“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




miércoles, 15 de junio de 2011

"En el teatro no hay retoma"



ESTRENO TEATRO. Los viernes, a partir de las 22, en el Centro de Estudios Teatrales de San Juan al 800, el director de cine rosarino Gustavo Postiglione dirige “Algo sobre el amor”, obra teatral de su autoría en la que actúan Claudia Schujman, María Celia Ferrero, Caren Hulten y Juan Nemirovsky



Por Miguel Passarini (publicada en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del viernes 10 de junio)
La prosapia kitsch y popular de una serie de canciones, entre las que aparecen “Me haces tanto bien”, de Amistades Peligrosas, o “Cuando me enamoro”, de Enrique Iglesias, estructuran algunos de los pasajes de Algo sobre el amor, el espectáculo con el que el realizador cinematográfico rosarino Gustavo Postiglione vuelve al teatro luego de haber montado en 2002 una versión escénica de su película El asadito con la que se presentó en Rosario y Buenos Aires.
Algo sobre el amor, una de las obras ganadoras de Coproducciones Municipales 2010, que cuenta con las actuaciones de Claudia Schujman, María Celia Ferrero, Caren Hulten y Juan Nemirovsky, con asistencia de dirección de Maru Solana y dramaturgia, puesta en escena y dirección general de Gustavo Postiglione, se conocerá esta noche, a las 22, para el público (se presentó el viernes pasado para prensa e invitados), en el Centro de Estudios Teatrales (CET, San Juan 842), donde seguirá en cartel todos los viernes de los próximos meses.
Lejos de ciertos convencionalismos de un teatro alternativo que suele hermetizarse, Postiglione plantea una especie de comedia de clima chejoviano que, paso a paso, va camino a un desenlace en el que si bien la tragedia no se vuelve literal, el relato adquiere ribetes trágicos a partir de un clima de policial negro del que participan dos parejas amigas que se reúnen a cenar en una noche.
“Julia y Sofía van a cenar a la casa de Mauro y Cecilia. En un encuentro que aparenta una reunión cotidiana, la charla va desnudando pequeñas historias personales hasta develar un secreto oculto que puede esconder un crimen”, adelanta el parte de prensa que, oportunamente, no da muchos más detalles.
“El punto de partida para escribir fueron relatos y obras de Chejov, cuentos de Raymond Carver y algo de Joyce, pero el final quizás sea más una historia «hard boiled». Algo sobre el amor tiene dos tipos de momentos que me interesaba trabajar: por un lado, quise reproducir esas situaciones cotidianas que esconden cosas que no se ven, para luego pasar a un relato mucho más explícito en donde lo que está en juego es un conflicto que tiene un condimento de tinte policial duro”, detalló el director.
“Siento que en este espectáculo, de alguna manera, repito formas estructurales con las que yo he venido trabajando por otro lado, como pasó por ejemplo con El asadito o El cumple, que por un lado son historias que están vinculadas a lo cotidiano, pero por otro, siempre hay algo debajo de esa superficie que no se ve, hasta que en un momento, se ve. En ese sentido, en la obra han trabajado de ese modo y a su manera, tanto Chejov como (Raymond) Carver, cuyos textos siempre son una inspiración para mi trabajo”, contó Postiglione a El Ciudadano, quien además reconoció que el texto y los actores, “han sido siempre los dos puntos sobre los cuales me interesa trabajar tanto en el cine como en televisión, y creo que llego a proponer este trabajo en teatro, también, a partir de un recorrido similar, más allá de que todo el tiempo estoy tratando de despegarme de cualquier vicio cinematográfico. Y del lado de los actores, se trata de gente con la que quería trabajar porque también los conozco del cine, del mismo modo que aparece el impulso de estos actores planteando las ganas de hacer una obra”.
Respecto de la historia, a la que el creador definió, más allá del recorrido, como cercana al “hard boiled”, especificación que dentro del policial negro remite a una especie de pequeño subgénero de cierta dureza en el lenguaje y en el relato, que admite la sorpresa como uno de sus grandes condimentos, Postiglione expresó: “En primer lugar, trabajé sobre un texto que estaba escrito previamente del que luego los actores se apropiaron. De allí, de ese proceso, surgió el tema de la música porque me pareció que podía aportar algo diferente, algo que yo quería ver en el teatro; esas canciones que van apareciendo con cierto aire de cotidianeidad, como pasa con el relato, van llevando la historia para un costado en el que aparece el artificio, donde los actores se corren de cierto naturalismo, y donde lo que se cuenta adquiere una densidad importante: allí, el clima es otro y los personajes, por esto que cuentan, ya no serán los mismos. La música es introductoria de cada tema que se va a tratar; son canciones que están en el límite de lo kitsch, en español, y creo que de algún modo ayudan al público a digerir ciertas problemáticas que aparecen en la obra”.
Con relación al proceso que desemboca en la obra y que llevó un par de años de escritura y unos seis meses de ensayo, el director abundó: “Indudablemente, esta obra surge del trabajo para el cine, porque a diferencia de lo que suele hacerse ahora, yo ensayo bastante con los actores antes de rodar una escena, y el ensayo es un territorio muy del teatro. A mí me interesa mucho el ensayo porque me permite ir descubriendo cosas de los actores, encontrarle el punto justo a cada cosa, cierta armonía. Es como pasa con un equipo de fútbol: salen a la cancha y cada uno tiene que saber para qué está y qué tiene que hacer. Y a diferencia del cine, aquí no hay margen de error porque en el teatro no hay retoma. Pero por otro lado, dentro de mi cine, hay algo de lo teatral porque suelo trabajar mucho con el plano secuencia, donde los actores trascienden el momento y pueden desarrollar un poco más el personaje. Y además, si bien estoy entrando al teatro por un lugar diferente, por todo este recorrido, no me siento ajeno a este mundo”.
Finalmente, y respecto de su ingreso a un ámbito como el teatral, que tiene sus códigos y sus particularidades, Postiglione manifestó: “Más allá de que, seguramente, aparezca gente que se pregunte qué hago yo dentro del teatro, en otras partes del mundo, incluso en Buenos Aires, es mucho más común de lo que muchos piensan el hecho de que gente del cine haga teatro y viceversa, no es una cosa extraña. De todos modos, más allá de que, volviendo al tema del fútbol yo, como un «director técnico», puedo preparar la jugada, los que salen a la cancha son los actores, ellos ponen el cuerpo, sus emociones; y una vez que están allí, yo no puedo modificar nada”.

