“Para nosotros, los del teatro, es importante regresar a Shakespeare por un momento. Después, volver a hacer nuestras propias cosas dándonos cuenta de que nada de lo que podamos hacer podrá llegar a ser tan bueno. Este sentido de la perspectiva no es desalentador, es una inspiración”.



Peter Brook




sábado, 3 de julio de 2010

El tránsito de un hombre común convertido en asesino serial


WALTER OPERTO DIRIGE “MATÉ A UN TIPO”, DE DANIEL DALMARONI, QUE SE CONOCE ESTA NOCHE, A LAS 21.30, EN EL CENTRO CULTURAL LA NAVE

Por Miguel Passarini
Daniel Dalmaroni, dramaturgo y escritor platense que en los últimos años ha encontrado en el teatro independiente argentino un lugar de privilegio (en este momento, tres obras suyas conviven en la cartelera porteña), comenzará finalmente a ser conocido en Rosario, a partir del estreno de esta noche de Maté a un tipo, junto con Una tragedia argentina (http://puroteatrorosario.blogspot.com/2010/04/final-de-una-familia-carnicera.html), dos de sus textos más representados.
De la mano del director Walter Operto, al frente de un elenco integrado por actores debutantes surgidos del taller Losdemedina (de Oscar Medina), la obra se presentará los sábados, a las 21.30, en el Centro Cultural La Nave (San Lorenzo 1383).
Con las actuaciones de Enrique Marín, Romina Zencich, Leonela Frezotti y Javier Fernández, Maté a un tipo muestra a un hombre en lo cotidiano de su hogar, quien le confiesa a su mujer que ha matado. Lo que aparentemente es un hecho único, producto de un impulso, de un momento de locura, se transformará en un hecho cotidiano. Su esposa, quien hace lo posible para “alejarlo del crimen”, se verá transformada en su principal encubridora. La compulsión homicida del esposo encuentra “contención familiar” en su mujer, pero finalmente, todos caerán en su furor asesino. “A través de un humor del color más oscuro, la obra nos lleva por los laberintos del matrimonio y nos muestra hasta dónde es capaz la familia de encubrir los horrores más terribles”, adelanta Operto en el parte de prensa.
“De algún modo, sentimos que es el dramaturgo del momento por la repercusión que está teniendo su obra, a la que llegué por leer críticas y por recomendación de Ricardo Monti, quien fue su maestro. Después de comprar un libro con sus obras, me interesó ésta porque, precisamente, está muy lejos de lo que yo escribo, que está más ligado al teatro político. Creo que lo que más me atrapó es esto que se califica como «humor negrísimo», y que caracteriza toda su producción dramática”, contó Operto en diálogo con el diario El Ciudadano, quien adelantó que Daniel Dalmaroni estará esta noche en Rosario para el estreno de su obra en la ciudad.
“Creo que uno de los aspectos que también me generó interés es que la obra trabaja sobre una problemática de familia, más allá de que lo que desencadena el conflicto sea un hecho delictivo, una muerte. Es la historia de un hombre común que se convierte en un asesino serial, independientemente de que en el fondo de su conciencia, crea que si bien mata a personas, no es un asesino. En ese sentido, la obra es muy interesante, sobre todo en este momento donde el tema de la inseguridad está tan presente en la realidad cotidiana”, expresó Operto acerca de una pieza que, en cierto modo, responde desde lo estético a una especie de nuevo grotesco argentino.
“Del mismo modo –concluyó el director–, es un gran desafío para nosotros como creadores poder contar esta historia en escena que es más cinematográfica que teatral; poder exponer la complicidad de la mujer y de la hija que empieza a colaborar, jugar con estos elementos que en principio nos daban risa, pero que después nos llevó a preguntarnos de qué nos reímos. Estamos preocupados por lo que pueda pasarle al público con una historia y un personaje que llega, incluso, a «matar» en escena”.

