a Córdoba Track, del grupo Teatro delle Radici, con las actuaciones de los italianos Andrea Fardella y Camilla Parini, a partir de texto y dirección de la cordobesa radicada en Europa, Cristina Castrillo.
Un compendio de situaciones que por momentos parecieran traer al presente instancias del mejor absurdo beckettiano, transitan los entretelones de Track, una especie de diáspora sobre el vínculo entre un hombre y una mujer que arman un recorrido que parecieran repetir hasta el hastío.
“Hacemos crack porque somos sólo la réplica de nosotros mismos, porque somos sólo sangre rabiosa pero no tenemos ni las pelotas ni la lealtad de defender una idea, un movimiento, una ilusión o la diversidad de una mutación. Hacemos crack porque hemos permitido a nuestro corazón distraerse. Tenemos que hacer crack porque no somos otra cosa que el simulacro de un sueño… y saberlo, hace daño”, escribe la talentosa directora con cuatro décadas de trayectoria, quien en los años 70 integró en su Córdoba natal el emblemático grupo Libre Teatro Libre (LTL), hasta la fundación, en 1980 en Suiza, del prolífico Teatro de las Raíces.
Otro de los puntos más altos de las dos últimas jornadas lo protagonizó el artista catalán Albert Pla, con su espectáculo Tenemos un problema, un singularísimo concierto que el próximo domingo 9 se presentará en el reducto rosarino Pugliese, donde Pla está acompañado por el arrollador guitarrista flamenco Diego Cortés, quien desde su impronta gitana juega con el conocido talento de Pla para pasar, sin escalas, de lo naif a lo tremendo y horroroso, a través de un puñado de canciones maravillosamente llenas de verdad, crudeza y el más potente realismo posmoderno.