miércoles, 8 de junio de 2011

Un relicario de nostalgias






CRÍTICA TEATRO

La bailarina, coreógrafa e investigadora Paula Manaker dirige a un numeroso equipo artístico en “Un dios que se va”, un singular espectáculo de danza-teatro inspirado en la obra del autor español Rafael Barrett


UN DIOS QUE SE VA
Dirección general:
Paula Manaker
Actúan: Gustavo Maffei, Marcelo Díaz,
Juan Manuel Raimondi, Florencia Martinucci,
Yerutí García Arocena, Ange Potier
Músico invitado: Federico Abelli
Vestuario: Cristian Ayala
Prensa y comunicación:
Ana Julia Manaker
Creación musical:
Carlos Masinger
Colaborador artístico:
Sebastián Friedman
Sala:
Centro Cultural Parque de España,
Sarmiento y el río, sabado 11, a las 21.30,
domingo 12, a las 19

Por Miguel Passarini (publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del lunes 6 de junio de 2011)
Partir, distanciarse para reconocerse. Quizás con esa premisa, a comienzos del siglo XX, el escritor y periodista español Rafael Barrett se descubrió en su esencia cuando pisó por primera vez suelo paraguayo (me volví “bueno”, supo decir). Allí, su universo literario, frondoso como la selva que lo rodeaba, errático como su propio destino, contradictorio como su origen con algo de sangre monárquica que lo llevó a revelarse finalmente como un anarquista aguerrido, se agotó en unos pocos años (murió en 1910, en París, a los 34 años, víctima de la tuberculosis), los necesarios como para producir una de las obras más revolucionarias, provocadoras y verdaderas de las primeras décadas del siglo XX, que ahora está siendo redescubierta y puesta en valor quizás porque en su tiempo fue, como otros tantos, un gran incomprendido.
Con la premisa de revisitar a un autor español para un concurso convocado desde el Parque de España (el espectáculo es una coproducción), aunque conocedora de la obra de Barrett desde hace tiempo, la bailarina, coreógrafa e investigadora rosarina Paula Manaker estrenó el sábado en la sala Príncipe de Asturias del referido centro cultural (se presenta nuevamente el sábado y domingo próximos) un singular trabajo escénico que sabiamente dispersa los sentidos entre la danza, la actuación y la música en vivo, para “embarrar” el discurso y producir una especie de magma simbólico en el que las palabras escritas por Barrett atraviesan los cuerpos de los bailarines-actoresperformers, o lo que ahora (sobre todo en Europa y Estados Unidos) denominan “movers”, es decir artistas o intérpretes que utilizan el cuerpo y el movimiento en forma comprometida y conciente como un recurso expresivo, pero que no necesariamente son bailarines (al menos en el concepto clásico y académico de cuerpo y movimiento).
Un dios que se va no sólo es el nombre del espectáculo. Es también uno de los textos que se incluyen en el incandescente Moralidades actuales, que además aparece, entre otros, en el libro publicado por el equipo de trabajo junto con la editorial local Más Acá que se entrega gratis con la entrada, lo que se revela como todo un signo político en relación con el deseo de traer al presente a Barrett: sus palabras escritas (el libro) y su imaginario (el espectáculo).
A partir de una infrecuente puesta en escena en la que el escenario de la siempre impoluta sala Príncipe de Asturias muestra los muros que lo contienen (se quitaron patas y telones), y donde el piso está revestido de un manto de tierra que sirve de soporte y gran metáfora sobre el ámbito que habitan los personajes de la obra (los vivos, los muertos), Manaker propone la interpretación libre del imaginario propuesto: aquí no aparecen los textos como nave insigne lo que implica una gran riesgo. Por el contrario, los textos (los que están y los que no) dispararon acciones en los personajes que traen al presente la referencia más palmaria de la obra de Barrett: su confianza ciega en el hombre y en la vida como único tránsito, y su desconfianza en un dios del que descree, al tiempo que replantea cuál es el verdadero paraíso, o “la ilusión de un paraíso” posible, que bien podría ser el escenario de tierra colorada lleno de arte y complejidades que contiene al espectáculo.
Así aparecen en escena “El río invisible”, de Moralidades actuales, o el resplandeciente “El amante”, de Cuentos breves, entre otros, de mano de los personajes: un alter ego del mismísimo Barrett “maniatado” a los lugares a los que remite su propio destino y existencia (el periodista implacable, el escritor aguerrido y provocador) junto con otros que bien podrían haber salido de sus textos y que transitan la delgada línea entre la vida y la muerte.
Como gran soporte estético-escenográfico, un dibujante (el extraordinario artista plástico francés Ange Potier, quien también ilustra el libro), a modo de “escriba”, retrata a esos otros personajes descriptos por Barrett, quizás aquellos que invadieron su imaginario con la pobreza reinante a su paso por Latinoamérica, que aquí, como fantasmas, miran azorados a la platea, circunstancia que en sí misma hace las veces de gran instalación en los minutos finales y más perturbadores de Un dios que se va.
De este modo, en una constante dispersión de recuerdos y palabras anárquicas, como en un homenaje al pensamiento y a la acción del autor de El dolor paraguayo, el equipo construye un tránsito poético en movimiento, por momentos un poco borroso (críptico) y en otros pasajes algo más iluminado, pero en todo su discurrir de una enorme tensión en el espectador, apoyado por la intensidad que provoca la música interpretada en vivo con un chelo (Florencia Martinucci) y un piano (Federico Abelli), y la infrecuente entrega de quienes participan en escena.
Sucede que la experiencia de ver Un dios que se va es intransferible, incontable, porque allí están la niñez, los juegos, la ideología, la lucha, la vida y la muerte, en lo que se revela como uno de los trabajos más riesgosos de los presentados últimamente en la ciudad, y en el que Manaker consigue, desde la dirección, su producción menos atada a las convenciones y más cercana al deseo de provocar al espectador, lo que no es poco tratándose de un fenómeno vivo como es la danza-teatro, que encuentra en la provocación a uno de sus pocos e incondicionales aliados.