El autor

Daniel Dalmaroni nació en La Plata en 1961 y reside hace varios años en la ciudad de Buenos Aires. Es autor de la obras teatrales Burkina Faso, New York, Una tragedia argentina, Cuando te mueras del todo, Maté a un tipo, La vida de los demás, Las malditas, El secuestro de Isabelita, Los opas, Como blanca diosa, Lucha libre y Splatter rojo sangre. Ha obtenido los premios Estrella de Mar – Argentores (2008); Tercer Premio Municipal de Dramaturgia (bienio 2002/2003) y menciones especiales del Fondo Nacional de las Artes (2003) y el Concurso Nacional de Teatro de Humor (2006). Además es narrador y guionista y se ha desempeñado como director teatral, docente y periodista. Como guionista ha escrito, junto a Erika Halvorsen, la cibernovela Amanda O, producida por Dori Media Group, con Natalia Oreiro y Luciano Castro. Ha publicado parte de su obra dramática en 2006 por la Editorial Corregidor y la novela Yo lo toqué a Karadagián (1999, Ediciones Último Reino). Sus obras han sido representadas en más de 15 ciudades de la Argentina y en España, Ecuador y Uruguay. Su obra dramática está traducida al inglés y al portugués.


"La danza me ha salvado"



CONMEMORACIÓN.

La bailarina y coreógrafa rosarina Cristina Prates habla de Seisenpunto, grupo de danza-teatro que, con una función de “Dolce far niente”, comienza a festejar esta noche, a las 21, en la sala municipal La Comedia y con entrada gratuita, sus 30 años de vasta trayectoria



Por Miguel Passarini

Un espacio de pura creación, siempre de puertas abiertas, con gente que pasó, se quedó o partió a conquistar otros horizontes. Se trata de una descripción (entre tantas posibles) de las particularidades del grupo de danza-teatro rosarino Seisenpunto, que comienza hoy con los festejos de sus tres décadas de historia, en las que brillan una serie de propuestas que transitaron estéticas y lenguajes en los que la experimentación se revela como uno de los rasgos característicos.

El próximo lunes se cumplirán exactamente 30 años desde que las bailarinas y coreógrafas locales Cristina Prates y Ruth Paccotti crearan el grupo Danza Contemporánea de Rosario, que con el correr del tiempo se transformaría en Seisenpunto, el mayor referente rosarino en materia de danza-teatro. Pero esta noche, en conmemoración del tiempo transcurrido, el grupo que lleva adelante Cristina Prates ofrecerá una función gratuita de su último espectáculo, Dolce far niente, a las 21, en La Comedia (Mitre y Ricardone). Un poco antes, un video recorrerá los 30 años de producción: “Las imágenes del principio serán fotos, porque de esos años tenemos algún material en Super 8; pasó tanto tiempo… y acá estamos, seguimos trabajando”, contó Prates en diálogo con el diario El Ciudadano.

Desde Música para alegrías y tristezas, de 1980, hasta el estreno de Dolce far niente del año pasado, “una reflexión, un canto, al ocio, «al dulce no hacer nada»”, según detalla el parte de prensa acerca del espectáculo del que participan María Rosa Mognaschi, Yerutí García Arocena, Lorena Concari y Diego Ullúa, con música de, entre otros, Schubert y Claudio Bolzani, más de veinte propuestas han marcado las diferentes etapas del grupo, cada una con sus características, cada una con su gente, cada una con las referencias propias de un grupo marcado por la diversidad, la buena onda, un profundo sentido del humor y un particular interés por el rol de la mujer.

“Estamos muy contentos con el festejo, porque es mucho tiempo el que ha pasado y nunca paramos. En aquellos primeros años, en esas primeras fotos, nos vemos todos tan jóvenes que es verdaderamente muy fuerte: la verdad es que me parece mentira que haya pasado tanto tiempo, porque uno va trabajando, se van pasando los años, y hasta que no llega un momento como este, no te das cuenta. Es muy gratificante el reconocimiento de las generaciones nuevas que vienen y te dicen: «Prates, mirá todo lo que hiciste». Uno hace todo el tiempo y seguiremos haciendo, porque por el momento no pienso en el retiro. Además, me emociona mucho el cariño de la gente, de un público que conoce nuestra producción y que nos sigue desde hace muchos años”, relató la coreógrafa.