miércoles, 1 de junio de 2011

Esos hermosos perdedores



CRÍTICA TEATRO

Miguel Franchi dirige a Santiago Dejesús y Severo Callaci en la creación colectiva “La canción del camino viejo”, una metáfora sobre los olvidados, sobre la resistencia y sobre lo que dejaron los años 90

LA CANCIÓN DEL CAMINO VIEJO
Dramatrugia y puesta: Línea de Tres
Dirección: Miguel Franchi
Actúan: Santiago Dejesús, Severo Callaci
Sala: Cultural de Abajo, San Lorenzo y Entre Ríos,
domingos a las 19.30

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del miércoles 1º de junio de 2011)
Los años 90 dejaron huellas indelebles en cierto sector de la sociedad; el “menemato” hizo estragos no sólo a nivel económico sino también a nivel cultural, creando una supuesta cultura de ficción, acompasada por el devenir de una Argentina que, lejos de pertenecer a un apócrifo primer mundo, se hundía más y más en el tercero.
Distanciado de las grandes ciudades, el peor retrato de esa modernidad de cartón en la que un ficticio “uno a uno” dejó a tantos en el camino, estuvo (está) en aquellos a los que el sistema echó literalmente a patadas, en su mayoría, esos mismos que sabían de oficios y quehaceres manuales.
En parte con esa premisa (aunque en la puesta resuenan otros momentos del país y de su historia), el actor y director teatral Miguel Franchi, junto a los talentosos actores Santiago Dejesús y Severo Callaci, creó Línea de Tres, un iluminado proyecto artístico que junta a los grupos teatrales Katástrofa, Teatro de la Huella y El 45, y que dio como resultado La canción del camino viejo, una comedia dramática que si bien a primera vista encierra los entretelones de la cotidianeidad de dos hermanos perdidos en una vieja y polvorienta gomería de pueblo, en una segunda mirada, entrega un retrato casi expresionista de lo que dejó la política económica planificada por los cráneos de la última dictadura que luego fue puesta en práctica y “fundamentada” durante el atroz liberalismo de los años 90.
Rara mezcla de talentos artísticos ocultos y gomeros por oficio heredado, los hermanos Omar (Cuqui) y Héctor (Titi) Taboloni pasan sus días en medio de la desazón que les provoca la falta de clientes en una vieja gomería que fundó su padre en lo que, se presume, son las cercanías de un pueblo del interior. A poco de allí, el paso de una autopista y la instalación de una estación de servicios “moderna” que todo lo tiene, los dejó varados entre los recuerdos de un pasado glorioso (el del primer peronismo, y el de un padre que conoció a los hermanos Gálvez) y el dolor del presente, al que remedan apelando a un supuesto talento que Cuqui tiene para la animación de eventos, con imitaciones y canciones incluidas.
De este modo, clandestinos, tapados de tierra, dolor, recuerdos agridulces y mates fríos, los Taboloni dejan correr el tiempo entre la ansiedad y el deseo de que suene el teléfono y algo cambie. En el fondo, palpita la necesidad de salir de un lugar que, del mismo modo que los remite a una infancia feliz, los parapeta en un presente que está a punto de modificarse y donde, irremediablemente, se huele a tragedia.
Apelando a la dramaturgia de actores (aunque Franchi prefiere hablar, como en otros tiempos, y quizás por su modo de trabajo, de “creación colectiva”), la puesta se basa en la construcción de una estructura dramática que utiliza elementos del melodrama con algo del grotesco para pintar a estas dos criaturas, dos “antihéroes” que se apiadan uno del otro o se golpean con palabras de una supina crueldad.
Desde la actuación, los extraordinarios Dejesús y Calacci, que además de actores son directores de sus propios grupos y que indudablemente se posicionan entre los creadores más talentosos de la escena local de su generación, trabajan a partir de la construcción corporal de sus personajes: máscara y cuerpo accionan para dar a luz a Titi y Cuqui, dos estereotipos de los desclasados, esos mismos a los que Buñuel retrató en Los olvidados, y que en ciertos pasajes parecen escapados de un film de Leonardo Favio, en particular de Soñar, soñar, con esos otros dos “perdedores” que sueñan desde el interior con hacerse famosos en Buenos Aires.
Desde lejos (a veces desde cerca), se presume también un enemigo que acecha: uno literal, el que quiere quedarse con los despojos de la vieja gomería y de la tierra donde está implantada; otro más metafórico, el de un sistema que una y otra vez los ataca y cuestiona, algo que desde la dirección requirió de un inteligente recorte de situaciones en las que, incluso, el equipo se permite reconstruir los momentos en los que los Taboloni planifican su nueva proeza artística “salvadora”, para cumpleaños, bautismos o casamientos, en uno de los pasajes más agradecidos por el público, donde resplandece el humor.
Con relación a la puesta en escena, el equipo eligió poner a funcionar los métodos de un “teatro pobre”. Con elementos casi de descarte (chapas oxidadas, maderas, cajones), Línea de Tres construye un espacio escénico poético, idílico, presidido por un cuadro con una foto del padre junto a los hermanos Gálvez, cuyo valor simbólico será, al mismo tiempo, la salvación y el abismo.
Así, los que quedaron en el camino, los “hermosos” perdedores, esos a los que Franchi ha sabido retratar a lo largo de su vasta trayectoria en la que han convivido estoicamente ética y estética como un par dialéctico funcional a un teatro popular y de calidad, se hacen presentes una vez más en La canción del camino viejo, pero ahora son incandescentes, ponen el cuerpo y resisten. Más allá de sus ropas descoloridas o estridentes compradas en una feria, de la arrogancia de Cuqui para subirse a un escenario o de la supuesta labilidad emocional de Titi para entender lo que pasa, algo del neorrealismo italiano habita en esos cuerpos, algo fellinesco permite a la platea ver a la Twenty, la perra que sólo Titi puede ver (y entender), algo de ese dolor y esa alegría que los extingue, inevitablemente quedara plasmada en cada uno. Y acaso esa es la clave del teatro de Frachi: la emoción de un cuerpo que narra y la de otro que entiende y (a veces) se hace cargo de lo que pasa en escena.

Plumas, humor, glamour y mucho talento rosarino


CRÍTICA TEATRO Con “Revistísima”, donde se lucen los actores Gachy Roldán y Mario Vidoletti, el productor y director local Manuel Cansino, se confirma como uno de los responsables de haber devuelto el esplendor al género

REVISTÍSIMA
Dirección y producción: Manuel Cansino
Intérpretes: Gachy Roldán, Mario Vidoletti,
Ania González, Marcelo Barbosa, Mariana
Mignaco y cuerpo de baile
Sala: Mateo Booz, San Lorenzo 2243, sábados
de junio, julio y agosto, a las 21