Cristina Prates reflexionó acerca de lo que hubiese sido su vida alejada de la danza, una elección que hizo siendo muy joven. “Creo que no podría haber vivido, pienso qué hubiera sido de mi vida si hubiese terminado la carrera de abogacía; si hubiese sido abogada, no hubiese sido nunca tan feliz, porque la danza me ha salvado de muchas cosas, y no sólo hablo de este grupo, sino también de los talleres de la Escuela de Danza Nigelia Soria, que cumplió veinte años en 2009. La creación con estos grupos de trabajo son momentos de mucha alegría, de felicidad, y a mí me gusta trabajar, me gusta estar ensayando en mi taller, me gusta hacer”, contó la directora, quien reconoció que las limitaciones técnicas y económicas han incentivado siempre el ingenio: “Es verdad que las limitaciones agudizan la creatividad. Hay gente afuera que tiene unos espacios impresionantes y presupuestos, y no hacen grandes cosas. Siempre que pienso en las limitaciones, me acuerdo de la época del proceso: hacíamos cosas buenísimas, muy osadas para lo que estaba pasando; bueno, esa era una manera de transgredir. Me viene a la cabeza un libro sobre la creación que se llama Free play (de Stephen Nachmanovitch), donde se explica cómo los límites te ayudan a creador cosas, porque de un modo u otro, todos somos limitados y a esos limites hay que empujarlos”.

Respecto de Dolce far niente, espectáculo que sigue a propuestas como Vi luz y subí (1992), Manchas de aceite violeta (1996), Rojo (1996, nueva versión 2002), Cuatro cuartos (1999), In corpore sano (2001) y El jardín que ruge (2006), expresó la bailarina: “Fue una idea que me vino a la cabeza porque yo estoy en un momento de mi vida en el que le dedico tiempo al ocio creativo: el ocio te ayuda a reflexionar, es «el parar un poco». El ocio es ponerse a pensar; además, algo que decimos en la obra, es que uno reflexiona cuando está ocioso, cuando tiene un tiempo para descansar, del mismo modo que los sueños, que aparecen cuando uno descansa”.

Respecto del modo de trabajo, Prates dijo finalmente: “La circularidad de roles es una marca del grupo, y más allá de que una coreografía pueda partir de una idea mía, cada uno aporta lo suyo en función de las improvisaciones, donde aparecen los textos y a partir de eso se improvisa. Por ejemplo: muchos de los textos de este espectáculo fueron extraídos de conversaciones del grupo sobre el tema y hay cosas de Lucio Anneo Séneca. Después cada uno habló y acercó lo suyo desde su entorno: lo que decían las abuelas, los amigos o mi viejo, está en la obra de algún modo, que es un poco lo que dice todo el mundo respecto del descanso y el placer”.

miércoles, 30 de junio de 2010

De matones y pusilánimes



La Saga Teatral Argentina Arde se presenta en una nueva versión, los sábados, a las 22, en La Morada (San Martín 771). Se trata de un proyecto conformado por cuatro obras que tienen continuidad, a modo de miniserie teatral o teatro capitulado. Durante el año 2008 se estrenaron los dos primeros capítulos: “El secreto” y “La transa”, en el año 2009 “La timba”, y en agosto de este año se conocerá el capítulo final de la saga. Si bien cada una de las obras o capítulos desarrollan una historia que cierra en sí misma, el espectador que asista a las cuatro obras podrá conocer la totalidad de la saga teatral, por lo que antes del estreno de la parte final se reestrenaron las tres primeras obras en una versión reducida, para que puedan ser vistas el mismo día en diferentes espacios. En las tres propuestas, que pueden verse los sábados, actúan Juan Pablo Yevoli, Gustavo Sacconi, Maximiliano Fonseca, Mecha Nuñez, Adriana Sánchez, Mayra Sánchez y Claudio Danterre, con dramaturgia de Juan Pablo Giordano y dirección general y puesta en escena de Pablo Fossa.
Lo que sigue es una reseña de las dos primeras partes de la saga.