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & La Gente, en su edición en papel del lunes 30 de mayo de 2011)
El deseo de recuperar un género como la revista, que parecía perdido en la escena rosarina, se hizo carne en el director y productor local Manuel Cansino a comienzos de la década, cuando lo trajo al presente con Re-viva la revista. Ya en el nombre de aquél espectáculo primaba la idea de recomponer un género bastardeado y desgastado por la mayoría, aunque atesorado por unos pocos, aquellos que lo hicieron grande entre las décadas del 60 y 70 en las marquesinas porteñas, porque lo que vino después fue la nada misma.
Cansino, al frente de un numeroso equipo artístico, está de regreso en la sala Mateo Booz con Revistísima, un nuevo y valioso intento por homenajear al género por el que ha mostrado interés en estos años, aunque en esta nueva propuesta primen la dinámica, y sobre todo la incuestionable profesionalidad del equipo artístico, en su gran mayoría a la altura de las circunstancias, sostenido por una importante inversión en telones y vestuario.
Con el apoyo del público que sábado a sábado acompaña las funciones desde su estreno, y con la proyección de una temporada que se extenderá hasta agosto, Revistísima puede jactarse de ser una revista bien rosarina, que no es poco. El cien por ciento del equipo es local y las cabezas de compañía, los actores y capocómicos Gachy Roldán y Mario Vidoletti, son el gran soporte de todo el espectáculo, que se complementa con ajustadísimos cuadros musicales (coreografiados por Paola Alaniz), un cuidado vestuario, la presencia de los cantantes Marcelo Barbosa y Mariana Mignaco (también media vedette y bailarina) y la belleza y el talento (un combo infrecuente dentro del género) de la primera vedette Ania González, quien sale estoica de cada una de sus proezas escénicas, sumando a su carisma y belleza incuestionables, los recursos técnicos necesarios para dotar a su performance no sólo de destreza sino también de glamour y cierto erotismo.
Montado a partir de la profusión de cuadros musicales, y mechado con el típico sketch en el que el talento de la dupla Roldán-Vidoletti se lleva los mayores aplausos de la noche, la propuesta se vale de una relectura del género. Si bien hay monólogos encarnados por la dupla protagónica (ambos verdaderamente desopilantes), no hay monólogo político (clásico del género), una elección a priori del director, del mismo modo que más allá de la presencia de la primera vedette y los cuadros danzados, Roldán tiene también su cuado musical al ritmo de la cadencia de Marilyn Monroe cantando la inolvidable “I wanna be loved by you”. Se trata de otro de los momentos más aplaudidos del show, donde una vez más, y como también pasa en el monólogo, la
actriz pone de manifiesto su incuestionable presencia escénica al tiempo que busca (y consigue) desmitificar la preponderancia de las medidas antropométricas clásicas, proponiendo un cuadro en el que sus kilos de más no le impiden el lucimiento, algo que el público también agradece.
Por el lado de los musicales, los cuadros de tango y un adagio constituyen los momentos más altos, independientemente de la corrección de los que completan el resto del espectáculo, en todos los pasajes apoyados por una pantalla gigante que, de algún modo, sirve de complemento escenográfico virtual.
La puesta se completa con la presencia del cantante Marcelo Barbosa, que más allá de su buena voz puede sostener el vínculo que de inmediato entabla con el público en cada uno de sus momentos (en particular, en un cuadro en el que remeda la estética mexicana vestido de mariachi), algo que no sucede con el humorista e imitador Hernán Coman (surgido del reality de Telefé Talento argentino), que parece no entender ni la lógica ni la dinámica de la revista con sus
poco convincentes “imitaciones” que ocupan un importante espacio dentro del show y que ralentizan su dinámica.
De todos modos, muy lejos de la mediocridad que suelen mostrar algunos de los espectáculos que “recortados y pegados” llegan a la ciudad tras su paso por Mar del Plata y/o la calle Corrientes, Revistísima es un producto de cuidada factura en el que el talento construye el cimiento de toda la propuesta, al tiempo que se revela como una de las opciones para todo público más potables de la cartelera local de cada fin de semana.

martes, 10 de mayo de 2011

Diversos, anárquicos, efímeros



BALANCE DEL VIIº FESTIVAL ARGENTINO DE DANZA - SANTA FE 2011
Del evento organizado por la Universidad Nacional del Litoral, que tuvo lugar de jueves a domingo en la capital provincial, se destacaron trabajos como “Cariño”, de Buenos Aires, y “Potosí”, de Córdoba

Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del martes 10 de mayo de 2011)

La danza ha tomado caminos diversos en la última década, algunos de los cuales se volvieron anárquicos e incluso efímeros. Una muestra de esa diversidad algo fugaz fue la reciente edición del Argentino de Danza que por cinco jornadas (de jueves a domingo) llevó adelante, como lo hace cada año, la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe (UNL), por el que pasaron propuestas de la ciudad anfitriona como así también de Rosario, Córdoba, Neuquén, Rafaela, Tucumán y Buenos Aires.
Lejos de la convocatoria que tiene el Argentino de Teatro, organizado por el mismo equipo de trabajo e institución, que tiene lugar cada noviembre, aunque con igual atractivo en relación con la calidad de los espectáculo presentados, el Argentino de Danza ofreció un recorte aleatorio aunque interesante de una docena de espectáculos tanto de sala como de calle, algunos de los cuales revelaron bordes tan difusos en relación con el teatro que ambos eventos organizados por
la UNL podrían, a futuro, fusionarse en un gran evento que agrupe, con sus respectivas caracterizaciones, tanto a la danza como al teatro, convirtiéndose de este modo en único en su tipo.
Tal como estaba programado, el Argentino de Danza finalizó el domingo último con la puesta en escena de la performance Producto argentino, con dirección del rafaelino Marcelo Allasino, que tuvo lugar en el imponente Molino Fábrica Cultural, propuesta montada por el creador del Centro Cultural La Máscara con artistas diversos que participaron del festival, cuyo montaje se desarrolló en los mismos días del evento, al tiempo que el cierre de esta séptima edición estuvo a cargo de la Compañía de Danza de la UNL producción 2011, que estrenó El mismo hilo, con dirección de la santafesina Milagros Betemps, en la Sala Maggi del Foro Cultural.
De una programación casi sin fisuras, se destacaron en las primeras dos jornadas las propuestas que llegaron desde Tucumán, Rosario y Buenos Aires. En el primer caso, el grupo La 5ª Pata, que dirige el tucumano Marcos Acevedo, ofreció Entre las piernas, un espectáculo de danza-teatro que conjuga con mucho acierto ambos lenguajes (acaso el mayor desafío de esta fusión de estéticas) para narrar lo que podría entenderse como una versión libre de la novela Carmen, de Prosper Mérimée, mundialmente conocida por la clásica ópera homónima de Georges Bizet, compuesta a fines del siglo XIX y versionada infinidad de veces, que en varios pasajes musicaliza la puesta tucumana como marco de un universo sonoro vasto y profuso (también aparecen algunos parlamentos), donde se luce la bailarina Amelia Acosta por su intensidad y entrega.
Por el lado de Rosario, la bailarina y coreógrafa Paula Manaker desembarcó en la capital provincial con Oh! Imperfecta, un trabajo compuesto por siete segmentos temáticos (o piezas breves) con fuerte presencia del soporte audiovisual, donde la creadora de Cuco trabaja sobre universos ligados a la literatura con momentos en los que la música es interpretada en vivo por una violonchelista, instancias que aportan dramaticidad a un trabajo de fuerte impronta visual y de cuidada factura, sostenido por el talento de las bailarinas Ana Varela, Yerutí García Arocena y la propia Manaker, a quienes acompaña con el chelo Florencia Martinucci a partir de la composición de la música original de Alejandra Manzur y la realización de ilustraciones y animación de Ange Potier.