Por Miguel Passarini
La distorsión de la realidad histórica, o bien la construcción de una especie de “realidad teatral” y paralela que responde a un orden que toma elementos de esa realidad histórica y los transforma (el teatro de Ricardo Bartis y Pompeyo Audivert son claros ejemplos de esta variable), son los ejes por los cuales discurren las problemáticas del proyecto Argentina arde, una atractiva creación que agrupó en un comienzo “El secreto” y “La transa”, estrenadas en 2008, y que continuó en 2009 con la presentación de “La timba”, tercera parte de una teatralogía que verá su fin este año con el estreno de un nuevo espectáculo.
El proyecto, conocido en la sala La Morada bajo la dirección y puesta en escena de Pablo Fossa (Madagascar), que también participó de la programación del Argentino de Teatro que se realiza en Santa Fe y en el Festival de Teatro del Mercosur 2009, toma el formato de saga teatral capitulada (como otras que se conocieron en Buenos Aires, aunque esta es la primera que se estrenó en la ciudad), y juega entre la hilaridad y la tragedia, entre el humor patético tan propio de Roberto Arlt y la desazón y la tristeza de los personajes y situaciones familiares de Florencio Sánchez.
En “El secreto”, una familia, los González, parecen haber “arreglado” el casamiento de la joven María Esther. Todos esperan sacar algo de esa boda convenida, todos parecen estar agazapados a la espera de la presa que será despellejada incluso por Ana, la madre de la muchacha, que guarda el secreto en cuestión. Una familia “cristiana” (así lo confirma un recoleto oratorio), la contradicción que enardece, un cuadro familiar en el que la argentinidad impresiona. En el medio, tres personajes que llegan: Gregorio, el candidato a casarse, y dos amigos, dos matones pusilánimes y viejos conocidos, José Pérez, El Brujo (una caricatura de José López Rega, el fatídico Brujo, que fuera el secretario privado de Juan Perón), otro pretendiente de María Esther, y Máximo Necio, que busca saldar con Gregorio una deuda del pasado, quizás de la infancia.
El mayor logro de esta primera parte de la saga (aunque se sostienen en forma unitaria, se recomienda la visión conjunta de ambas obras) es el personaje que completa y contempla la historia, recreado con su habitual solvencia por Claudio Danterre. Se trata del hermano de la madre de María Esther, que actúa a modo de bisagra. Desde la quietud, sentado frente a una vieja radio de las del tipo Capilla por la que se escucharán los ecos de la Revolución Libertadora de mediados de los 50, vigila a los demás al mismo tiempo que los intimida, habla poco, mira, silencia. Lo que queda es una triste postal de la clase media argentina, esa que fue construida en base al juego de opuestos peronismo-antiperonismo, a la radicalización de las ideologías, acaso la génesis del país tal como se lo ve hoy.
Acto seguido llega el turno de “La transa”, con El Brujo y María Esther fagocitándose en el marco de una convivencia imposible, a puertas cerradas y a los golpes. Ella, lejos de Gregorio, escapada de su casa y sospechada de traicionar al Brujo con un amante, él, arreglando los asuntos que mantiene pendientes con algunos funcionarios del gobierno, entre ellos Máximo Necio, que ahora trabaja en el Ministerio del Interior.
Una reunión de “amigos” en circunstancias poco felices, la suma de varios engaños, tanto públicos como privados, y el desconcierto de aquellos que detentan el poder pero que apenas son eslabones de una larga cadena en la que prevalecen las contradicciones y la confusión, al tiempo que el rédito queda siempre en manos de otros.
Es en esta segunda parte donde el humor gana terreno y se llena de guiños al público. Los ajustados trabajos de los tres actores construyen pasajes forjados en base a la hilaridad, aunque se trata de un humor cruel, patético, de seres desintegrados, desesperados y dispuestos a la salvación individual o bien a la aparición de una salvación milagrosa, otro rasgo que los acerca a la esencia del ser nacional en todo su esplendor.
Desde la dirección, Fossa acierta en todo el proyecto al poner atención en una estética que, aunque transitada, es al mismo tiempo una fuente inagotable de inspiración, que sirve para preguntarse si aquello que da risa, esa especie de ironía dolorosa y siniestra de un país que ha debido padecer una clase dirigente artera y negociadora de sus propios intereses, no debería forzar una reflexión que hoy se vuelve imprescindible. Argentina arde, tal como lo adelanta el grupo en el programa de mano, plantea “la percepción de un país que eternamente está por ganar un mundial o que será destacado en algo”. Y allí radica la metáfora más reveladora de esta propuesta: un país que se jugará hasta el límite y que podrá ganar o perder, como dice el tango, “por una cabeza”. Sólo basta mirar hacia atrás y ver que en la Argentina de hoy, que sigue “ardiendo” como la de los 50, los partidos definidos “por una cabeza” son moneda corriente.