El mismo viernes fue el turno de Cariño, de la bailarina y coreógrafa porteña Mayra Bonard. Surgido como un trabajo experimental dentro del Centro Cultural Ricardo Rojas que depende de la UBA, Cariño es una propuesta en la que tres actores-bailarines-cantantes despliegan un desprejuiciado y fresco abanico de recursos, mientras juegan instancias vinculadas con el amor y el deseo. Si bien el trabajo abre infinitas puertas y no cierra ninguna, ofrece pasajes mágicos que recuerdan a los primeros años de la compañía porteña El Descueve, de la que Bonard fue una de sus insignes integrantes.
Imágenes de fuerte impronta poética mixturadas con otras en las que la destreza y el talento de los intérpretes desbordan y hasta sobrepasan lo narrativo, posicionan al trabajo (actualmente en cartel en Buenos Aires) entre los más atractivos, provocadores y singulares de los presentados en el festival.

El poder, el encuentro y la nada

Tras el paso el sábado de Díptico: Apriete la teta + Potranquita adorada, de Silvina Grinberg, donde la reconocida directora porteña resignifica con contundencia el imaginario del folclore y sus estereotipos, apelando al rol de la mujer dentro de ese imaginario eminentemente machista, llegó el turno de la maravillosa Potosí, obra cordobesa de Cristian Setién, quien además baila junto a Darío Martín Rodríguez, que se presentó en Córdoba dentro del proyecto Repatriados, ámbito que agrupó obras de artistas cordobeses radicados en Europa (desde 2005, Setién vive y trabaja en Alemania).
Más allá de la excelencia a nivel coreográfico de ambos intérpretes, en Potosí, Setién trabaja sobre la temática de la dominación, planteando en el marco de un espacio cotidiano un mundo extracotidiano, en el que “domar para dominar” parece ser e l gran objetivo.
Escribe el director: “Relaciones humanas, desde el germen, sólo dos para hablar de cómo han sido los encuentros entre civilizaciones. Para hablar de cómo se vació al Cerro Rico en Potosí (Bolivia) tras la llegada de los colonizadores a América. De cómo se opacó el cerro quedando así sin su brillo ni su plata, y en esa transfusión metálica se construyó desigualdad y se dejó a tanta gente enredada entre las pisadas de los poderosos. De cómo quedaron pueblos viviendo entre los tobillos de otros que caminan, y de cómo se han adiestrado civilizaciones para servir y ser silenciadas”.
Así, por algo más de 40 minutos, Setién y Rodríguez desandan el camino a través de un relato singular, con una puesta austera y contundente, que se vale de la danza contemporánea como lenguaje, poniendo de manifiesto el altísimo valor expresivo del cuerpo, cuyo simbolismo encierra todos los análisis posibles acerca de temáticas tales como la opresión, la dominación e incluso la resignación.
Más allá de la anécdota que da origen al espectáculo acerca de cómo se vació al Cerro Rico en Potosí, famoso porque en épocas de la colonia tenía las vetas de plata más imponentes del mundo, el trabajo abre otros interrogantes, como por ejemplo entender al cuerpo como el inagotable punto de partida en la danza más allá de modas, tendencias o estilos, que aquí están puestas al servicio de una historia abierta, fragmentada y singularizada por la incuestionable presencia escénica de ambos performers.
Setién y Rodríguez, lejos de “agotar su brillo”, y más allá del silencio imperante en todo el espectáculo (independientemente de la música que acompaña algunos pasajes), dejan oír el grito de una civilización que fue silenciada a través de una síntesis ingeniosa, reflexiva y extremadamente contemporánea.