FTR2010, imperdible!


Lo que sigue es la programación del Festival de Teatro Rafaela 2010. Si pueden, no se lo pierdan, es una ciudad y una gente maravillosa y lo que pasa allí en esos cinco días es mágico.


Programación oficial por día
Además de las funciones oficiales, se programan otras funciones de los espectáculos
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Miércoles 14 de Julio
Desfile Apertura
17:30 . Avenida Santa Fe

Acto de apertura
18:30 . Teatro Lasserre

Fulanos “alguien, alguno, nadie, ninguno”
De Gerardo Hochman, Teresa Duggan y Eduardo Zvetelman . La Arena . Buenos Aires
19:00 Teatro Lasserre

Un hueco
De Juan Pablo Gómez . Compañía Un hueco . Buenos Aires
20:30 Club Atlético de Rafaela . Vestuario Visitante *

Carnes Tolendas, Retrato escénico de un travesti
PROGRAMA INT PRESENTA
De María Palacios y Camila Sosa Villada . Banquete escénico . Córdoba
21:30 Centro Cultural Municipal . Sala Sociedad Italiana

Espamento Mamushka
ESTRENO COPRODUCCION FTR10
De Ramiro Rodríguez . Los niños de Foxrock . Rafaela
23:00 Centro Cultural La Máscara *

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Jueves 15 de Julio
Dionisos Aut
PROGRAMA INT PRESENTA
De Aldo El-Jatib . Grupo Laboratorio de Teatro “El Rayo Misterioso” . Rosario
20:00 Centro Cultural Municipal . Sala Sociedad Italiana

Un poyo rojo
De Hermes Gaido, Nicolás Poggi y Luciano Rosso . Compañía Un poyo rojo . Buenos Aires
21:30 Teatro Lasserre

Medieval
De Gonzalo Marull . Córdoba
23:00 Centro Cultural La Máscara *

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Viernes 16 de Julio
Fanto
ESTRENO COPRODUCCION FTR10
De Santiago Alassia . En Alaska . Rafaela
20:00 Centro Cultural Municipal . Sala Sociedad Italiana *

Casicapresse
De Alba Alfonsina Iruzubieta . Naná y Tomate . Buenos Aires
21:30 Teatro Lasserre

El estado de la neutra
De Jimena Sivila Soza . Pupila Cero . San Salvador de Jujuy
23:00 Centro Cultural La Máscara *


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Sábado 17 de Julio
Patologías
De Cía. De Teatro y Circo Pato Mojado . Rosario
17:00 Vecinal Barrio Pizzurno * ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

The Victory to La Madrecita
De Mónica Cabrera . The Cabrera’s Company . Buenos Aires
20:00 Centro Cultural Municipal . Sala Sociedad Italiana *

Teruel y la continuidad del sueño
PROGRAMA INT PRESENTA
De Manuel Santos Iñurrieta . El bachín teatro . Buenos Aires
21:30 Teatro Lasserre

La gracia
De Lautaro Vilo . Buenos Aires
23:00 Centro Cultural La Máscara *

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Domingo 18 de Julio
El circo de los Hnos. Boloño
De Aldo Villagra y Pablo Tendela . Los Hnos. Boloño y otros misterios . Rosario
17:00 Plaza 25 de Mayo * ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

Nada del amor me produce envidia
De Santiago Loza . Flor de un día . Buenos Aires
18:30 Centro Cultural La Máscara *

Sonus
PROGRAMA INT PRESENTA
De Sebastián D’addario . Kumulus Limbus . Rosario
19:30 Teatro Lasserre

Acto de Cierre
Desconcierto Grosso
De Salvador Trapani y Esteban Sesso . Los Estrellados . Rosario
21:00 Cine Teatro Belgrano ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

martes, 15 de junio de 2010

Viejos sueños de inmigrantes


CRÍTICA TEATRO. El director Eduardo Ceballos consigue una correcta versión de “Babilonia, una hora entre criados”, el grotesco clásico de Armando Discépolo, que pinta la Argentina de la década del 20 y su mundos encontrados