Una Carmen contemporánea



VII FESTIVAL ARGENTINO DE DANZA SANTA FE 2011

El encuentro que organiza anualmente la Universidad Nacional del Litoral comenzó el jueves y tuvo como apertura la obra “Entre las piernas”, propuesta del grupo tucumano La 5ª Pata, que dirige Marcos Acevedo


Por Miguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del domingo 8 de mayo de 2011)
La VII edición del Festival Argentino de Danza, que conjuntamente con su versión dedicada al teatro –que se realiza en noviembre–, lleva adelante anualmente la Secretaría de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), comenzó el jueves por la noche con la presentación de trabajos arribados a la ciudad de Santa Fe desde Tucumán y Neuquén, continuó el viernes con obras de Rosario y Buenos Aires, y finaliza hoy, entre otras actividades, con el estreno de Producto argentino (performance montada durante los días del encuentro con bailarines de diferentes puntos del país bajo la dirección de Marcelo Allasino), en el marco de un evento del que también participan trabajos de Rafaela y Córdoba, y que comprende tanto propuestas de sala como de calle.
“Siempre intentamos que la programación se nutra de lo que está sucediendo en la escena de la danza a nivel nacional, por eso es que invitamos a distintas provincias a participar. Es un encuentro que propicia el intercambio y el aprendizaje de la disciplina”, expresó a los medios de prensa que participan del evento Luis Novara, secretario de Cultura de la UNL.
De este modo, como pasa cada año, con la intención de hacer del festival un encuentro federal, abrió la jornada del jueves Entre las piernas, una singular versión de Carmen que bajo la dirección del actor, bailarín, coreógrafo y director Marcos Acevedo llegó desde Tucumán, para dar paso luego a las coreografías Para saber si existe el aire, de Juan Pablo Ríos; y Antropomorfia, de Leandro Kess, ambas producciones a cargo del Elenco Patagónico de Danza Contemporánea que llegó a la capital provincial desde Neuquén.
La jornada del viernes dio paso a trabajos que llegaron desde Rosario y Buenos Aires. En primer lugar, fue el turno de la obra rosarina Oh! Imperfecta, de Paula Manaker, y luego desembarcó en el Argentino la propuesta porteña Cariño, de la ex integrante de El Descueve, Mayra Bonard.

Pasión y reflexión

La puesta tucumana Entre las piernas es eminentemente un espectáculo de danza-teatro, dado que conjuga con mucho acierto ambos lenguajes para narrar lo que podría entenderse como una versión libre de la novela Carmen, de Prosper Mérimée, mundialmente conocida por la clásica ópera homónima de Georges Bizet, compuesta a fines del siglo XIX y versionada infinidad de veces, que en varios pasajes musicaliza la puesta tucumana como marco de un universo sonoro vasto y diverso. Pero, además, el espectáculo construye en paralelo un nuevo sentido latente en la pieza original, pensando al personaje, entre otras cosas, como una víctima de la violencia de género, en medio de sus arrebatados escarceos amorosos con los hombres que la cortejan y a los que seduce con su irremediable erotismo.
Así, un compendio de imágenes, desde la fragmentación tanto del lenguaje como del dispositivo escénico (compuesto a partir de proyecciones), conjugan la estructura fundante de una propuesta inquietante, que abreva en la teoría de poner en escena el deseo de libertad del personaje, algo que la bailarina y actriz Amelia Acosta, de incuestionables ductilidad y presencia escénica, consigue en cada uno de los pasajes del montaje, que completan Damián Carabajal, Hernán Lanús, Claudio Luna y Nancy Pedro, todos integrantes del grupo La 5ª Pata.
Escribió el director acerca de Entre las piernas: “El lenguaje de la danza es inequívocamente propio del universo de Carmen, y fueron las palabras quienes tuvieron que luchar por conseguir un lugar en su mundo donde prevalece la acción. Los sueños, los deseos, las emociones, los miedos conviven con ella. La pregunta es si el espejo (en este caso el escenario) devolverá la imagen que esperábamos ver”.
Por su parte, el Elenco Patagónico de Danza Contemporánea ofreció dos coreografías breves de estéticas disímiles. Se trató, en primer lugar, de Para saber si existe el aire, en la que la técnica no está puesta con algún fin narrativo sino que remite a un trabajo deliberadamente experimental acerca de los modos de apropiación del espacio. Por otra parte, en la más interesante Antropomorfia, el mismo equipo neuquino desarrolla, más allá de lo técnico, un trabajo en el que el humor y cierta ironía accionan en escena para trabajar sobre el tema de las emociones, apelando en algunos pasajes al absurdo como disparador para hablar del arte y sus alcances, y los vínculos entre lo que se narra y lo que se comprende, siempre partiendo de la tan transitada multiplicidad de sentidos que acopia el arte contemporáneo, y entendiendo la danza como un fenómeno cuyos códigos, muchas veces, dejan afuera al espectador más desafectado.