Texto: Armando Discépolo
Dirección: Eduardo Ceballos
Actúan: Carlos García, Nives Paschetto, Julio Chianetta, Irupé Vitali, María Borgobello, Leo Zucca, Bruno Brandoni, Juan Carlos Mac Caddon, Alejandra Aracil, Arlen Buchara y Marcelo González de Galeano
Sala: Amigos del Arte (3 de Febrero 755), sábados, a las 22

Por Miguel Passarini

Una casa de inmigrantes que “pelecharon” gracias a algunos chanchullos fue el escenario elegido por Armando Discépolo (acaso el mayor dramaturgo que haya tenido este país), para retratar con ingenio y agudeza los entretelones de aquellos que vinieron a “hacerse la América” y apenas si pudieron “parar la olla”.
Babilonia, una hora entre criados, escrita por el autor de Mateo y El organito entre las décadas del 20 y el 30 del siglo pasado, regresó hace algunas semanas a la cartelera local, esta vez de la mano de Eduardo Ceballos, quien a su vez homenajea al recordado director rosarino Pepe Costa, pionero del teatro independiente de la ciudad fallecido hace unos años, cuya versión de la misma obra y en la misma sala (de la que Ceballos participó como actor) figura entre los mejores trabajos del vasto historial del teatro independiente rosarino.
“Una hora entre criados”. Esa fue la consigna con la que Discépolo se permitió desgranar a través de un grotesco de pura cepa, y en los 60 minutos exactos que dura la obra, lo doloroso del "no pertenecer", del "no ser", del estar abajo mientras otros, arriba, les pisan la cabeza, en el contexto de dos mundos de orígenes cercanos pero irreconciliables, donde afloran lo mejor y lo peor de cada personaje, a través de parlamentos agridulces mediante los cuales, y como decía Discépolo, “por lo mismo que se ríe, se llora”.
Italianos, franceses y españoles (los criados, encargados del servicio y la cocina), viven en el subsuelo, donde pueden asumir cierta pertenencia en un lugar que no les pertenece, y donde cada uno puede desnudar sus sueños más añorados, a la vez que sus rencores más punzantes.
En ciernes, se trata de una de las obras clave del transito del sainete (el patio del conventillo) al grotesco (los interiores de las casas de inmigrantes). Casualmente o no, Ceballos, antes de estrenar Babilonia, hizo un camino parecido luego de dos largas temporadas con El conventillo de la Paloma, sainete clásico de Alberto Vaccarezza.
Babilonia, una hora entre criados es una pieza que, tanto por su valor simbólico como por su contenido real, no admite remilgos: en ella están condensados los preceptos básicos del grotesco criollo (a su vez, antesala de lo que sociólogos e historiadores rotularon mucho después como “ser nacional”), y sus parlamentos resuenan contemporáneos, en particular en esta versión que respetó a rajatabla el texto y las situaciones, más allá de que no aparezcan la totalidad de los personajes.
Sin embargo, a la puesta, que tiene momentos de gran efecto, le juega en contra la profusión de un elenco que debe resolver situaciones en un espacio demasiado pequeño como el escenario (a la italiana) de la sala Amigos del Arte, más allá de que esa limitación espacial sirva para remarcar el encierro de “los de abajo”, algo que, de todos modos, acontece en muy pocos pasajes de la puesta, acertadamente acompañada con la presencia de dos músicos en vivo. De todos modos, y como pasó con su parienta lejana Sacco y Vanzetti, la obra merecería una temporada en una sala como La Comedia, donde las escenas encontrarían un nuevo modo de componerse en un espacio menos oprimido, al tiempo que permitiría que la versión de este clásico llegue un público más masivo, porque tiene méritos para conseguirlo.
Volviendo a las singularidades del elenco, donde afloran registros de actuación que van del realismo más naturalista a un grotesco que, por momentos, transita por la cuerda floja para tentarse con la exageración e incluso con ciertos recursos del expresionismo, se acompasa con una puesta en escena en la que sí funciona el dispositivo. Si bien no es para nada novedoso, ese “abajo” contado con lujo de detalles por Discépolo, se ve claramente en la versión de Ceballos, merced al correcto trabajo de escenografía, que consigue que funcionen las dos extra escenas de la obra que son fundantes: el mundo de la cocina (la metáfora más feroz en la que se habla de la literalidad de cocinar, pero donde también se “cocinan” otras cosas) y la escalera, que conduce al comedor de la casa, donde acontece una fiesta de compromiso en una noche que complicará las vidas de los criados.
Merece destacarse dentro del elenco el talento y la presencia escénica de Carlos García quien encarna a Piccione (el jefe de cocina). Sus monólogos a público, su intensidad para resaltar lo ideológico que encierra el texto y que por momentos se diluye en el resto de los personajes, está entre lo mejor de todo el espectáculo.
Por lo demás, esta versión, que además sirve como carta de presentación a un novel grupo de actores enfrentados a otro de mayor experiencia (con sus pro y sus contras), también muestra lo irracional, la crueldad y el individualismo frente la posibilidad de una salvación conjunta, acaso una de las particularidades del texto más contundentes, que tiene sus ecos y disonancias en el presente, porque hoy, más que nunca, en el año del Bicentenario de la Patria, Babilonia se revela como la pintura más “descascarada” del viejo sueño de los inmigrantes.

viernes, 11 de junio de 2010

Un recorrido que se vuelve imprescindible


QUEDÓ INAUGURADA EN EL MUSEO DE LA MEMORIA LA MUESTRA “MADRES: LA ÚLTIMA PLAZA”, DE JORGELA ARGAÑARÁS

El jueves por la tarde, en la sede provisoria del Museo de la Memoria (Avenida del Valle y Callao), con la presencia de funcionarios entre los que se encontraban el intendente municipal Miguel Lifschitz, el director del museo Rubén Chababo, y el secretario de Cultura Horacio Ríos, quedó inaugurada la muestra de oleos y acrílicos Madres: la última plaza. Convertida en la última muestra montada en el espacio que el Museo de la Memoria ocupa en la Secretaría de Cultura municipal, antes de su traslado a su edificio definitivo en Córdoba y Moreno, la muestra de Argañarás consta de diez obras pensadas a partir de la monocromía como recurso, con pequeños detalles de color.
Las imágenes, que se corresponden con aquellas fotos de los intensos e históricos recorridos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que la memoria colectiva capitalizó como propios, son recreados por Argañarás en un recorrido que se vuelve intenso, doloroso, pero imprescindible.
Los míticos pañuelos blancos (los pañales de los hijos desaparecidos que se convirtieron en un símbolo que recorrió el mundo) parecen querer escapar de los cuadros de Argañarás, confirmando que son la síntesis perfecta de una tarea silenciosa que a más de 30 años del comienzo de la lucha de Madres y Abuelas (algunas de ellas, presentes en la inauguración), siguen generando conmoción. Imperdible.

Catálogo sobre la desolación



ESTRENO DANZA. Mañana, a partir de las 21, en la sala Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España, la bailarina y coreógrafa Paula Manaker, junto a Ana Varela y Yerutí García Arocena, baila y dirige “¡Oh! Imperfecta”, una propuesta interdisciplinaria de la que participa un profuso equipo de artistas