Colorido viaje murguero, entre el humor y la nostalgia




CRÓNICA MURGA. El pasado viernes por la noche, a sala llena, en el Club Sportivo América, Agarrate Catalina desplegó su particular histrionismo para presentar en Rosario “Gente común”,
su último y elogiado espectáculo, ganador de varios premios en el reciente Carnaval uruguayo

PorMiguel Passarini (Publicado en El Ciudadano & la gente, en su edición en papel del lunes 2 de mayo de 2011)

Como un hilarante integrante de un masivo grupo de autoayuda que buscaba “curarse del karma” de ser uruguayo, el histriónico Yamandú Cardozo, tras la apertura y luego del paso de Los Ladrones de Sonrisas (Bigand) y La Cotorra (Rosario), desplegó frente al micrófono un breve pero imprescindible compendio que bajo el genérico “Pequeño Catalina Ilustrado”, agrupó una serie de aclaraciones y modismos que permitirían a los presentes interpretar mejor Gente común, un espectáculo maravilloso.
Se trata de la última osadía escénica de la murga uruguaya Agarrate Catalina, ganadora del último Carnaval del vecino país, que el último viernes por la noche colmó las instalaciones del Club Sportivo América y con la que el grupo festeja su primera década de vida y los premios ganados en el reciente Carnaval, un hecho que amerita la “pizarreada” (término uruguayo equivalente al argentino “agrandarse”) de toda la compañía.
Antes del comienzo del show, la boletería agotada y los tamboriles sonando, hacían presuponer una noche festiva con aires futboleros, denuncia social y crítica a las instituciones, acaso los lugares más transitados de uno de los más populares géneros rioplatenses, pero La Catalina fue por más.
Así, en medio de un show marcado por el discurso político y el humor, aunque con dosis iguales de alegría y de nostalgia, la murga llenó de ritmo y color el enorme gimnasio de Tucumán al 2100 en una gala en la que el predio fue “bautizado” como el primer tablado rosarino.
Lejos de algunas de las pretensiones filosóficas que marcaron trabajos anteriores tales como El corso del ser humano, El viaje y Civilización, los tres últimos de la agrupación, aunque sin perder profundidad y reflexión en su entramado, el espectáculo que llevan adelante los hermanos Yamandú y Tabaré Cardozo al frente de un equipo de más de veinte artistas, es el más renovador de Agarrate Catalina de los conocidos a la fecha, y quizás allí radique el impacto que implicó su presentación en Uruguay.
Por un lado, porque desde la pretensión de acercar la propuesta al público, el discurso de la murga, por el llano y con las palabras más comunes, adquiere un vuelo inesperado: política, fútbol y problemáticas sociales compartidas por toda Latinoamérica, como la arbitrariedades del reparto de la riqueza o la pobreza como generadora de violencia, marcan a fuego la propuesta de la murga que sabiamente acomoda sus denuncias en medio de las jugosas canciones, con letra y música especialmente compuesta para la ocasión. Por otra parte, la estética y puesta en escena del espectáculo más aclamado de los tablados uruguayos del reciente verano, pone distancia de la conocida a la fecha: del lado del vestuario y maquillaje, los brocatos y sedas de “profundo carmesí” recuerdan mucho a los utilizados por la Comedia del Arte (lo que se revela como un homenaje a uno de los orígenes de la estética murguera), sumado a dispositivos que permiten con mínimos cambios o accesorios dar forma a los personajes que van transitando cada tramo.
Aunque el mayor capital de toda la propuesta está en el recorrido por los mundos más “comunes” que transita la performance a nivel ideológico. Desde el paródico análisis del primer año de gobierno de José Pepe Mujica de manos de la murga “más oficialista” del Carnaval uruguayo en el que brilla la fina ironía, pasando por los conflictos sociales que marcaron a fuego la vida de los vecinos en igual lapso de tiempo, los “singulares” veraneantes argentinos en Cabo Polonio, el último Mundial de Fútbol (en el que la Selección de Uruguay se quedó con el cuarto puesto) y hasta las contradictorias digresiones de los dogmas familiares, para terminar metiéndose con la Iglesia, el espectáculo se vuelve irremediablemente divertido, y al mismo tiempo, mordaz e incisivo.
Con Tabaré Cardozo como director, quien junto con su hermano Yamandú compuso las letras de las canciones, Gente comúntransita pasajes tan festivos como el del Coro de las Hermanas Catalinas, para contar la historia de los verdaderos “placeres” del padre Atilio, o los de una familia que traduce su impronta xenófoba en bondad y buenaventuraza, para pasar a otros, esos de las vidas “más comunes”, las de los solitarios como espectros, en los cuales “El cuplé de la violencia” se erige como uno de los pasajes más reveladores tanto a nivel discursivo como de puesta en escena.
Como todo lo bueno termina rápido, luego de algo más de una hora de show, cuando pasadas las 23 llegó la hora de los bises, los estrepitosos aplausos iban por más y los presentes ni siquiera imaginaban abandonar el recinto. El primer regalo fue un extraordinario solo de bombo, redoblante y platillos. Luego, la generosidad de los uruguayos determinó la convocatoria al escenario de sus colegas argentinos (Los Ladrones de Sonrisas y La Cotorra), quienes a modo de
soporte habían abierto la jornada. Ya era hora de la retirada. Como en pleno Carnaval, bajaron del tablado todos juntos para terminar tocando en la vereda y en la calle. El frío que marcó la inestable noche del viernes no se sintió, la hermandad uruguayoargentina, una vez más, dijo presente. Ahora sólo habrá que esperar a que la profusa gira que en un enorme “motorhome” los lleva a recorrer miles de kilómetros regalando su arte maravilloso, los traiga de regreso.