Por Miguel Passarini
Un “catálogo escénico” sobre la desolación dentro de una obra de danza, o viceversa. Las “huellas e impresiones” de la desolación a través de “cuadros humanos”. Son algunas de las definiciones que la bailarina y coreógrafa rosarina Paula Manaker encontró para hablar de ¡Oh! Imperfecta, un espectáculo que abrevó en el caos creativo y el desprejuicio en el cruce de lenguajes, para desembarcar en siete episodios (u obras breves) que componen un corpus que se conocerá mañana, a las 21, en la sala Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río), en una única función, antes de presentarse los domingos de julio en el teatro El Rayo (Salta 2991).
La profusa ficha técnica del espectáculo habla a las claras de la sumatoria de estéticas y lenguajes que conviven en ¡Oh! Imperfecta. A la presencia de Manaker (también directora general) se suman las bailarinas Ana Varela y Yerutí García Arocena, con la participación de la violonchelista Florencia Martinucci, la composición música original de Alejandra Manssur, la música original de la escena “El bosque”, de Aurèlian Potier; la postproducción musical de Juan Ignacio Favre, el vestuario de Cristian Ayala, la fotografía de Sebastian Friedman, la realización de video de Patricio Carroggio y la realización de ilustraciones del dibujante, ilustrador, pintor y animador francés radicado desde 2006 en Buenos Aires, Ange Potier.
“Se trata de una obra compuesta por siete piezas breves en las que exploramos diferentes impresiones sobre la desolación, o bien cómo la desolación deja en las personas algunas impresiones o huellas. La idea concreta es que son siete piezas que se presentan como si fueran «cuadro humanos», es decir que cada una de estas piezas es en sí misma un mundo particular”, contó a la directora a El Ciudadano, quien habló también de la incorporación de otros lenguajes dentro de un proyecto de danza, algo en lo que ya había incursionado en Cuco. Respecto de los “cuadros humanos”, denominados “Condenadas”, “Mundo imaginario”, “Bomba”, “Desesperada”, “El bosque”, “Carretera” y “Fiesta”, Manaker adelantó algunos detalles. “Lo de cuadros humanos tuvo que ver con hacer una puesta particular a partir de cada idea, donde no buscamos desarrollar ese mundo sino que intentamos generar una impresión, por eso trabajé mucho con la idea de la imagen, ya sea pictórica o fotográfica, y a partir de eso, abordamos cada una de las escenas. Casi podría asegurar que, en todos los casos, lo primero que apareció fue una imagen que después nos permitió pensar en una sensación, en una emoción a través de la cual esa imagen se desarrollara. Por ejemplo: la primera pieza, «Condenadas», que no casualmente es la escena que da inicio a la obra y cuya impronta constitutiva tiene mucho que ver, incluso, con el nombre del espectáculo, partió un poco de la idea mítica de poder estar en la cabeza de otro. Es la cabeza de una diosa decapitada que cuando la quieren «reconstruir», le ponen su cabeza a un cuerpo pagano, el cuerpo de una prostituta. Es a partir de esa dupla o contradicción (esa «imperfección»), que abordamos la escena fundante”, detalló Manaker, quien se inspiró, para este primer segmento, en el cuento de Margaritte Yourcenar, “Kali decapitada”.
Otros de los pasajes es “Mundo imaginario”, “pieza para bailarina múltiple” en la que el video contiene a la bailarina “como el agua al pez”, y que está inspirado en la obra expresionista de Jean Painvelé, cineasta y documentalista francés (1902-1989) que se enfocó en investigar lo desconocido sumergiendo por primera vez la cámara en el mar.
También aparecen “Bomba”, “pieza para bailarinas sobre dibujos animados”; “Desesperada”, “pieza para mujer animada, una mujer que no se detiene, una sobreviviente”; “Carretera”, pasaje que transcurre en una carretera vacía, “un lugar hostil para un cuerpo humano”, y “Fiesta”, “pieza para bailar”, inspirada en un fragmento del cuento “La gallina degollada”, de Horacio Quiroga.
“Hay, por ejemplo, una de las escenas, «El bosque», en la que estamos completamente animadas, que está inspirada en «El jardín de las delicias», del Bosco (pintor flamenco, 1450-1516, que puso a la humanidad como protagonista de sus cuadros). Es un momento encantador, donde trabajó mucho Ange (Potier), que es el animador y quien la compone. Es un pasaje absolutamente audiovisual: el espectador va a estar inmerso en ese mundo, pero es algo que responde a la impronta de todo el espectáculo, y que tiene que ver con esto de entrar a distintos mundos y poder compartirlos”.
Finalmente, la directora habló de la dualidad de estar tanto dentro como fuera del espectáculo: “Es, por muchas razones, una tarea complicada. Para mí fue algo difícil e intenso. Primero vinieron las ideas en forma desordenada, caótica, desde distintos lugares, desde los ensayos, desde los papeles escritos. Casi como una cuestión de fe, fui permitiendo que las cosas pasaran, y con el tiempo las cosas fueron madurando, encontrando su lugar, tomando consistencia; entonces, la mirada de la dirección es algo permanente pero aparece después, cuando volvés a mirar y a encontrar una lógica que quizás en una primera visión no habías percibido. Pero todo eso fue posible gracias al trabajo del equipo: creo que es un privilegio trabajar una obra de danza con un equipo tan interdisciplinario y de gente tan talentosa”.